Criada entre Suiza, Inglaterra y California, la escritora Carolina De Robertis creció sin conocer la tierra de sus padres uruguayos, excepto por las historias familiares que le contaban. Su inquietud por sus orígenes le llevó a escribir su primera novela, The Invisible Mountain (2009, Vintage Books), un éxito de ventas en Estados Unidos, donde la novela acaba de aparecer en español.
“Es como si el libro estuviera volviendo a casa finalmente”, expresa De Robertis desde su hogar en Oakland, California. “El español es el idioma de mis huesos y de mi corazón, pero el inglés es el idioma más parte de mi cerebro”.
De Robertis, –madre de un hijo de año y medio, y casada con una mujer– dedicó ocho años a escribir la novela. La autora se inspiró en su propia familia y en las de más de mil historias de abuso que escuchó en un centro de ayuda a mujeres inmigrantes que ella fundó dentro de la organización Bay Area Women Against Rape. “La escritura es una manera –espero– de seguir mejorando la sociedad”, dice.
¿Cuál fue la primera imagen o idea con que empezó a trabajar?
Una, el legado de mi abuela, que era poeta. Yo trataba de imaginar lo que era tratar de ser poeta en esa época, y tener enfermedades que nadie podía reconocer. A mi abuela se le paralizaban las piernas y había gente que decía, “bueno, ella es loca”. Cuando le dieron pastillas de azúcar ella pudo caminar, y el doctor que la curó se casó con ella y es mi abuelo. Dos, la imagen de una tupamara amiga del colegio de mi mamá que salió de la cárcel después de 14 años. Yo tenía 10 años y mis papás no me habían contado casi nada de la dictadura. Ésa es una raíz ajena pero de repente la sentí de una manera muy profunda, viendo el dolor de mi madre y deseando de entender lo que pasó con su generación.
En lo que me acaba de contar se reconoce el origen de Eva y de Salomé. ¿De dónde sale Pajarita, la matriarca de la familia?
La idea de Pajarita sale de una bisabuela mía.. Ella venía del campo; de adolescente se casó con un inmigrante italiano que trabajaba con un carnaval. El caso es que de la historia familiar uno recibe solamente pedacitos: una línea aquí, un parrafito allá, y todos tenemos un cuento así, cortito, con muchísimos agujeros. Crear una obra de ficción alrededor de eso requiere inventar muchísimas cosas, porque es la única manera de crear un mundo completo.
También es un poco la gran novela de Montevideo.
Creo que sí, que yo vuelvo y vuelvo a Montevideo en este libro, y que este libro es mi carta de amor a esta ciudad en la que es muy fácil sentirse en casa, porque es ciudad pero se siente como una aldea.
En su libro hay varios milagros: un cura que muere por el olor de una fruta y pájaros que mandan mensajes. ¿Influencia del realismo mágico o Uruguay es un lugar mágico?
Yo siento que Uruguay es un lugar mágico, sin duda. No sé cuánto de esto es mi nostalgia de herencia, o porque veo a Uruguay con los ojos del amor. También no hay duda que tengo influencias del realismo mágico. No me preocupo mucho por eso porque creo que la literatura es una familia internacional, y el realismo mágico es un movimiento internacional también. Gabriel García Márquez tuvo muchísima influencia de Franz Kafka y no decimos que Kafka escribe realismo mágico, a pesar de que tiene este hombre que se despierta como un insecto en La Metamorfosis. Si eso no es magia, no sé qué es magia.
Hay algunos uruguayismos en el texto: vos, tá, che. ¿Usted controló la traducción?
Sí, eso fue importantísimo para mí, y los editores fueron magníficos conmigo. Yo lo repasé con dos amigos criados en Uruguay que me ayudaron muchísimo en los diálogos.
Está preparando otro libro sobre desaparecidos en Argentina.
Sí, yo tenía deseos de escribir de la generación que nació bajo las dictaduras suramericanas de los años 70, mi generación. Trata de una muchacha criada por un militar argentino, que descubre el fantasma de un desaparecido en su casa. Ella empieza a tener conversación con él y a enfrentar al pasado del país, de su padre militar, y su propio pasado, sus orígenes secretos.
¿Cómo su experiencia de ayuda a mujeres inmigrantes en California se refleja en su obra?
Yo empecé a trabajar a los 23 años en un centro de crisis con personas violadas, la mayoría mujeres pero también hombres, en el área de la bahía [de San Francisco]. Este centro no tenía ningún servicio en español, y yo creé un programa para latinos para asegurarme que podían tener consejería y apoyo si, por ejemplo, querían hacer una denuncia a la policía. En 5 años, escuché a más de mil personas hablando de sus experiencias traumáticas. Y esto me enseñó tanto, no solamente sobre la violación y el trauma, sino también sobre la fortaleza y el espíritu humano. Me inspiraron mucho. Eso ha sido imprescindible para escribir La montaña invisible. También he trabajado por muchos años con una organización que se llama Mujeres Activas y Unidas que es para mujeres inmigrantes de bajo ingreso. Además, una parte del ingreso del libro lo he donado a una organización en Uruguay que se dedica a mujeres y niños.
Está casada con una mujer. ¿Influyó esta experiencia en el libro?
Creo que el tener una sexualidad alternativa y un matrimonio alternativo han sido una influencia. En el empeño de Eva en ser poeta o el camino de Salomé de ser tupamara; en cualquier momento en que un personaje sigue su camino en contra de lo que aceptaría la sociedad, creo que mi experiencia personal está un poco presente













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