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Nuevas necesidades para la próxima economía

Tendremos que debatir sobre nuevos impuestos, queramos o no

Una vez que hayamos sobrepasado la crisis actual, el mayor problema económico que enfrenta nuestro país es, creo yo, el envejecimiento de la sociedad. Específicamente, necesitamos resolver cómo se van a pagar los beneficios de Medicare y del Seguro Social que se le han prometido a los adultos mayores de nuestra nación cuando la enorme generación de baby boomers (nacidos durante la explosión de 76 millones de nacimientos, entre 1946 y 1964) se jubile.

Aunque las fórmulas para beneficios y la elegibilidad para el Seguro Social y Medicare tendrán que ajustarse de ahora en adelante, es poco realista pensar que el gasto en estos programas pueda reducirse significativamente, excepto en un periodo de tiempo muy largo. Primero, la gente necesita décadas para adaptarse y planear algo como un aumento en la edad normal de jubilación, que yo creo es, la mejor manera de reducir los costos de los programas a largo plazo. Segundo, el poder político de la generación mayor asegura que ningún presidente ni el Congreso se atreverán a hacer algo más que pequeños ajustes a nuestros programas de ayuda social de mayor envergadura.

Pero eso deja una gran brecha de financiamiento que creará déficits del presupuesto federal año tras año que son demasiado grandes como para permitirlo. Las condiciones económicas similares a las de los años setenta se convertirían en algo inevitable. Estas incluyen un dólar colapsado en los mercados de cambio internacionales, lo que aumentaría bruscamente el costo de todo lo que nuestra nación importa, una inflación masiva y tasas de interés de dos dígitos.

La gente mayor sufriría desproporcionadamente si estas condiciones volvieran a prevalecer. Aquellas personas con un ingreso fijo sufren especialmente con la inflación, ya que un dólar débil tiende a debilitar el mercado de valores, y las tasas de interés más altas conllevan a la caída del precio de los bonos. Cualquier clase de crisis fiscal necesariamente pone en peligro todos los beneficios del gobierno si hay una presión irresistible para ajustarse el cinturón.

En mi nuevo libro, The New American Economy (La nueva economía estadounidense), yo sostengo que la única salida de este deprimente escenario es aumentar la capacidad del gobierno para generar ingresos. El recortar impuestos sencillamente ya no es la forma de lidiar con los problemas económicos de nuestra nación.

Por supuesto, a nadie le gusta pagar impuestos más altos. Pero hay maneras mejores y peores de subirlos. Si ponemos en marcha un plan para aumentar los ingresos, será más fácil encontrar formas de hacerlo en el futuro que sean más justas y menos perjudiciales económicamente, que aquellas que sin duda ocurrirán si se suben los impuestos en medio de una crisis fiscal.

Creo que ya hemos sobrepasado el punto que considera aumentar la deuda nacional  además de traspasar nuestros problemas fiscales a la generación siguiente. Reducir la deuda requerirá sacrificio por parte de todos. Hacer caso omiso y desear que el problema desaperezca no es suficiente, las consecuencias económicas del momento garantizan que algo se hará. La pregunta es ¿qué se puede hacer?

En definitiva, el hecho es que tendremos aceptar esta situación en cuanto a los impuestos. Aquellos que estén en desacuerdo deberían por lo menos estar conscientes de los argumentos y análisis que subyacen a mi conclusión, porque nos guste o no vamos a tener un debate nacional sobre el tema en un futuro muy cercano.

Bruce Bartlett fue miembro del personal de la Casa Blanca durante la administración del presidente Reagan y se desempeñó como economista en el Departamento del Tesoro para el presidente George H.W. Bush.

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