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Entrevista con Wendy Lustbader sobre cómo ‘mejora la vida’

Envejecer puede resultar muy gratificante.

In English | No es que Wendy Lustbader no sea consciente de los desafíos de la edad, que van desde la soledad hasta las dolencias físicas. Es sólo que piensa que los placeres de la juventud están sobrevaluados, y los beneficios psicológicos que obtienen las personas de mediana edad, y más allá de esa edad, reciben muy poca atención.

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Women enjoying each other's company on lounge chairs - Interview Wendy Lustbader, author of Life Gets Better: The Unexpected Pleasures of Growing Older

Foto por Tim Pannell/Corbis

La autora Wendy Lustbader escribe que la calidad de vida mejora con la edad y la sabiduría.

Con Life Gets Better: The Unexpected Pleasures of Growing Older (La vida mejora: Los inesperados placeres de envejecer), esta trabajadora social de 57 años, especialista en gerontología, profesora y autora, intenta darle un giro positivo al debate cultural sobre el envejecimiento. Recurriendo a sus propias experiencias, a las de sus clientes y amigos, así como a otras fuentes, Lustbader sostiene que el florecimiento de “libertades interiores” puede hacer que envejecer resulte sorprendentemente gratificante.

Según ella, su nuevo libro está pensado como “una compensación a los estereotipos negativos y ridículos acerca del envejecimiento que coaccionan el espíritu de la gente”. En una prosa llena de lirismo y reflexión, explica los efectos de la gratitud, las pérdidas, la espiritualidad y la generosidad, y destaca la importancia de buscar desafíos nuevos y relaciones íntimas. “La respuesta a la muerte”, escribe, “es vivir con más ganas”.

AARP Bulletin habló con Lustbader sobre Life Gets Better.

P. ¿Qué la llevó a escribir este libro?

R. Pasé los últimos 30 años de mi vida en compañía de adultos mayores. Fueron las historias acerca de cómo sus vidas mejoraron internamente a medida que fueron envejeciendo lo que verdaderamente me impresionó. Otra fuente de inspiración fue la hermosa vitalidad que pude ver en personas mayores que, incluso con serias limitaciones físicas, eran capaces de sacar el máximo provecho de la vida.

Siguiente: Los mitos sobre el envejecimiento. »

P. Usted observa que, para algunas personas más jóvenes, parecería que “la última etapa de la vida está compuesta de interludios entre un desastre y otro”. ¿No hay algo de verdad en esto?

R. Es cierto que los mayores sufren más a medida que las personas de su misma edad comienzan a morirse, y los problemas físicos son reales y difíciles de manejar. Pero lo que no podemos ver es lo que resulta más interesante. No podemos ver cómo crecen en confianza, en su comprensión de la vida, y aun en la capacidad de sobrellevar los momentos difíciles. Tampoco vemos cómo la vida se vuelve más y más preciada a medida que tomamos más conciencia del final, y así vivimos de un modo más vibrante.

P. ¿Qué otros conceptos equivocados existen acerca del envejecimiento?

R. Las personas más jóvenes creen que los adultos mayores no tienen sexo, y ese es un gran mito (enlace en inglés). Hay mucha actividad sexual y mucho placer ligado a la misma. Si logramos estar con una misma pareja durante mucho tiempo, la intimidad se torna más dulce. Otros conceptos equivocados son bastante amplios: las personas más jóvenes creen que no es nada interesante ser mayor, cuando en realidad es una etapa de la vida muy vital. Las personas mayores son las que están listas para vivir sus sueños.

P. ¿Cuáles son algunos otros beneficios psicológicos de envejecer?

R. Nos volvemos más selectivos a la hora de elegir cómo gastamos nuestro tiempo y nuestra energía. Y hacemos más lo que queremos. Tenemos mucha más libertad, porque no nos comparamos con los demás como hacíamos cuando éramos más jóvenes.

Siguiente: Los efectos de los problemas financieros. »

P. ¿No se sienten más desilusionados o más tristes algunos adultos mayores?

R. Eso es algo importante para tener en cuenta: la vida no mejora para todos. Y las dos grandes excepciones son las personas terriblemente egocéntricas y las que están atrapadas en las desviaciones del alcoholismo o las drogas. Las que están atrapadas en su egocentrismo se pierden la oportunidad de crecer a medida que envejecen. En realidad, algunas personas egocéntricas llegan a experimentar una apertura de su corazón debido a los pesares y a las crisis físicas. Esas son algunas de las mayores fuerzas de cambio. Hasta los alcohólicos y drogadictos tienen la oportunidad de superar sus adicciones, incluso más allá de los 60, 70 u 80 años.

