Argo demuestra simultáneamente dos verdades contradictorias. Primero, que la realidad puede ser más increíble que la ficción; y segundo, que la realidad nunca será suficiente para que Hollywood la convierta en ficción. La trama de la película Argo es tan descabellada que de no saber uno que está basada en hechos reales, nadie la tomaría en serio. Este filme es tan distante de lo que ocurrió en realidad, que mejor hubiera sido escribir otro guión.
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La trama de la película, protagonizada y dirigida por Ben Affleck, ocurre en el año 1979 durante la crisis de los rehenes en Irán. En ella se relata el rol secreto que jugó la CIA en el rescate de seis estadounidenses que se refugiaron en la embajada canadiense antes de que la sede diplomática de EE. UU. en Teherán fuese tomada por un grupo extremista. Durante este secuestro, un total de 66 estadounidenses fueron apresados y aunque algunos fueron liberados poco después, 53 quedaron retenidos por 444 días.
Los archivos de la CIA, que fueron desclasificados en 1997, revelan que Tony Méndez, uno de sus agentes, concibió y ejecutó un complicado plan para rescatar al grupo escondido en la residencia del embajador de Canadá. Se temía que si salían de su escondite serían ejecutados por los militantes del gobierno del Ayatolá.
Según la película, la idea para liberarlos se le ocurre a Méndez (Ben Affleck) cuando su hijo ve por televisión Battle for the Planet of the Apes (La conquista del planeta de los simios) (1973). Méndez desarrolla un plan para hacerse pasar por un productor de cine que busca localidades exóticas en Irán para rodar una película de ciencia ficción titulada Argo.

Ben Affleck en una escena de la película que también dirige, 'Argo'. — Foto: Warner Bros. Entertainment Inc.
El supuesto cineasta canadiense tendría que buscar el apoyo de su embajada en Teherán. Por lo tanto, para darle credibilidad a su historia, Méndez recluta la ayuda de John Chambers (John Goodman), el maquillista que realizó las caracterizaciones de los simios en Planet of the Apes (La conquista del planeta de los simios) y a Lester Siegel (el magnífico Alan Arkin), un productor venido a menos. Entre los tres, crean una pequeña compañía de cine sabiendo que serían investigados por la embajada iraní antes de concederles la visa. Las escenas con Chambers y Siegel —unos verdaderos cínicos, pero eso sí, muy patriotas— son de las mejor logradas. Méndez viaja a Teherán fingiendo ser el líder de un equipo de filmación que integran otros seis colegas canadienses que se encontrarían con él al día siguiente. Méndez se presenta en la residencia del embajador canadiense y le entrega a los seis refugiados pasaportes con identidades falsas. La idea es que todos abandonen el país juntos.
Como actor, Affleck le da un inexplicable tono de seriedad a su personaje que raya en la solemnidad y que desentona con el desparpajo de sus colaboradores de Hollywood e incluso con el de sus colegas de la CIA (Bryan Cranston y Chris Messina).
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