In English | Yo fui el cuidador principal de mi padre en los últimos ocho años de su vida. Es una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. También fue una de las experiencias más gratificantes. Para mí, es la mejor forma de agradecer lo que hemos recibido. Significó mucho para mí el poder cuidar a mi padre, que había cuidado toda la vida de mí.
Mi experiencia no es única. Millones de personas luchan al cuidar a seres queridos que envejecen y a la vez desempeñar un trabajo, criar hijos y atender su propia salud. La exprimera dama Rosalynn Carter lo dijo mejor que nadie: "Hay solo cuatro tipos de personas en el mundo: los que han cuidado de un ser querido, los que ahora cuidan de un ser querido, los que cuidarán de un ser querido, y los que necesitarán que cuiden de ellos".
Ya que cada vez más personas viven hasta los noventa y tantos años, casi todos podemos esperar la responsabilidad de cuidar a alguien o la necesidad de que algún pariente o amigo nos cuide. Aunque no siempre se identifican como cuidadores, más de 45 millones de estadounidenses prestan algún tipo de cuidado a parientes, amigos ancianos o enfermos regularmente. Esto puede abarcar desde pagar las cuentas y llevar a papá o mamá a las citas médicas, hasta cuidados más personales, como bañarlos, vestirlos o prepararles la comida. Para muchos, lo que comienza como darle una mano a uno de sus padres pronto se convierte en un trabajo a tiempo completo.
Los primeros a quienes recurrimos son a nuestros familiares. Es un hecho que la ayuda a los familiares es el eje de los cuidados a largo plazo en este país, con la asombrosa suma de $450 mil millones en atención que no es remunerada todos los años. Pero la mayoría de las familias no están preparadas para el día en que un familiar necesite cuidado personal. La mayoría ni siquiera sabe qué tareas forman parte de esos cuidados, ni qué preguntas hacer, mucho menos con qué asistencia se puede contar.
Más del 40 % de los cuidadores que son miembros de la familia piensa que no tuvieron más opción que asumir ese papel. Cuidar a un adulto puede producir temor, frustración y, a veces, abrumar al individuo. Hay tanto con que luchar y tanta emoción en la experiencia. La presión y el tiempo que conlleva pueden afectar la salud y las finanzas del cuidador, que a veces aplaza sus propias visitas al médico, recurre a sus ahorros, reduce su actividad física y recorta sus horas de trabajo. Sintiéndose aislados y solos, los cuidadores suelen buscar consuelo, seguridad y apoyo de otros que están en una situación parecida.
Pero no es fácil encontrar los recursos y la información necesaria, conectarse con expertos y organizaciones y navegar el mundo desconocido de la prestación de cuidados.
En AARP abordamos este problema al desarrollar el Centro de Recursos para Cuidadores de AARP, cuyo objetivo es ser una fuente esencial donde los cuidadores puedan encontrar especialistas, consejos, agencias locales y la información que necesitan. Y hay más. En el Centro de Recursos, los cuidadores se pueden comunicar con otros cuidadores. Colaboramos con el Advertising Council (Consejo de Publicidad) para dar a conocer este valiosísimo recurso.
Queremos ofrecer recursos y apoyo a estas personas entregadas a la estresante y bondadosa tarea de cuidar de otros. Usted no está solo. Millones de personas han experimentado los desafíos —y las satisfacciones— que usted encara. Lo exhorto a que visite el Centro de Recursos para Cuidadores de AARP en aarp.org/caregiving. Queremos ayudarlo facilitándole los medios para que pueda dar a su ser querido la mejor atención posible.








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