In English | Siempre me había sentido orgullosa de ser una joven de carrera como mi Nana. Comenzó a trabajar como secretaria a los dieciséis años y fue la única de la familia con empleo durante la Depresión. Gracias a los sacrificios de mi madre y de Nana, pude seguir mis propios sueños.
Cuando en la recesión actual perdí mi empleo como redactora, mi esposo y yo tuvimos que reducir drásticamente nuestros gastos. La comida para llevar: cosa del pasado; la comida casera y económica: de última moda en nuestro hogar. Pero yo, la recién depuesta princesa de la comida preparada, apenas tenía conocimientos culinarios, y mamá sugirió que las recetas de Nana me pudieran servir como fuente de inspiración.
En la carpeta desgastada encontré instrucciones para elaborar platos favoritos de la familia pero también encontré recetas desconocidas. La mayoría estaban escritas a máquina, o con una taquigrafía indescifrable pero encantadora.
Me enteré que abuelo caprichosamente había comprado, en 1942, una granja; Nana tuvo que cambiar la máquina de escribir de su oficina en Manhattan por un horno chimenea centenario en el norte del estado de Nueva York. No sabía usarlo, ni qué preparar en él; había comenzado a trabajar a una edad tan temprana que nunca había aprendido a cocinar. Pero Nana era más que todo ingeniosa. Aún sofisticada y urbanita, intercambiaba consultas de belleza y maquillaje por clases de cocina con las esposas de los granjeros.
Mi Nana falleció cuando yo tenía siete años. Pero su capacidad de recuperación fue el ingrediente principal que me ayudó a enfrentar el desempleo, y su espíritu perdurable me hizo recordar que yo era más fuerte de lo que pensaba. Me dejó recetas para comer —y pensar—.
Suzan Colón es la autora de Cherries in Winter (Cerezas en invierno).

















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