La magia de Walt Disney

Un genio cuya creatividad sigue inspirando a nuevas generaciones.

Empezó como un humilde dibujante y terminó siendo uno los productores más prodigiosos en la historia de la cultura popular. Creó con desenfreno cortometrajes, largos de animación, adaptaciones literarias, programas de televisión y hasta su propio parque de diversiones. Hace 75 años que Pinocho demostró al mundo el potencial artístico del cine animado. Hoy repasamos la vida y obra de un genio renacentista: Walt Disney.

Walter Elias Disney

El 5 de diciembre de 1901, Walter Elias Disney nace en Chicago, Illinois. Después de trabajar repartiendo periódicos durante su adolescencia, Walt se interesa por el incipiente arte de la animación en 1919. Al año siguiente se asocia con el caricaturista Ubbe Eert Iwwerks, y crea su primer estudio de animación en Kansas City, generando cortometrajes en blanco y negro basados en las fábulas de Esopo.

Getty Images

Walt y su hermano Roy

A fines de 1923, Walt y su hermano Roy se instalan en Los Ángeles y fundan un nuevo estudio de animación. Después de muchas dificultades, Disney decide crear un nuevo personaje original: Mickey Mouse, inspirado en un ratoncito manso que visitaba su estudio en Kansas City. El primer cortometraje sonoro de Mickey, Steamboat Willie (1928), es un rotundo éxito comercial y abre la puerta para una serie de cortos que hoy son considerados clásicos del género. La voz de Mickey fue la voz de Disney.

Walt Disney Co./Cortesía Everett Collection

Los mejores animadores

Durante los años 30, 40 y 50, Disney contrata a los mejores animadores del mercado, produciendo un extenso catálogo de cortometrajes. Además del éxito de Mickey, crea la serie Silly Symphonies, cosechando seis premios Oscar. Uno de estos, Three Little Pigs (Los tres chanchitos) de 1933, se convierte en uno de los cortos más famosos de la historia. A Mickey lo acompañan nuevos personajes como Donald Duck, Goofy y el perro Pluto.

Walt Disney Co./Cortesía Everett Collection

Largometraje de animación

En 1934, Disney se arriesga con un largometraje de animación basado en el cuento de hadas Blancanieves, de los hermanos Grimm. Sus competidores presagian un naufragio, pero cuando Snow White and the Seven Dwarfs finalmente se estrena en diciembre de 1937, se convierte en la película más taquillera del año entrante. Es también una obra maestra del séptimo arte, que le merita a Disney su segundo Oscar honorario; el primero, en 1932, por crear a Mickey Mouse.

Walt Disney Co./Cortesía Everett Collection

Pinocchio, Dumbo, Bambi y Fantasia

Inspirado por el éxito de Blancanieves, Disney pasa gran parte de los años 40 expandiendo los límites de la animación como formato artístico. Esta década nos entrega a Pinocchio, Dumbo, Bambi y Fantasia, un novedoso experimento que fusiona imágenes de acción real y animación con el mundo de la música clásica, y que fue una de las primeras películas con sonido estereofónico. Curiosamente, ninguno de estos costosos largometrajes pudo duplicar el éxito comercial de Snow White.

Walt Disney Co./Cortesía Everett Collection

Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial tuvo calamitosos efectos económicos para los estudios Disney. Cerca de la bancarrota, el productor regresó a sus orígenes adaptando cuentos de hadas del folklore europeo. Estrenada en 1950, Cinderella inauguró una nueva etapa de prosperidad. Hilvanada con dibujos exquisitos y colores brillosos, la película combina la magia del material original con personajes entrañables —en este caso, los ratones que socorren a la Cenicienta— y un sentido del humor apto para todas las edades.

Walt Disney Co./Cortesía Everett Collection

El imperio

A partir de la década del 50, Disney comienza una expansión voraz de su imperio, invirtiendo en múltiples formatos: discos, libros, comics, documentales y también largometrajes con actores. Su instinto comercial para encontrar historias interesantes lo lleva a adaptar obras literarias con resultados extraordinarios, desde Treasure Island (1950) y 20,000 Leagues Under The Sea (1954) hasta Swiss Family Robinson (1960) y Mary Poppins (1964). Disney supervisaba todas las producciones, apareciendo frecuentemente en las juntas dedicadas a desarrollar argumentos.

