
— Foto: Scott McDermott
In English | Hector Cortez recuerda sus opciones en la escuela secundaria Lake View High School, de Chicago: Ser un pandillero con los llamados Latin Kings u otra pandilla llamada Latin Eagle, o ser un perdedor que le entrega su dinero del almuerzo a otras pandillas.
Cortez eligió a los recios Kings, una elección que, irónicamente, lo llevó de la vida callejera hasta una universidad cristiana privada, a su ordenación como ministro bautista y a integrar la dirigencia del mundo sin fines de lucro.
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Ahora, casi cuatro décadas después de que un tutor cambiara su vida, el expandillero se dedica a cambiar la vida de los demás desde su cargo en Big Brothers Big Sisters of America, una organización nacional de tutoría con base en Philadelphia.
"Llega un momento en la vida en que cada pieza encaja en su lugar", dice el oriundo de Puerto Rico, de 55 años. "Ser jefe de Diversidad representa para mí la oportunidad de juntar mi experiencia de vida como latino y como profesional del sector sin fines de lucro".
Si bien sólo el 8 % de los tutores —llamados Big Brothers (hermanos mayores) y Big Sisters (hermanas mayores)— son latinos, más del 18 % de los jóvenes que participan de la organización pertenecen a ese grupo poblacional. En su trabajo, Cortez —quien también trabajó en Esperanza, una organización latina de base religiosa, que promueve el desarrollo de las comunidades, y para American Baptist Churches USA— supervisa a los directores nacionales de tutoría en el reclutamiento, recaudación de fondos y el planeamiento estratégico en comunidades de color. Sus objetivos: aumentar la relevancia de la organización para las comunidades latina, afroestadounidense e indígena estadounidense, y asegurar que cada niño que necesite un tutor lo consiga.
Cortez conoce por experiencia propia la importancia del tutelaje.
Cuando Cortez era un adolescente, un perseverante pastor bautista, el reverendo Modesto Lopez, reencauzó al muchacho hacia una nueva vida al centrar sus esfuerzos en sacar al "Rey latino" de la calle. "Era como un padre para él", cuenta Lopez, de 83 años. "Ahora, es un gran líder".
Al principio, para el joven e impertinente Cortez, las propuestas del ministro eran una molestia, pero luego se encariñó con él. Su propio padre había muerto a los 33 años y había dejado a una madre de 28 con seis hijos.
Lopez consiguió una beca para que Cortez asistiera al Judson College (actualmente Judson University), donde obtuvo una licenciatura en Relaciones Humanas y Antropología. El pastor ayudó al estudiante durante sus años universitarios, ofreciéndole dinero para el almuerzo, combustible y hasta arreglos del automóvil. Más adelante, Cortez obtuvo una maestría en Teología y se casó. Él y su esposa, Noemi, tienen tres hijos.
Cortez nunca olvidó las lecciones que le enseñó el Rev. Lopez. "El mayor don es darle al mundo. Él me inculcó eso con su ejemplo", señala Cortez. "Estaba fascinado por las transformaciones que lograba en mí y en los demás. Aún lo estoy".
Y aplica el ejemplo de Lopez en su propia vida, guiando a los demás por nuevos caminos.
Un ejemplo de ello es Eli Hernandez, un exconvicto que se volcó a la religión cuando conoció a Cortez en una sesión de capacitación para ministros bautistas a mediados de la década de 1990. Nuevo en su rol de pastor, Hernandez tomó a Cortez como guía. "Quería convertirme en algo parecido a Hector", cuenta Hernandez, actualmente director de Lutheran Services (Servicios Luteranos), Florida. "No habría llegado a ser líder si no hubiese sido por él".
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