La Dra. Polo se confiesa

Ana Maria Polo, una sobreviviente de cáncer y la popular jueza de la televisión, nos revela cuáles casos han dejado huella en su corazón.

Ana Maria Polo, del programa Caso Cerrado que se transmite por Telemundo

Doctora Ana María Polo, conductora del programa Caso Cerrado, que se transmite por Telemundo. — Alexander Tamargo/Getty Images

Hay situaciones que se presentan en el programa Caso cerrado en las que seguramente a los televidentes les cuesta imaginar a la Dra. Ana María Polo. Una es cuando cambia su mazo de la corte por una guitarra y la otra es cuando empieza a llorar. En realidad, son dos escenas que se repiten con frecuencia en su vida, porque la popular jueza es tan parrandera como sentimental. En esta entrevista, compartió algunas de las cosas que la han hecho llorar y cantar recientemente.

Después de 14 años de conducir Caso cerrado, ¿cuál ha sido la mayor satisfacción?

Principalmente, poder manifestar lo que yo siento que en mí es una misión: enfrentar conflictos y buscarles soluciones, y a la vez complacer a un público que ha sido tan vasto y sincero conmigo todo este tiempo.

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¿Y el mayor sacrificio que ese éxito ha demandado?

Todo lo bueno de la vida trae un sacrificio, sino no [es bueno]. Cuando uno se entrega a una profesión como esta, uno renuncia a su privacidad. Quizás uno no la aprecia tanto hasta que la pierde. Sin embargo, la gente y los medios han sido muy respetuosos conmigo. No he tenido una experiencia horripilante y creo que es porque se dan cuenta que sólo soy un abogado a quien le apasiona tratar de resolver problemas.

¿Cuál es alguno de los casos que más le ha impactado?

Anoche mismo tuve un caso [por el] que, después del programa, lloré por lo menos 15 minutos. Era un caso increíblemente difícil. Es el de un padre de cuatro hijos: una en Argentina y tres en Estados Unidos. Él tiene problemas migratorios por lo que no puede viajar libremente. El problema es que su hija se está muriendo en Argentina y sólo él le puede hacer el trasplante de medula ósea que ella necesita. Si se va a salvarla, deja a sus tres hijos de acá y ya no los puede mantener. Casos así me atormentan y me hacen llorar aún cuando el programa ha terminado.

¿Cuál fue su consejo?

Lo que sí te puedo decir es que uno nunca puede perder la esperanza. En medio de todos estos conflictos y problemas hay algo de luz. La vida tiene un balance y hay que buscárselo para sentirnos enfocados. Dicen que lo peor que nos puede pasar es la muerte porque al morir ya no podremos solucionar las cosas, pero también tenemos que aprender a no darle tan mala reputación a la muerte. La muerte es una etapa natural que todo ser humano va a enfrentar; es a lo que más miedo le tenemos pero aun en esa fase hay una belleza… ¡y hay que buscarla!

¿Puede ayudar a resolver algunos casos que le llegan?

Sí. Felizmente, podemos resolver muchas cosas. Dentro de esos muchos casos recuerdo uno que ocurrió hace como 10 años. Era el de una niñita llamada Milagros que tenia cáncer en un ojo. Sus padres tenían problemas de drogas y el gobierno iba a tomar la custodia. La ayudé a que su tía tomara la custodia de ella. Hasta el día de hoy sigo en contacto con ella.

¿Cuánto estudia cada uno de ellos?

Yo no estudio ningún caso. Eso es parte de la belleza del programa, que yo no sé lo que va a pasar hasta que pasa.

Aparte de su labor televisiva, usted apoya muchas causas que ayudan a mujeres con cáncer. Como sobreviviente del cáncer, ¿cómo fue el momento en que recibió la noticia y cómo superó ese primer impacto?

Primero fue un shock absoluto y ese shock te ayuda a perder la conciencia de lo qué es. La cabeza te da vueltas, pero inmediatamente el cerebro empieza a funcionar y tienes que ser racional, logico. Primero debes decir: estoy vivo.

Yo aprendí a mantenerme ocupada. La gente con ocio tiene mucho tiempo para deprimirse. Pero yo opté por ayudar a los médicos a curarme: mantenerme informada de todo lo que podía y tenía que hacer, rodearme de gente positiva, ir de frente y no pensar ni por un momento que las cosas iban a salir mal. Siempre fui muy positiva.

¿Cuál es el “antes y después” en su forma de vivir desde entonces?

Ya llevo 12 años en remisión y te puedo decir que soy un mejor ser humano hoy que antes del cáncer. El cáncer me enseñó cosas muy importantes: cuáles son mis prioridades. Yo trabajaba muchísimo, pero ahora, aunque sigo trabajando mucho porque me gusta lo que hago, siempre tomo tiempo para relajarme, para pasarla bien. Eso lo aprendí después del cáncer: a tener tiempo antes que nada para mi familia, para mí, porque el tiempo y la salud son lo más importante. Me gusta disfrutar la vida bien, porque la vida tiene muchas cosas lindas. Eso me inspira a tocar la guitarra, componer una canción; me gusta leer un buen libro, irme a pescar o jugar billar. Esas cosas que (…) hacen que la vida no sea tan pesada.

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