Cortesía Everett Collection

Disneylandia

El ejemplo más claro si se trata de demostrar que Disney tenía la capacidad de soñar sueños inmensos: el 17 de julio de 1955 abre las puertas Disneylandia, el parque de diversiones más concurrido del planeta. Aunque inicialmente el concepto proponía un lugar pequeño, rápidamente se convirtió en una pequeña ciudad que alberga a todos los personajes y exóticos lugares de aventuras presentados en las películas del estudio. Algunas de sus atracciones —como por ejemplo Piratas del Caribe— logran generar una magia irrepetible.

Cortesía Everett Collection

Cuentos de hadas con princesas

En 1959, Sleeping Beauty reanudó la temática de cuentos de hadas con princesas como protagonistas, pero inspirándose en la iconografía medieval para crear quizás la película más suntuosa de su filmografía. Los personajes de la princesa Aurora, el príncipe Felipe, la villana Maléfica y las tres hadas madrinas son inmejorables. Disney supo incorporar a sus creaciones las nuevas corrientes estilísticas de cada década.

Walt Disney Co./Cortesía Everett Collection

La televisión

A Disney sólo le faltaba incursionar en un formato nuevo y revolucionario: la televisión. En 1954, el programa semanal Disneyland debuta con gran éxito, con el propio Walt Disney de presentador. Después vendrían las series de Davy Crockett, los Hardy Boys y el Zorro de Guy Williams (con el involvidable personaje de Sargento García) las cuales han envejecido con envidiable vigencia.

Cortesía Everett Collection

Renovación artística

Ya en 1961, resultaba evidente que la nueva década traía consigo un aire de renovación artística. Disney reaccionó renovando por completo el estilo visual de la animación en 101 Dalmatians. Los dibujos son más ásperos, con trazos gruesos que expresan movimiento de una manera suelta y expresiva. El resultado final es un festín para los ojos, presentando además en Cruella De Vil a uno de los villanos más fascinantes de la historia del cine.

Cortesía Everett Collection

Cáncer de pulmón

Disney fumó durante toda su vida. En 1966 fue diagnosticado con cáncer de pulmón y falleció el 15 de diciembre. Tenía 65 años. La última película animada que supervisó fue The Jungle Book. Durante mucho tiempo circuló el rumor de que había dejado instrucciones para que su cuerpo fuera congelado y revivido gracias a los futuros adelantos de la ciencia. Una leyenda urbana, que según algunas fuentes fue creada por sus propios animadores.

Alfred Eisenstaedt/The LIFE Picture Collection/Getty Images

Encanto original

Hubo una última película de animación que preservó el encanto original de las obras maestras: estrenada en 1970, The Aristocats fue una idea aprobada por Disney y realizada con esmero por su fiel equipo de producción. Los decorados de París a principios de siglo XX son poéticos y las canciones de jazz —con Maurice Chevalier en el tema principal— derrochan swing. Se destaca el delicado balance entre humor y suspenso que Disney manejó siempre con suma elegancia.

Cortesía Everett Collection

Decadencia en los 80

Durante los años 80 reinó una penosa decadencia, que por momentos parecía imparable. Pero en 1989, con un brío inesperado, comenzó una segunda era dorada. Los sucesores de Disney volvieron a las raíces, adaptando cuentos infantiles como La sirenita de Andersen y Aladino de las 1001 noches. La sensibilidad era moderna, pero el arte de contar historias se apoyaba en los principios clásicos de antaño. Con joyas como Aladdin y Pocahontas, este esplendor duraría hasta 1996.

Buena Vista Pictures/Courtesy Everett Collection

Nuevo milenio

Con el comienzo del nuevo milenio se imponen también los avances de la tecnología en el ámbito de la animación digital. Las producciones nuevas —películas como Tangled (2010) y Frozen (2013)— tienen tramas que avanzan a todo vapor, además de algunos conceptos brillantes. Esta última, ganadora de dos premios Oscar, se sitúa como la película animada más taquillera en la historia, asegurando así el futuro y la magia del imperio que creó Walt Disney.

Walt Disney Co./Cortesía Everett Collection

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