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Nuevos programas capacitan a adultos mayores para empleos en manufactura

AARP colabora con universidades comunitarias en Connecticut, Florida y Massachusetts para ofrecer cursos asequibles.

Un hombre mayor y un adolescente en un trabajo con tapabocas y protectores visuales

CORTESÍA DE QUINSIGAMOND COMMUNITY COLLEGE

En el laboratorio de tecnologías avanzadas de Quinsigamond Community College, dos estudiantes aprenden a operar un robot industrial.

In English | Cajas del tamaño de saleros, llenas de bolitas de plástico de colores, se deslizan por una cinta transportadora abarrotada de motores, sensores y lectores de códigos de barras, hasta llegar a unos brazos robóticos que las levantan y las clasifican, siguiendo las instrucciones introducidas en un teclado de pantalla táctil.

Se trata de una variante moderna de la tradicional línea de ensamblaje ruidosa, sofocante y a menudo perjudicial para la espalda, pero esta versión se encuentra en el impecable laboratorio industrial de robótica de Quinsigamond Community College, en Worcester, Massachusetts.

Y la universidad comunitaria, como parte de un programa en colaboración con AARP que también se está implementando en modalidad piloto en Connecticut y Florida, espera que el laboratorio pronto esté lleno de adultos mayores de 50 años que desean cambiar de carrera o reintegrarse a la fuerza laboral.

La idea es ayudar a los trabajadores mayores y a las personas jubiladas a encontrar empleos nuevos con salarios altos, y suplir a la vez la enorme escasez de mano de obra que existe en el sector de manufactura avanzada.

"Si puedes hacer esto, encontrarás trabajo”, dice Damian Kieran, que enseña tecnología de manufactura en Quinsigamond, y añade que él y sus colegas reciben llamadas varias veces a la semana de empleadores que necesitan trabajadores.


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Se calcula que para el 2028 habrá que cubrir 4.6 millones de puestos de trabajo en manufactura avanzada, según la empresa de consultoría Deloitte, la cual estima que, de continuar las tendencias actuales, la industria encontrará menos de la mitad de esa cantidad de personas.

Este déficit existe a pesar de que los trabajadores de la industria manufacturera ganan un promedio de $61,700 al año, según la Oficina de Estadísticas Laborales.

"Son empleos bien remunerados”, señala Lee Duerden, profesor adjunto de tecnología de manufactura de Quinsigamond y coordinador del Programa de Tecnología de Manufactura de la institución.

Existe una alta demanda de trabajadores en varios estados

Según cifras estatales, en Connecticut hay aproximadamente 6,000 puestos vacantes en manufactura. El estado cuenta con 4,100 empresas manufactureras, entre ellas Pratt & Whitney, Sikorsky y Electric Boat.

Los fabricantes en Florida —incluidos Raytheon, Honeywell y Northrop Grumman— emplean a 360,500 personas, según el Departamento de Oportunidades Económicas de Florida, y el estado se está recuperando rápidamente de una disminución en los empleos en manufactura causada por la pandemia de COVID-19.

En Massachusetts había 6,185 puestos vacantes en junio para trabajadores del sector de producción manufacturera, técnicos de producción y operarios de maquinarias, según la empresa de análisis del mercado laboral Emsi Burning Glass.

El campus de Quinsigamond, ubicado en una colina sobre el vecindario de Greendale en Worcester, está rodeado de fábricas de ladrillo rojo convertidas en su mayor parte en instalaciones de manufactura avanzada. Uno de cada 4 empleos en el área es en el sector manufacturero, superado únicamente por el número de empleos en el campo de la atención médica, indica la junta de fuerza laboral local.

"No tenemos empresas anticuadas con poca tecnología”, dice Kelley French, directora adjunta de la North Central Workforce Board. “Tenemos mucho maquinado manual, creación de prototipos y grandes fabricantes".

Aunque la industria manufacturera en Estados Unidos está creciendo, una cuarta parte de su fuerza laboral está integrada por personas mayores de 55 años, informa el Manufacturing Institute. Casi todos los miembros del instituto que respondieron a una encuesta dijeron que les preocupa especialmente perder empleados con experiencia institucional cuando estos se jubilen.