P. ¿Podría la mala salud neutralizar otros beneficios?

R. Esta es una de esas paradojas. En el libro hay un buen ejemplo: una mujer que estaba perdiendo la vista y se sentía extremadamente triste ofreció una fiesta para regalarles a sus amigos todos sus libros. Algunos de esos amigos se ofrecieron a ir a su casa una vez a la semana a leerle. Y esto se convirtió en la maravillosa experiencia de una nueva forma de intimidad.

P. ¿Qué pasa con los efectos de los problemas financieros?

R. Lo que determina nuestra felicidad no son los problemas financieros, sino cómo manejamos las situaciones que nos tocan vivir. Aun cuando uno tenga un ingreso muy limitado, esto no se equipara con la infelicidad. Esto se confirma en la investigación. Y la mayoría de la gente con la que trabajé a lo largo de los años eran personas de bajos ingresos. No estoy intentando tomar a la ligera lo duro que es vivir con medios limitados. Hay que tener creatividad y agallas.

P. Su libro sugiere que las buenas relaciones son más valiosas que los logros mundanos. ¿Esto es cierto para todos?

R. Para todos. Todavía no he encontrado una excepción, y eso que he estado con mucha gente, incluso en su lecho de muerte.

Siguiente: ¿Cómo se puede envejecer con elegancia? »

P. Y, sin embargo, en la víspera de una operación de corazón potencialmente fatal, mi padre me dijo que lamentaba una sola cosa: que su trabajo, en el campo de la física, no hubiera logrado más reconocimiento.

R. No es que nuestro aporte al mundo no sea importante; de hecho, esta sensación de dejar un legado se torna cada vez más importante a medida que envejecemos. Existe una tremenda necesidad de aportar a la comunidad de uno, algo que vamos a ver con los baby boomers más que nunca.

P. En la vejez puede resultar difícil tener relaciones íntimas, especialmente para las mujeres. ¿No es la soledad un verdadero problema?

R. Mi mamá vivía en una comunidad integrada por casi todas mujeres, de modo que estaba tremendamente sola. Y se enamoró de un hombre llamado Mel. Mel había enviudado hacía poco y no podía ser feliz. Mamá lo llevó a un baile y le dijo: “Es hora de que salgas de tu encierro y vivas”. No quería convertirse en otra de las tantas que intentaban conquistarlo. Ahí fue cuando tuvo un derrame cerebral, y Mel la sostuvo en sus brazos. Mamá murió esa noche. Cuando lo vi, Mel me dijo: “Tu madre murió siendo una mujer íntegra”. Mamá era egocéntrica. Durante los últimos años de su vida comenzó a superar eso. Y culminó esa última noche que vivió.

P. Pero el problema no está resuelto si sólo puedes lograr que un hombre te abrace cuando estás teniendo un derrame cerebral.

R. [Se ríe.] Es difícil llegar a establecer una relación. Hay muchísima soledad, en especial entre las mujeres. Los hombres pueden darse vuelta y tener a una mujer en un segundo —lo cual es totalmente injusto—, porque las mujeres viven más. Un consuelo es que algunas mujeres están comenzando a darse cuenta de lo mucho que se pueden divertir con sus amigas en lugar de volcar toda su atención en conseguir un hombre.

P. ¿Hay algún plan de acción que nos ayude a envejecer con elegancia?

R. Sería esperanzador que, primero y principal, analizáramos cómo nosotros mismos discriminamos a la gente por su edad. Cuando veo a alguien de 80 años con un andador, ¿miro para otro lado? ¿Me siento, siquiera, interesado por esa persona? ¿Hago conjeturas a partir de su apariencia o estoy dispuesto a recordar que la apariencia no dice casi nada acerca de una persona?

P. ¿Cómo contrarresta esos prejuicios?

R. Desafié a mi abuela, que no quería ir a un centro para adultos mayores y estar cerca de “toda esa gente vieja”. Le dije: “Podría haber otras personas llenas de vida como tú disfrazadas de personas mayores”. Fue y encontró cuatro personas que estaban fabulosamente vivas y que eran maravillosas. A medida que envejecemos, nos volvemos más y más diferentes unos de otros, porque nos volvemos cada vez más nosotros mismos. Tenemos que abrir los ojos y vernos los unos a los otros.

P. ¿Algo más que debamos hacer?

R. Si prestamos atención a los aspectos más agradables de la vida —de modo de saber quiénes somos, cómo queremos vivir, qué cosas son importantes para nosotros—, eso nos ayudará a no concentrarnos en las cosas difíciles.

Julia M. Klein es crítica y periodista cultural en Filadelfia y redactora para Columbia Journalism Review.

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