Skip to content
 

Celebro la derogación de la política “no pregunte, no diga”

El oficial militar de más alto rango se ha identificado como homosexual en un momento histórico.

RADM Alan M. Steinman, USPHS / USCG (Ret) fotografiado en su casa en Olympia, WA, el 01.21.11, el oficial militar de mayor rango que se identificó como gay sobre la ley

Jose Mandojana

"Ha sido un largo camino para mi", dijo el Rear Adm. Alan M. Steinman.

In English | A través de los ojos llenos de lágrimas veía al Presidente Obama mientras unos 100 militares veteranos (enlace en inglés) invitados y yo escuchábamos al comandante en jefe hablar sobre el final de la política  “No pregunte, no diga”.

Estábamos presenciando  la historia en desarrollo, lo que llamó “un momento que estuvo en preparación por más de dos siglos”; el final de la discriminación (enlace en inglés) en nuestras fuerzas armadas contra los ciudadanos estadounidenses homosexuales y bisexuales.

Me abrumaba la emoción. Y cuando el presidente hizo el último trazo de su firma para derogar la política “No pregunte, no diga”, golpeó la mesa y dijo, “¡Esto es un hecho!, dimos un salto y llenamos el auditorio con nuestras aclamaciones de felicidad. Ahora, como lo dijo el presidente, éramos “bienvenidos, para formar parte de las filas de los mejores militares que el mundo haya conocido”, verdaderamente y como iguales.

Para mí, llegar hasta este punto de la lucha por lograr la igualdad en el servicio militar ha sido una larga jornada. Le serví a mi país con orgullo por más de 25 años, desde 1972 hasta 1997, trabajando como médico en el U.S. Public Health Service (Servicio de Salud Pública de EE. UU.) y con el U.S. Coast Guard (Servicio de Guardacostas de Estados Unidos).  Finalmente, ascendí al grado de contralmirante y fui director de salud y seguridad del servicio de guardacostas (equivalente al cirujano general en otras ramas de las fuerzas armadas).  

En el transcurso de ese período, mantuve oculta mi orientación sexual y no se la revelé a nadie en los guardacostas, ni siquiera a mi familia. Para poder servir a mi país tenía que sacrificar mi vida personal.

No podía tener una familia; no podía compartir mi vida con un ser querido; me fue negada la oportunidad de disfrutar de todos los derechos y privilegios que mis compañeros heterosexuales siempre tuvieron.

Yo no era el único que soportaba esas limitaciones. A las decenas de miles de militares que son gay, lesbianas y bisexuales que sirvieron conmigo y que ahora sirven en Irak, Afganistán y otros lugares, se les exigió oficialmente que soportaran esas mismas indignidades. Ellos ponían en juego su vida, igual que sus compañeros heterosexuales, pero la ley “no pregunte, no diga” les exigía que callaran, que fueran célibes e invisibles.

Aunque desempeñaban las mismas obligaciones y compartían los mismos riesgos que sus colegas heterosexuales, no podían ser francos con sus iguales ni con sus comandantes acerca de lo que realmente eran, no podían buscar abiertamente consejos médicos ni espirituales para sus problemas emocionales, y vivían con el temor de que en cualquier momento alguien los descubriera y eso causaría su baja de las fuerzas armadas, lo cual representaría el fin de su carrera militar.

Desde que reconocí públicamente mi homosexualidad en el 2003, en el décimo aniversario de la ley “no pregunte, no diga”, he tenido el privilegio de conocer a cientos de veteranos y miembros de las fuerzas armadas que son gay, lesbianas, bisexuales y transgénero.

Muchos de ellos todavía están en servicio activo y, asombrosamente, muchos están sirviendo con el conocimiento de sus pares, algunas veces hasta con el conocimiento de sus comandantes, y todo sin problemas.

De hecho, en el estudio reciente del Pentágono sobre la ley “no pregunte, no diga”, 69% de los soldados en servicio activo dijeron que ellos sabían que estaban trabajando con homosexuales en su propia unidad y, de ellos, 92% dijeron que eso no era un problema.

Y hasta entre los batallones de combate, de 85% a 90% de los que conocían a algún compañero homosexual dijeron que no había problemas. Para mí, estos hechos refutan completamente el supuesto que servía de fundamento a la ley “no pregunte, no diga”, de que cualquier homosexual conocido en una unidad perjudicaría la moral de la unidad, su cohesión y su preparación para el combate.

Pero, esa pelea ya terminó. Tal como lo dijo de manera tan elocuente el Presidente Obama, “No somos una nación que dice, ‘no preguntes, no digas’. Somos una nación que dice, ‘De muchos, formamos uno solo’. Somos una nación que le da la bienvenida al servicio de todo patriota. Somos una nación que cree que todos los hombres y mujeres fueron creados iguales”.

Mientras reflexiono sobre los años de mi jubilación que he pasado luchando contra esta ley, me reconforta saber que el final de la ley “no preguntes, no digas” permitirá a los homosexuales estadounidenses, hombres y mujeres, servir a su país con la misma dignidad y honor que sus colegas heterosexuales.

Y junto con mis colegas veteranos que trabajaron tan incansablemente para lograr esta meta, me siento orgulloso de haber contribuido a marcar este hito en la historia de las fuerzas armadas estadounidenses.

¿Qué

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.

Siguiente Artículo

Lea Esto