Esa es una de las principales razones por las que los empleadores “solicitan en particular estudiantes mayores”, observa Kathie Manning, decana del Center for Workforce Development and Continuing Education de Quinsigamond.

"Los estudiantes de más edad suelen ser nuestros mejores alumnos”, dice Kieran. “Aportan ética laboral y una actitud positiva. Y si tienen experiencia, pueden avanzar rápidamente".

Algunos programas ofrecen ayuda económica a los estudiantes mayores para pagar los cursos

En Florida, los estudiantes de 50 años o más recibirán los tres primeros cursos y una certificación gratis como parte de una colaboración entre AARP y St. Petersburg College (en inglés), un programa suscrito por el Departamento de Oportunidades Económicas. Normalmente, cada curso cuesta $199, y una certificación cuesta $50. Los libros y los materiales de los cursos también están cubiertos, junto con el asesoramiento profesional a través del centro de educación superior.

Los residentes de Connecticut de 50 años o más, así como aquellos de cualquier edad que reúnen los requisitos por su nivel de ingresos o por estar desempleados, pueden recibir becas para participar en programas de manufactura en las instituciones públicas de educación superior del estado. Los socios de AARP Connecticut (en inglés) también pueden recibir descuentos en la matrícula en varias universidades e instituciones académicas privadas.

La mayoría de las personas que buscan empleo en el sector de manufactura avanzada solo necesitan un certificado, no necesariamente un título. Además, las universidades comunitarias generalmente conceden créditos por experiencia de vida, lo cual acelera aún más el proceso.

"La idea es enseñar lo que el estudiante necesita aprender en vez de comenzar de cero. Todo lo demás ya lo saben", explica Jacob Longacre, profesor adjunto de tecnología de ingeniería electrónica en Quinsigamond.

"Los estudiantes de más edad suelen ser nuestros mejores alumnos. Aportan ética laboral y una actitud positiva. Y si tienen experiencia, pueden avanzar rápidamente".

— Damian Kieran

El presidente de Quinsigamond, Luis Pedraja, señala que en una universidad comunitaria “se puede crear una credencial en mucho menos tiempo".

Es especialmente importante acelerar el proceso de capacitación para los trabajadores mayores, dice Christopher Cain, gerente de proyectos de subvenciones de tecnología de ingeniería en St. Petersburg College. “Cuando las personas han llegado a esta etapa de su vida, necesitan obtener lo que necesitan y seguir adelante”.

Una carrera abierta a los trabajadores mayores

Otros problemas que a veces enfrentan los empleados mayores de 50 años, como la discriminación por edad, suelen ser menos serios en la industria manufacturera, según explican personas que trabajan en ese campo y quienes defienden los derechos de los trabajadores mayores. Y añaden que los fabricantes están deseosos de llenar las vacantes.

"He conocido empleadores que son muy flexibles”, señala Chris DiPentima, presidente y director ejecutivo de la Connecticut Business and Industry Association y expresidente de división de una empresa aeroespacial que operaba instalaciones manufactureras en Estados Unidos y en el extranjero.

"Nunca me pregunté cuál sería el costo de su atención médica en comparación con el resto de mis empleados”, explica DiPentima. "Eso nunca me preocupó, y tampoco he oído a ningún fabricante mencionarlo. A decir verdad, he observado precisamente lo contrario".

Eso se debe —afirman él y otros— a que todo eso se compensa con la experiencia que los trabajadores mayores aportan a un sector que necesita personas que resuelvan problemas y que sean capaces de solucionar dificultades en el proceso de producción, sin demoras ni interrupciones.

"Tienen la experiencia práctica, pero también poseen la actitud necesaria, algo que se ha vuelto cada vez más importante para los fabricantes en la última década”, señala DiPentima. Los empleadores “buscan personas que se presenten a trabajar cada día, que sean puntuales y que estén dispuestas a trabajar en equipo".

Estas son cualidades esenciales que los trabajadores mayores ya poseen, indica Jeff Johnson, director estatal de AARP Florida. “Lo que nos dicen los empleadores es que los trabajadores mayores que tienen más experiencia laboral entienden mejor lo que significa ser un buen trabajador".

Pero aunque los fabricantes tienen una excelente opinión de las personas mayores de 50 años, deben superar la percepción negativa que algunos empleados potenciales tienen sobre la industria manufacturera.

