In English | A los 83 años, Walter Bahr se ha convertido en el favorito de los medios por el gol que anotó en un partido de fútbol hace 60 años.
En junio de 1950, con sólo 23 años, el profesor de educación física de escuela secundaria, de Filadelfia, condujo al equipo de Estados Unidos a la victoria por 1 a 0 sobre el poderoso equipo de Inglaterra en la Copa Mundial. El historiador de fútbol Clemente Angelo Lisi se refirió a ese juego como “la mayor sorpresa de una Copa Mundial y, tal vez, de toda la historia del deporte estadounidense".
Pero pocas personas en Estados Unidos se enteraron en aquel entonces, y a muy pocos les importaba. “El 99% de los estadounidenses no sabían nada de fútbol”, comenta Walter Bahr, que actualmente vive en Boalsburg, Pensilvania.
Hoy, el deporte cuenta con su propio canal de cable, y los niños estadounidenses al parecer reciben una pelota de fútbol y se los asigna a un equipo juvenil local desde su nacimiento. Con un sólido equipo estadounidense listo para enfrentar a Inglaterra en la primera ronda de la Copa Mundial 2010, este 12 de junio, en Sudáfrica, finalmente le están prestando atención a Walter Bahr después de tanto tiempo.
“Me hice famoso siendo ya bien mayor”, comenta Bahr de manera rotunda, y señala que ha dado más de 50 entrevistas en los últimos meses.
Los que tienen relación con el fútbol estadounidense conocen a Bahr no sólo por su rol en el histórico juego de 1950, sino, también, como miembro del equipo Olímpico de Estados Unidos de 1948. Más tarde, fue entrenador en Temple y Penn State, y guió a los Nittany Lions a 12 torneos de la NCAA en 16 años. En 1976, fue nombrado para ingresar al Salón de la Fama del Fútbol Nacional donde es citado como "uno de los mejores jugadores de fútbol estadounidenses de todos los tiempos”. Bahr hizo su ingreso al Salón de la Fama de la National Soccer Coaches Association of America (Asociación Nacional de Entrenadores de Fútbol de Estados Unidos) 19 años después.
Se jubiló cuando trabajaba para Penn State, en 1988. Desde entonces, como muchos otros adultos mayores, Bahr, abuelo de ocho nietos, ha visto más partidos de fútbol que los que jugó en su juventud. Las cosas eran muy diferentes en su infancia. Nacido en el área Kensington de Filadelfia, Bahr aprendió el deporte de los inmigrantes ingleses y alemanes de su vecindario, quienes trabajaban en fábricas textiles y traían el fútbol con ellos —su fútbol— desde Europa, y creaban clubes como en el que jugaba Bahr en su juventud, el Lighthouse Boys Club. En total contraste con los padres de la actualidad, el papá de Bahr, comerciante textil, nunca vio jugar a su hijo.
“Así eran las cosas en ese entonces —comenta Bahr—. Los chicos jugaban; los padres trabajaban”.
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