Resulta complicado escribir sobre un personaje como Frida Kahlo, de la que poco queda ya que contar. La vida de la artista mexicana está tan presente en sus famosos autorretratos como en las biografías de otros personajes conocidos, desde Diego Rivera hasta León Trotsky, y en decenas de libros y películas como Frida, protagonizada por Salma Hayek. Uno de los pocos misterios que quedan por resolver es el llamado El libro de Hierba Santa, una libreta donde Kahlo escribía sus recetas de cocina para las ofrendas del Día de los Muertos, y que desapareció el día de la inauguración de una monumental exposición de su obra en el Palacio de Bellas Artes de México.
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Portada de 'El libro secreto de Frida Kahlo', del autor de F.G. Haghenbeck.
La libreta de Frida inspiró recientemente dos libros, Hierba Santa, de Alexandra Scheiman, y la novela que nos ocupa, El libro secreto de Frida Kahlo, de F.G. Haghenbeck. El autor mexicano es conocido por sus obras que mezclan la cultura pop con la historia mexicana, como Trago amargo. En esta ocasión, desechó la idea de una biografía convencional (por ejemplo, apenas hay fechas), e insertó escenas mágicas en las que Frida conversa con la muerte.
Por encima de todo, el autor alternó los episodios esenciales de la vida de la pintora con una serie de recetas tradicionales mexicanas que los ilustran, supuestamente sacadas de la libreta perdida. Por ejemplo, la cochinita pibil, un guisado de carne de cerdo y especias, era el plato favorito de Diego Rivera y también fascinó al magnate Nelson Rockefeller. Para cuando la pareja se instaló temporalmente en California, aparece la receta del pastel de manzana.
Además de las 24 recetas, Haghenbeck convierte la comida en parte integral del relato. El colorido lenguaje de la novela, aunque a veces resulta forzado, cobra un tono especial cuando se puebla de vocablos de la gastronomía mexicana incluso en los diálogos, como en este memorable intercambio de insultos entre Frida y Lupe, una ex esposa de Diego:
— … Eres pura llamarada de petate y al primer hervor [Diego] se lanzará a atragantarse de buenas papayas, muslos jugosos, pozole de trompa y dos tacos de ojo… ¡pero sin pelos!
—Eres peor que un mole de olla, que te queda enchilado y sin satisfacción.
—Tú eres un tasajo duro comunista.
—Buñuelo persignado.
—Memela de masa marimacha.
—Embutido de jamón manoseado.
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