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La memoria fresca tras 110 años de vida

Una inmigrante de Guanajuato tiene en el buen humor la clave de su longevidad.

Cuenta la leyenda que en Salvatierra, Guanajuato, no entraron los revolucionarios porque una Virgen se aparecía en forma de mujer justo en la entrada del pueblo y les advertía que ahí los estaba esperando un regimiento de militares. Era la Revolución Mexicana de 1910.

Muchos conocen la historia porque trascendió de boca en boca, de padres a hijos, pero a María Rosa Contreras nadie se la contó. "Revoluciones iban y venían, y no entraban. La Virgen no los dejó entrar, dicen que miraban mucha gente. ¿Y cuál gente? Pues nadie", dijo.

Han pasado cien años desde entonces, pero todavía recuerda el suceso que marcó el rumbo de su país y de su propia vida. "La Revolución fue un tiempo muy fuerte. Escondían a los muchachos, a las muchachas, porque se las llevaban por allá. Estuvo feo, pero a mí no me hacían nada", contó.

Poco antes de que México celebre el centenario de su Revolución, este 16 de septiembre, ella también estará de manteles largos: festejando 111 años de vida, según cálculos de sus familiares. "Esos dicen que tengo ¿cómo me los quito?", expresa con una sonrisa.

Contreras, residente de la ciudad de Bell, podría ser la hispana de mayor edad en Estados Unidos, con apenas cuatro años por debajo de la persona más longeva del mundo, de 114 años. El 30 de agosto esa distancia se acortará a sólo tres.

Originaria de San José del Carmen, Guanajuato, doña Rosita es el pilar de una extensa familia en ambos lados de la frontera que formó con dos hijas: María de Jesús, de 80 años; y María de la Luz, de 64. Su linaje abarca 18 nietos, 59 bisnietos y 35 tataranietos. Dio a luz a 16 hijos, pero el resto falleció a temprana edad por falta de atención médica.

"Sólo Dios sabe, tanto año que he durado. Quién sabe porqué será, nosotros no comíamos bien, comíamos lo que Dios nos socorría: verdolagas, nopales, quelites, calabacitas. No comíamos carne, puras cositas del campo... aunque hubiéramos querido, no teníamos con qué [dinero]", recordó.

Pero el tiempo que ha vivido no es lo más sorprendente en esta mujer, sino su lucidez mental, su condición física y su alegría. Todas las tardes se sienta en el patio de su casa y luego camina, a paso lento, apoyada de una andadera.

"Bendito sea Dios que todavía no me ayudan, todavía ando sola", señala Contreras, quien hasta hace unos días viajaba más de seis millas en autobús por sus citas médicas en el hospital King-Drew.

Sus familiares atribuyen su longevidad a que siguió una alimentación sana y realizó largas caminadas en el campo. "No quiere ponerse dentadura postiza. Dice que cómo va a comer", indicó su hija, María de la Luz León, quien trajo a su madre a California en 1990.

No existen más documentos que comprueben la edad de doña Rosita (como muchos ancianos, olvidó su fecha exacta de nacimiento) que un acta de matrimonio del gobierno del estado de Guanajuato, la cual indica que se casó en 1924. Su esposo, José León del Horno, falleció en 1953 a consecuencia de una fuerte caída. Tenía 50 años.

Hace 20 años, cuando la señora Contreras tenía 90 años, se valía por sí sola. A diario barría el patio de su casa y atendía misa por las tardes. Su madre, a quien cuidó hasta su muerte, vivió 105 años.

Siempre de buen humor, la señora María Rosa dice que le gusta vivir en Estados Unidos y que, de tener fuerzas suficientes, trabajaría "en lo que Dios me diera". Allá, en Guanajuato, se dedicó a labores domésticas y después entró a la dura faena del campo.

"Venía yo que ya no aguantaba la espalda de cansada, de lo que traía cargando, porque estaba lejos. Llegaba uno apenas ¿pero qué hacíamos? A querer o no", dijo.

Devota de la imagen de Madre Santísima de la Luz, la Virgen que, dicen, se aparecía en Salvatierra, perdió la visión del ojo derecho, pero puede distinguir a los suyos perfectamente, y se vale de un aparato para escuchar. Con todo, afirma: "A mí no me duele nada. Bendito sea Dios".

Esta semana, la oficina del supervisor Mark Ridley-Thomas le extendió un reconocimiento a ella y a otros dos adultos mayores que residen en el Distrito 2 del condado de Los Ángeles, por tratarse de "tres leyendas vivientes".

El supervisor elogió a la señora Contreras por disfrutar de 110 años de vida y que, "en toda su sabiduría, decide recibir el servicio de la Clínica de Geriatría en el MLK-MACC [Centro de Cuidados Ambulatorio de Múltiples Servicios]".

Aquel campo que le ayudó a sacar adelante a su familia y sus santos milagrosos, dice Contreras, es lo que más extraña del Guanajuato del siglo pasado, el de las leyendas que ella presenció.

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