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Jubilados ¡y encantados de serlo!

Los adultos mayores nos cuentan por qué disfrutan de su vida como jubilados.

In English | Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando la palabra jubilación no se relacionaba inmediatamente con la expresión “¡Ni lo sueñes!” Para muchos, esta terrible economía ha hecho que el sueño de verse en una hamaca en su jubilación parezca inalcanzable: el colapso de la bolsa de valores arrasó con hasta el 50% del promedio de las cuentas de jubilación. Aun así, millones de estadounidenses aún gozan de una tranquila jubilación y continúan prosperando a pesar de este desastre; aunque muchos otros están sucumbiendo en medio de la confusión. A continuación, se presentan algunos testimonios de jubilados que demuestran que unas vacaciones permanentes muy merecidas se pueden lograr de muchas maneras, independientemente del nivel económico.

Lois Jackson
Washington, D.C.
Edad: 66
Año de jubilación: 2005

Luego de décadas de mucho trabajo como ejecutiva en IBM, Lois Jackson ha cambiado la gerencia por los claveles que planta en su jardín. Cuando dejó el mercado laboral, “no tenía otros ahorros”, confiesa. “Tenía un trabajo muy bueno, pero absorbente”.

 “Gozo de una jubilación tranquila”.

Lois deseaba un plan de jubilación que le permitiera descubrir nuevas inquietudes, y lograr ese equilibrio económico tan difícil. Antes de jubilarse, comenzó a ahorrar más y eliminar deudas. Para simplificar su vida, vendió su casa en las afueras de Connecticut y se mudó a Washington, D.C., de manera de estar cerca de algunos amigos ajenos a IBM. “Aunque tuviera una muy buena pensión, sabía que tendría que hacer algunos cambios”, dice. Asistió a clases de yoga, ordenó su casa y se decidió a mejorar su salud con largas caminatas y el gimnasio. Actualmente, dirige el grupo local de apoyo a la disfonía espasmódica, una afección a la voz que ella sufre.

Resolución preferida para alejar las preocupaciones: “Controlo mis gastos: no viajo tanto, mi guardarropa es anticuado y ¡mi carné de la biblioteca ha estado bastante activo!”

Lo que hubiera deseado que alguien me hubiera dicho antes: “Es tan fácil verse lleno de compromisos. Pero, luego de varios años he aprendido a decir ‘No’, o mejor aún: ‘No en este momento’”.

El secreto para la felicidad: “Estar dispuesta a probar actividades nuevas. Estoy estudiando español. Toco el piano, y no necesito ser tan buena como para dar un concierto; sólo me quiero divertir”.

Mary Sullivan y Jerry Shea
Cambria, California
Edades: 69, 67, respectivamente
Año de jubilación: 2009

La recesión puso en marcha la jubilación de Mary y Jerry, y, hasta el momento, no podrían estar más felices. Cuando se vino abajo el mercado inmobiliario de California, tuvieron que cerrar su negocio de propiedades. Pero disponían de algo de dinero de la venta de una cafetería de su propiedad, dos años antes. Además, Jerry había invertido en jubilaciones privadas durante casi toda su vida, y la pareja espera obtener buenas ganancias cuando vendan su casa, muy pronto. Luego viene la parte divertida: van a salir a recorrer los caminos en la casa rodante que compraron con la venta de la cafetería.

Actualmente piensan viajar durante cinco años y recorrer el país de lado a lado y restablecer el contacto con viejos amigos y visitar a sus cuatro hijos, que están bien esparcidos, “mientras gocemos de buena salud”, dice Mary.

“Luego, veremos. Quizá queramos parar, pero nos hemos encontrado con gente de 85 años, ¡que han estado viajando durante los últimos 20 años!”

Por supuesto que la recesión ha obligado a realizar algunos ajustes. “Vivimos de inversiones y de nuestro Seguro Social, y han sufrido un gran impacto”, dice Jerry. “Pero pienso: ‘Es lo que he ganado’ ".

Ni siquiera los fuertes incrementos en los precios de la gasolina han sacudido la confianza de la pareja. “Seguro, el vehículo rinde entre 6,5 y 8 millas por galón. Pero, lo que la gente no se imagina es que, cuando viajamos, permanecemos estacionados durante dos o tres semanas; no es como manejar al trabajo todos los días”.

Resolución preferida para alejar las preocupaciones: “No nos hacemos problemas. Si algo pasa, lo afrontamos”, dice Jerry. Y Mary agrega: “No sacamos más del cuatro por ciento por año de nuestras cuentas personales de jubilación”.

Lo que hubieramos deseado que alguien nos hubiera dicho antes: “Que hasta que uno efectivamente se jubila, no puede captar lo que significa”, dice Jerry. “Repentinamente, el tiempo se evapora. Lunes y martes pierden sentido. Es bueno, pero puede desorientar”.

El secreto para la felicidad: “La comunicación”, dice Jerry. “Si no son francas, dos personas en una casa rodante podrían llegar a matarse”.