"Creo que las personas no piensan en la manufactura” como una carrera, dice French. “No es algo que tengan presente".

Muchas personas piensan que las fábricas son lugares oscuros, sucios y lúgubres, añade DiPentima. Pero en realidad, dice, las instalaciones de producción de hoy en día son “eficientes, ecológicas y limpias” y se parecen más a centros informáticos que a las plantas de explotación laboral del pasado donde se marcaba la hora de entrada y salida.

"El interés existe, la necesidad existe, y lo único que hace falta es cambiar las percepciones”, indica Kara Cohen, gerente de alcance comunitario y participación de voluntarios de AARP Massachusetts.

Los jubilados pueden ser instructores

Mientras continúan los esfuerzos para superar estas percepciones, las iniciativas para aumentar el suministro de trabajadores enfrentan otro obstáculo: la falta de instructores.

Esto ha abierto una nueva vía de colaboración para AARP, concretamente el reclutamiento de profesionales de manufactura jubilados para que enseñen en las aulas.

"Lo más difícil es encontrar instructores cualificados”, dice Cain.

Quinsigamond y Mount Wachusett Community College, en Gardner, Massachusetts, están capacitando a seis extrabajadores del sector de manufactura avanzada para que se desempeñen como instructores.

En Connecticut, AARP está ayudando a reclutar a personas jubiladas como instructoras para programas de manufactura avanzada en universidades e instituciones de enseñanza superior, tanto públicas como privadas. Nora Duncan, directora estatal de AARP Connecticut, recuerda que durante una sesión informativa “uno de los participantes era el candidato perfecto y todos se peleaban por él".

Ese tipo de personas “son excelentes instructoras”, dice Richard DuPont, director de relaciones comunitarias y en el campus del Advanced Manufacturing Technology Center de Housatonic Community College, en Connecticut. “Se sienten muy cómodas en la carrera que hicieron en la manufactura. La mayoría fueron mentores en sus trabajos y son personas a quienes les gusta ayudar a otros a avanzar en sus vidas".


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Bruce Fisher, un técnico de asistencia técnica sénior jubilado de una empresa que fabrica repuestos para clientes de los sectores aeroespacial, médico y automotriz, leyó sobre los esfuerzos de AARP para cubrir esa demanda y acabó aceptando un empleo como instructor de soldadura y técnico de laboratorio en Goodwin University, una universidad privada en East Hartford.

"Pienso que lo que yo contribuyo es, en primer lugar, mis conocimientos en el sector manufacturero, pero también me identifico con estos estudiantes como si estuviera trabajando con ellos en un taller”, explica Fisher, de 67 años.

Mike Edwards, que fue supervisor de producción en el sector de manufactura aeroespacial, había dejado su empleo debido a la pandemia de coronavirus. Fue entonces cuando vio un anuncio de AARP que lo llevó a convertirse en coordinador de instrucción en Manufacturing Alliance Service Corp., un programa de capacitación sin fines de lucro en Waterbury, Connecticut.

"Este es el lugar al que las personas mayores de 50 años que están jubiladas o quieren iniciar una nueva etapa en su vida pueden acudir y aplicar sus años de conocimientos sobre los procesos y procedimientos de manufactura, a la vez que entregan algo de mano de obra básica a una fuerza laboral que está muy necesitada de trabajadores en estos momentos”, dice Edwards, de 53 años.

De nuevo en el campus de Quinsigamond, los instructores muestran con orgullo el laboratorio de fabricación, o "Fab Lab", donde los estudiantes usan diseño asistido por computadora, impresoras 3D, cortadoras láser, máquinas de moldeo por inyección y otras herramientas para fabricar productos que se exhiben a los transeúntes a través de grandes ventanales.

Los estudiantes aprenden a realizar mediciones de precisión en otro edificio que pronto será renovado y también tendrá ventanales por los cuales podrán verse los futuros laboratorios de robótica e inteligencia artificial.

"Para nosotros, es como pescar”, dice Duerden. “Queremos atraer a los estudiantes".

Jon Marcus es un escritor colaborador de AARP. Ha escrito para The Washington PostThe New York TimesThe Boston Globe, Wired, Medium.com y la revista Times (U.K.) Higher Education, entre otras publicaciones.

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