In English | Hace poco, cuando le arrancaba la chala a una mazorca de maíz, me golpeó una ola de nostalgia. Eso es lo que hacía mi madre cuando me llevaba al mercadillo donde agricultores locales vendían sus cosechas. De repente, la experiencia me trasladó a los veranos de mi infancia, cuando a veces la labor principal del día era cerciorarse de que el maíz no tuviera gusanos.
La comida es el camino directo a la memoria. Oler, probar o ver los alimentos que otrora comíamos nos transporta a las noches de verano en que jugábamos al aire libre hasta que nos llamaban a comer, o a los días de fiesta en que familiares y amigos nos apiñábamos en torno a la mesa del comedor.
Muchos alimentos inspiran una nostalgia muy personal. Los asociamos con los lugares donde crecimos o donde crecieron nuestros antepasados (ensalada de papas, quingombó de pescado y mariscos). Otros platos evocadores cruzan fronteras geográficas y culturales: sopa de tomate con sándwiches de queso derretido, por ejemplo. O pastel de carne acompañado de macarrones y queso. Entonces tenemos los platos del pasado que, como los siguientes, siempre saben a gloria.
Famous Nabisco Refrigerator Roll (Rollo refrigerado de Nabisco)
No importa de dónde sea usted, es posible que lo recuerde, porque se servía en el hogar de muchos de los que nacimos a mediados del siglo XX. Y no debe extrañar. La receta tiene tres ingredientes, toma 30 minutos prepararla y es necesario hacerla por adelantado. El "leño"que se obtiene, blanco como la nieve, parece algo en que uno ha trabajado el día entero. El único problema es encontrar las obleas, finas y casi negras, que vendían en aquella caja amarilla tan familiar. Muchos supermercados ya no las venden. Pero que no cunda el pánico. Se pueden encontrar en Amazon y eBay.
Pollo a la King
En el hogar de mi infancia, este era un plato muy socorrido. Era algo práctico -utilizaba el pollo que había sobrado de otra comida- y siempre "reconfortante": blanco y cremoso y servido sobre carbohidratos sencillos, como arroz, pasta o papas. Mi madre se quedó en nuestra casa tres semanas después que nació mi hijo, y todas las noches yo le pedía que hiciera lo mismo: pollo a la King.
Popovers
Los panecillos ligeros y esponjosos conocidos como "popovers" fueron lo primero que aprendí a hacer en la época en que las chicas estudiábamos economía doméstica mientras que los varones asistían al taller de carpintería. Con morder uno, me veo de nuevo en el restaurante de la tienda de departamentos a donde mis abuelos me llevaban a almorzar y donde siempre servían una cesta de popovers para empezar.
Arroz frito
El plato que más me gustaba de niña también evoca una era distinta, cuando en Estados Unidos la comida china era chow mein y chop suey. La receta de arroz al estilo cantonés que utilizaba mi madre venía de su libro de cocina predilecto, The New Antoinette Pope School Cookbook, publicado por primera vez en 1948. El libro tenía una sección completa sobre la cocina cantonesa, que se hizo popular cuando los soldados volvieron del Pacífico después de la Segunda Guerra Mundial. Todavía me encanta saborear ese arroz frito los domingos por la noche.
Crêpes Suzette
Las elegantes cenas que mis padres daban en los años 1950 y 1960 solían terminar con este glamoroso postre. Se pasaba una naranja o un limón a los invitados para que lo frotaran con un terrón de azúcar, que después se echaba en una sartén llena de mantequilla derretida mezclada con licor, que se mantenía caliente sobre un braserillo. Entonces se le prendía fuego a la mezcla antes de sumergir en ella las exquisitas crepas.
Torta Bundt
En mi casa, si no había un cake de obleas de chocolate de Nabisco en la nevera, probablemente había una de estas en el horno. La preferida de mi madre era de chocolate y pistacho, hecha con una mezcla comercial y un sobre de pudín instantáneo. Nos hemos vuelto demasiado sofisticados para eso, aunque he ido a bodas del siglo XXI en que un molde para torta Bundt figuraba en el registro de regalos. Espero que la feliz pareja que seleccione un molde así lo use para hacer tortas que conmuevan a sus hijos cuando, de adultos, las recuerden.















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