Bette Longden
Portland, Oregón
Edad: 67
Año de jubilación: 2006

Si usted cree que necesitará mucho dinero para disfrutar la jubilación, visite a Bette Longden. Vive en una casa dependiente del Housing and Urban Development (Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano) sin otro ingreso que su cheque del Seguro Social, y ha aprovechado su jubilación para mostrar su lado creativo: escribió una obra dramática para una sola actriz y la representa en los centros para personas mayores del municipio, en las noches cuando el micrófono está a disposición del público.

Antes de jubilarse en 2006, luego de una carrera como secretaria, intercalada con tareas de niñera trotamundos, había incursionado en grupos teatrales pequeños. “Pero, cuando me jubilé —dice—, finalmente dispuse de tiempo para dedicarme de lleno a esto”.

Así fue como Bette (su madre la llamó así por Bette Davis) tomó clases de actuación en un instituto de su localidad y escribió una obra de 12 minutos que extrajo, en parte, de su propia vida.

Resolución preferida para alejar las preocupaciones: “Tengo una pequeña reserva de dinero y paso gran parte del tiempo agradeciendo lo que tengo, como mi maravilloso hijo y mis nietos. Tengo comida y una cama abrigada. En comparación con mucha gente, soy afortunada”.

Lo que hubiera deseado que alguien me hubiera dicho antes: “Lo bien que se siente al dormir hasta las 9 de la mañana todos los días; ¡estuve levantándome a las 6 durante 45 años!”.

El  secreto de la felicidad: “Si estoy deprimida, hago algo por los demás”.

Kathy y Bob Pohly
Pagosa Springs, Colorado
Edades: 57, 61, respectivamente
Año de jubilación: 2010, 2008, respectivamente

Para el matrimonio Pohly, la jubilación debería haber sido como una recta interminable de una pista de esquí. Casados durante 10 años, con seis hijos, entre los dos, de matrimonios anteriores, ambos han seguido los consejos de los planificadores financieros minuciosamente. “Ahorramos lo máximo en nuestras cuentas personales de jubilación (IRA) y de nuestros planes 401(k)”, dice Bob. “Me jubilé de una compañía de telecomunicaciones en 2001 con una pequeña pensión; luego, tomé un puesto de vicepresidente de una organización sin fines de lucro. Y, construimos nuestra casa soñada en las montañas San Juan. Me jubilé completamente en enero de 2008, pensamos que estábamos listos”.

Pero ese otoño, todo cambió. “De la noche a la mañana, nuestros ahorros cayeron un 40%”, agrega.

“El mercado se desmoronó, pero estamos bien”.

Bob y Kathy estuvieron atónitos los meses siguientes. Luego, empezaron a ver la verdadera dimensión de la situación; pero, gracias a que estaban preparados, incluso ante semejante baja, “nos dimos cuenta de que estaríamos bien”, dice Bob. “Hacemos verificaciones periódicas con nuestro planificador financiero. Él nos asegura que pasaremos bien nuestros 80”. Para Bob, las oportunidades locales para esquiar, pescar y practicar golf son ilimitadas. Kathy anhela hacer más ejercicio y buscar alguna ocupación como voluntaria, cuando se jubile, en julio, del empleo que ejerce desde su casa para Wells Fargo.

Resolución preferida para alejar las preocupaciones: “Tratamos de ser agradecidos”, dice Bob. “Sabemos que hay familias cuyas hipotecas están siendo ejecutadas”.

Lo que nos hubiera gustado que alguien nos hubiera dicho antes: “Temía que fuera aburrido”, dice Bob. “Pero con mi grupo de esquí y el voluntariado, casi siempre me siento más ocupado que cuando trabajaba”.

El secreto de la felicidad: “Hacemos las cosas que disfrutamos”, dice Bob. “Actividades al aire libre o visitar amigos”.

Obie Thompson
Houston, Texas
Edad: 53
Año de Jubilación: 2003

Obie Thompson está enfrentando la jubilación en dos fases, tras 30 años de desempeñarse como maestro. Fase I: “Hago lo que quiero, cuando quiero, durante un año entero”. Esto comprende levantarse temprano, leer el diario por internet, caminar dos millas y media, y, después, dirigirse a Starbucks con una novela de John Grisham bajo el brazo. También incluye dictar dos clases sobre la Biblia en su iglesia, lo que constituye los cimientos para lo que espera que sea la Fase II: quiere encontrar un empleo como capellán. Se ordenó hace algunos años y espera ejercer en un hospital o una prisión. ***Respecto de haber dejado la enseñanza, dice: “Sabía que había llegado la hora. Quería iniciar el segundo capítulo de mi vida mientras tuviese energía y buena salud”.

Resolución preferida para alejar las preocupaciones: “Medito todas las mañanas. No evito las noticias, aunque quizá debiera hacerlo un poco. Me reúno con mi planificador financiero trimestralmente para asegurarme de que todo va bien”.

Lo que hubiera deseado que alguien me hubiera dicho antes: “Que los primeros días serían un poco raros. Una mañana llegué a levantarme y salir para el trabajo, me tuve que recordar: ‘¡Estás jubilado!’”.

El secreto de la felicidad: “Tengo un plan alternativo: me gustaría dictar cursos para adultos que no terminaron la escuela secundaria en una institución educativa municipal, si es que me aburro en los próximos seis meses”.

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