Novela

‘El umbral de la eternidad’, de Ken Follett

El novelista culmina su Trilogía del Siglo con una trepidante novela de la Guerra Fría.

Ken Follett presenta su nuevo libro 'El umbral de la eternidad', en Madrid, España

Ken Follett presenta ‘El umbral de la eternidad’, el último de una trilogía sobre la guerra fría. — Jorge Sanz/Demotix/Corbis

El tercer y último tomo de la Trilogía del Siglo de Ken Follett es acaso el que más impacto tiene sobre la generación de los que nacimos en la primera mitad del siglo 20.

A diferencia de las dos entregas anteriores —La caída de los gigantes y El invierno del mundo— que narraron vicisitudes de los principales países enfrascados en las dos guerras mundiales, El umbral de la eternidad nos cuenta historias en las que muchos de nosotros, o hemos participado directamente o, al menos, hemos sido espectadores de primera fila.

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La Guerra Fría transcurrió entre 1945 y 1989, y sus principales protagonistas fueron los países considerados potencias en esa época, Estados Unidos y la Unión Soviética. No fue un conflicto de cañonazos y tanques, sino uno de geopolítica y boicots, de estrategias y amenazas, bajo el entendido de que quien pestañeara primero llevaba las de perder.

Follett capta este escenario brillantemente. De igual modo que en El invierno… introdujo personajes que representaban la primera descendencia de las familias de La caída…, en la última parte de la trilogía son los miembros de la tercera generación de esas familias quienes protagonizan los roles principales de esta confrontación entre bambalinas de complicadas diplomacias.

Son fascinantes estos nietos de los personajes que nos entregó Follett en su primer libro. Dimka Dorvin, por ejemplo, nieto de Grigori Peshkov, aquel obrero que había acompañado a Lenin en la Revolución de octubre y que luego se convirtió en general del Ejército Rojo, es ayudante personal de Nikita Jruschov. A través de este chico de veintitantos años conocemos muchas de las interioridades de las decisiones tomadas por el líder del Kremlin, incluidas las tensiones con el presidente estadounidense John F. Kennedy en la confrontación conocida como la crisis de los misiles de 1962.

La hermana gemela de Dimka es una periodista que utiliza su estatus para realizar tareas clandestinas contrarias al régimen. Entretanto, en Estados Unidos, George Jakes, hijo de uno de los hijos de Lev Peshkov —hermano de Grigori que huyó a Estados Unidos en el primer libro y se hizo millonario— es un líder afroestadounidense de derechos civiles y trabaja como abogado en la oficina del ministro de Justicia de Estados Unidos y hermano del presidente, Robert Kennedy. A través de Jakes vemos las intrincadas maniobras y estrategias que prevalecieron en la época, incluyendo la perspectiva occidental de la crisis de los misiles.

La época de la Guerra Fría enmarcó muchos eventos de gran impacto. Follett desarrolla cada uno de estos eventos históricos con gran agudeza y detalle en las más de 1,100 páginas del libro. Sin embargo, tal vez su proximidad a los lectores que acaso conocieron los hechos de manera directa hace visibles algunos errores para un aparato de investigación histórica tan vasto como el de Follett.

En los capítulos sobre Cuba y su participación en los famosos cohetes soviéticos en la isla, por ejemplo, hay una referencia al himno nacional cubano con el título de La Bayamesa. Error craso, pues el nombre del himno cubano es El Himno Bayamés, mientras que La Bayamesa es una canción de amor de la época de la colonia dedicada a una joven damisela de la ciudad de Bayamo.

También pierden credibilidad algunos personajes —como Dimka y Jakes— que ocupan cargos de alto nivel y extrema confianza bajo líderes de ambos países a la temprana edad de 23 y 24 años, lo cual es improbable.

Pero son errores perdonables dada la magnitud de esta obra. En realidad, acaso los personajes principales de este tomo de la trilogía son la ciudad de Berlín Oriental, en la Alemania comunista, y el gran muro que sus líderes erigieron para evitar que sus ciudadanos escaparan de un régimen totalitario.

Es así que mientras los libros anteriores desarrollaban su trama principal en campos de batalla, este tomo tiene su principal escenario en oficinas de gobierno, salas de conferencia y reuniones cumbre cargadas de irrealizada hostilidad de parte de ambos superpoderes en pugna.

Fue para mí de especial interés leer y revivir este pedazo de historia que a mí también me tocó vivir y sufrir en mi propio país (Cuba) cuando era parte de la Guerra Fría, aunque tuve después en Estados Unidos el privilegio de coordinar en el diario que dirigía la cobertura periodística de la caída del Muro de Berlín, la liberación de los países de Europa Central y el aparatoso desplome de la Unión Soviética. Por ejemplo, leer las páginas que relatan el reencuentro de familias cuando lograron los de Berlín Oriental abrazar a los de Berlín Occidental me volvieron a sacar inevitables lágrimas de alegría por el triunfo de la libertad.

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