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Fuera de este mundo

Cohetes de plasma a Marte. Puestos de avanzada internacionales en la luna. Vuelos de investigación y laboratorios en órbita. La misión de los astronautas hispanos es, literalmente, salvar el mundo.

Los astronautas que salen de los confines del mundo conocido en transbordadores espaciales como el Explorer, el Discovery, el Atlantis y el Endeavour conocen exactamente qué sintieron los tripulantes de la Niña, la Pinta y la Santa María.

“El afán de exploración es la razón por la cual soy astronauta —indica Carlos Noriega, nacido en Perú y criado en California—. Está en la naturaleza humana querer saber lo que hay a la vuelta de la esquina, y ayudaremos a la humanidad a descubrirlo.”

Noriega, de 49 años, es uno de los cada vez más astronautas y científicos hispanos que desempeñan papeles fundamentales a medida que la NASA (la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio) revitaliza su programa de exploración espacial, planeando nuevas y ambiciosas misiones tripuladas a la luna y a Marte dentro de la próxima década.

Hay mucho más en juego que avances en ciencia y tecnología. “El gran objetivo —señala el astronauta José Hernández— es comprender cómo funciona nuestro planeta, mirarlo desde afuera, controlar el clima, observar qué extremos se avecinan para poder prepararnos para enfrentarlos."  

De hecho, Franklin Chang-Díaz, científico y ex astronauta con siete misiones espaciales en su haber —un récord igualado sólo por un astronauta más—, cree que el verdadero objetivo del programa es nada menos que la supervivencia de la humanidad. Considera que el espacio exterior es el lugar donde vivirán muchos de nuestros descendientes. “La tierra está superpoblada —señala Chang-Díaz, el primer astronauta hispano estadounidense—. Si no hacemos algo pronto, podría resultar demasiado tarde.”

En una coyuntura crítica
Factores más inmediatos están presionando a la NASA para que establezca su programa de exploración espacial. Para 2010, el Space Shuttle Program (programa del  transbordador espacial) de EE. UU. terminará, algo que el astronauta nacido en Madrid Miguel Lopez-Alegria denomina un momento crítico para “el orgullo y la dirigencia nacional. EE. UU. no podrá acceder al espacio —señala—. No habrá más transbordador espacial después de 2010. La Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) durará hasta 2015 ó 2020”.

Por eso, la NASA está preparando la próxima generación de vehículos espaciales a través de Constellation, un programa orientado a devolvernos a la luna para 2020, y a Marte, muy poco tiempo después. Como subdirectora del Johnson Space Center, de la NASA en Houston, la astronauta, inventora y científica Ellen Ochoa está preparada para desempeñar un gran papel en esa aventura.

La primera tarea de Constellation, que Ochoa espera que comience en 2015, será llevar astronautas estadounidenses y extranjeros a la Estación Espacial Internacional, un laboratorio y hogar en órbita en el espacio para los que se encuentren en misiones prolongadas.

Pero “el punto clave es ir más allá de la estación espacial e introducirse en la órbita lunar —indicó Ochoa, de 51 años, durante la 2009 Joint Annual Conference of the National Society of Black Physicists and the National Society of Hispanic Physicists. [Escuche a Ochoa hablar en la conferencia.]  

Eso sucederá en la segunda etapa del programa Constellation. Entre 2020 y 2025, está previsto que un equipo de cuatro personas alunice para permanecer allí durante un período prolongado, a fin de “prepararse para vivir en el espacio durante todo el tiempo que sea necesario cuando vayan a Marte”, expresa Noriega. Se quedarán en un puesto de avanzada internacional en el polo sur de la luna, en donde 14 días de luz solar son seguidos de 14 días de oscuridad.

La enorme tarea de asegurarse de que nada salga mal depende, en gran medida, de Noriega. Como director de la Safety, Reliability, and Quality Assurance Office of the Constellation Program, en el Johnson Space Center, “mi tarea es asegurar que los vuelos espaciales sean realizados con las mayores probabilidades de éxito”, indica.

Constellation puede ser el plan de la NASA para dar el próximo paso en el espacio; pero Franklin Chang-Díaz podría simplemente darle a todo un empuje cuántico con lo que denomina “el cohete del futuro”: el VASIMR, preparado para ser lanzado en 2012.

Chang-Díaz ha sido un fanático de la exploración extraterrestre desde el día en que la misma despegó de las historietas hacia la realidad. El astronauta y científico nacido en Costa Rica dirigió el Advanced Space Propulsion Laboratory del Johnson Space Center desde 1993 hasta 2005, año en que dejó la NASA para fundar la empresa Ad Astra Rocket Company, con base en Houston, dedicada a desarrollar tecnología avanzada para transbordadores espaciales.

El sistema VASIMR (Variable Specific Impulse Magnetoplasma Rocket), de Ad Astra, que funciona a base de plasma, será intrínsecamente diferente de los cohetes usados por los transbordadores espaciales actuales, que consumen grandes cantidades de combustible químico y requieren, en consecuencia, enormes tanques de combustible. El VASIMR utiliza poco combustible propulsor, pero en lo que verdaderamente difiere es en la velocidad. “Un cohete químico requeriría siete meses para llegar a Marte;  uno de plasma, un mes”, afirma Chang-Díaz.

Un mundo cambiante
¿Adónde nos conducirá esta exploración? Algunos astronautas sugieren que podría llevarnos a un futuro más brillante. La estrecha cooperación entre naciones requerida para construir y operar estaciones espaciales en órbita ya ha modificado la dinámica desde los años de la Guerra Fría.

Noriega se convenció de eso mientras trabajaba en la estación espacial rusa MIR. “Un día, casi llegando al final de la misión, se encontraban el jefe ruso de MIR y el jefe estadounidense de la tripulación del transbordador bromeando y riéndose mientras el mundo seguía su curso —cuenta—. Habían sido pilotos de combate en lados opuestos del muro de Berlín. Podrían haber comenzado una guerra.”

La estrecha cooperación entre antiguos enemigos en la MIR y las estaciones espaciales internacionales “muestra que podemos trabajar juntos si queremos —dice Noriega—. Estaba orgulloso de formar parte de algo más grande que yo, más grande que la NASA, de hecho, más grande que el país mismo”.

Para Chang-Díaz existe una razón primordial por la cual las naciones deberían trabajar juntas para desarrollar viajes espaciales: dado que a la raza humana le va a quedar inevitablemente pequeño su único planeta, asegura: “Los humanos están destinados a poblar el espacio”.

“Y tal vez —agrega Hernández—, “dentro de mil años la gente dirá, ‘Hombre, qué fenomenal que esos primeros astronautas prepararon el camino.’”

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