Armando Lucas Correa: “Escribir la novela fue una especie de terapia”

Entrevista con el autor de 'La niña alemana'.

Retrato del escritor y editor en jefe de People en Español Armando Lucas Correa

Armando Lucas Correa revive la situación de los inmigrantes que buscan refugio en otros lados en su novela La niña alemana — Héctor O. Torres

Perseguido por recuerdos de su niñez, Armando Lucas Correa ha tornado unas memorias de su abuela en su primera novela. Titulada La niña alemana, se basa en la desgarradora historia del trasatlántico alemán MS Saint Louis, que en 1939 transportaba 937 pasajeros, en su mayoría judíos que huían del nazismo en Europa buscando refugio en Cuba, Estados Unidos y Canadá.

Correa, cubano-americano y editor en jefe de People en Español, usa sus más de 20 años de experiencia como periodista en Estados Unidos, y los resultados de sus esmeradas investigaciones sobre el tema, para darnos un relato detallado de la tragedia.

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De todos los temas que podías haber escogido para debutar como novelista, ¿por qué la histórica tragedia del Saint Louis?

La historia del Saint Louis me ha perseguido desde que era niño. Recuerdo a mi abuela decirme que Cuba pagaría bien caro, durante 100 años, lo que le había hecho a los refugiados judíos en 1939.

Portada en español de la novela La niña alemana de Armando Lucas Correa

La niña alemana, la obra de ficción histórica con la que debuta como novelista Armando Lucas Correa. — Cortesía Armando Correa

Detrás de tu obra hay una extraordinaria investigación sobre la travesía del Saint Louis y sobre el tema judío en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Cuéntanos de esa parte crucial de tu obra.

Busqué y adquirí todo lo que existe relacionado con el Saint Louis. Compré incluso una edición de 1949 del diario del capitán del barco, Gustav Shröeder, firmada por él. Encontré los cables, correspondencia y transcripciones de las comunicaciones entre la Embajada de Estados Unidos en Cuba y el gobierno de la isla durante la crisis del Saint Louis. Compré una copia de la revista de 1939 con la verdadera niña alemana, en quien se basa mi personaje, en la portada. Viajé a conocer a los sobrevivientes: Herbert Karliner, que tenía 13 años en el Saint Louis y vive hoy en Miami; Judith (Koeppel) Steel, que tenía 14 meses y vive en Nueva York; Ana Maria (Karman) Gordon, que tenía 4 años y vive en Toronto; y Eva Wiener, que tenía 10 meses y ahora vive en Nueva Jersey.

Tomé un barco, el año pasado, el 13 de mayo, desde el mismo punto en que salió el Saint Louis, en Hamburgo. Fui a Auschwitz. Caminé por las calles de Berlín donde se desarrolla parte de la novela. Fui al café de los encuentros de los personajes infantiles Hannah y Leo, al puente que cruzaban. Y fui a La Habana, en febrero de este año. Crucé la bahía hasta el Castillo del Morro, y pude ver la ciudad desde la misma perspectiva que la divisaron los pasajeros del Saint Louis.

Debido al contexto histórico de esta novela, se mezclan en la narración personajes verdaderos identificados con sus nombres reales junto a otros que pertenecen al ámbito de la ficción. ¿Quisieras aclarar cuáles son los verdaderos?

Los únicos personajes reales que se mencionan en la novela son el capitán Shröeder y Manuel Benítez, director de inmigración de Cuba, que se embolsilló los $150 que pidió a cada pasajero por el permiso de desembarque aunque solo unos pocos lograron desembarcar. Las casas que describo tanto en Nueva York, como en La Habana, son las casas donde viví. Cuando era niño, mi abuela me envió a tomar clases de inglés con un viejo alemán, que vivía en mi cuadra y que los niños llamábamos “El Nazi”. Cuando entré en la universidad, fue que descubrí que ese alemán, que mi abuela ayudaba, era un refugiado judío. Eso me sirvió de inspiración para Hannah, en su etapa cubana de sobrevivencia.

En tu trabajo periodístico cotidiano ocupas un alto cargo lleno de responsabilidades. ¿Cómo lograste compartimentar tus días y horas para poder escribir esta novela?

Tengo un trabajo que disfruto, pero que absorbe todo mi tiempo. A la misma vez soy padre de tres niños que tienen entre 6 y 11 años. Escribía disciplinadamente todos los días entre las 9 de la noche —después que dormía a los niños— hasta las 2 y a veces 3 de la mañana. Me despertaba a las 6:45 a.m. a preparar a mi hija para la escuela, me iba a la oficina y editaba, entre 8:30 a.m. y 10:30 a.m., lo que había escrito la noche anterior. De los fines de semana dedicaba un día a la novela, por supuesto lleno de interrupciones. Soy periodista. Estoy acostumbrado a trabajar así.

Debe de haber sido difícil transitar y habitar simultáneamente mundos tan diferentes —casi opuestos— como el de dirigir una revista que da cobertura a celebridades y una novela que describe uno de los eventos más desgarradores de la Segunda Guerra Mundial.

Escribir la novela fue una especie de terapia para mí. Me apasiona escribir. Mi mente ahora no para. Ya vienen dos libros más en camino: El silencio entre nosotros y Los olvidados. También novelas históricas.

Tu libro sale a la luz simultáneamente en inglés y español. ¿Ha habido interés de otros países en traducirlo y publicarlo?

También sale en inglés en Canadá, Inglaterra y Australia. En español se presenta el 2 de noviembre en España y en varios países de Latinoamérica… pero la novela está dirigida fundamentalmente al público de Estados Unidos.

Hemos dejado al olvido el rechazo a los refugiados del Saint Louis porque nos avergüenza. No fue hasta el 2009 que Estados Unidos pidió perdón a esos refugiados. En Canadá, fue en el 2011. Cuba, como nación, ha ignorado esa tragedia. A mí, personalmente, como cubano, me avergüenza.

Creo que el interés que ha despertado La niña alemana internacionalmente se debe a que abre un diálogo sobre el rechazo a refugiados en general, un tema presente hasta el día de hoy. Mira lo que pasa con los refugiados sirios. Tenemos miedo del otro, del que cree en dioses diferentes, del que tiene acento, del que tiene un color de piel diferente. No aprendemos de los grandes errores de la historia. Y tristemente, la historia se repite.

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