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Tenga cuidado con lo que publica

La información personal publicada en internet puede jugarle una mala pasada.

Janet Dudley-Eshbach, presidente de la Universidad de Salisbury, en Maryland, regresó de unas vacaciones con su familia en México y, como muchas otras personas que tienen una cuenta de Facebook, publicó las fotografías del viaje en el sitio.

Una de las fotografías la mostraba apuntando con un palo a un hombre de origen hispano que abrazaba a su hija, quien es adulta. En la leyenda se leía: “Tuve que golpear a algunos mexicanos porque no paraban de flirtear con mi hija”. Otra foto hacía referencia a lo "bien dotado" que estaba un tapir. Una estación de televisión local publicó las fotografías, para vergüenza de la docente latinoamericana. Aunque las fotos no se consideraban de mal gusto, las leyendas ofendieron a algunas personas, incluidos algunos estudiantes de Salisbury.

Janet Dudley-Eshbach retiró las fotos y canceló su perfil de Facebook el mismo día en que se hizo pública la noticia, y explicó en un comunicado  que los pies de foto solo pretendían ser graciosos. “Muchos de nosotros recién estamos aprendiendo los aspectos positivos y negativos de las redes sociales públicas”, agregó.

La autopista de la información es demasiado amplia

Tal vez los usuarios necesiten una advertencia sobre sus derechos en la web antes de compartir sus reflexiones en internet: “Tenga cuidado con lo que publica. Todo lo que publique en internet puede ser usado en su contra”. Mucho se ha dicho sobre el robo de identidades en línea; sin embargo, personas de todas las clases sociales han perdido su carrera, reputación, matrimonios y, en algunos casos, incluso su libertad por participar en lo que consideraban tan solo una broma inofensiva o, como Janet Dudley-Eshbach, simplemente por compartir sus experiencias con parientes y amigos.

Nuestros pensamientos, acontecimientos recientes, información personal, fotografías e incluso nuestros trapos sucios ahora relucen libremente en internet. Para tener una idea del tamaño de esta carga digital, veamos los números. Según una encuesta realizada hace poco por la empresa de investigaciones de mercado Nielsen Online, de aproximadamente 1.600 millones de usuarios de internet que hay en el mundo, más del 67% visita sitios de redes sociales. Facebook, MySpace y Twitter son las más conocidas, pero existen cientos de sitios centrados en los intereses de los usuarios, tales como la búsqueda de compañeros de escuela, la fotografía, los juegos y otros pasatiempos.

Facebook se jacta de contar con más de 250 millones de participantes activos. A comienzos de 2009, la cantidad de hombres y mujeres de más de 55 años que se inscribieron en redes sociales experimentó un gran crecimiento en tan solo seis meses, un 175,3% y un 137,8%, respectivamente. Y es este grupo de edad el que probablemente tenga más que perder, teniendo en cuenta que ha dedicado mayor cantidad de años a establecer su reputación, activos financieros, estatus profesional y relaciones personales.

Fácil acceso

Como consecuencia no deseada del crecimiento explosivo de los sitios de redes sociales y comunidades en línea, personas totalmente desconocidas pueden indagar en sus ideas “privadas”, a menudo sin su conocimiento ni consentimiento. Aunque en muchos sitios es posible bloquear a algunos visitantes mediante la configuración de seguridad o interactuar utilizando un sobrenombre, los usuarios siguen siendo vulnerables a las personas que recaban información en internet, desde la policía hasta el crimen organizado o "hackers" malintencionados.

"Algunas personas no son concientes de lo increíblemente fácil que es obtener y difundir información en el ciberespacio”, afirma Steve Santorelli, ex detective de la unidad de delitos informáticos de Scotland Yard y actual director de Team Cymru, una asociación de investigadores sin fines de lucro con sede en Chicago dedicada a investigar a algunos de los grupos más conocidos que cometen delitos en internet.


“Incluso los sitios web cifrados no son totalmente seguros”, advierte y destaca que con la proliferación de spyware (programas espías que roban su información), programas de registro de teclado, malware (programas maliciosos que dañan su computadora) y software descifradores de contraseñas, nadie debe confiar en la privacidad de internet.

En internet, los delincuentes pueden crear una nueva identidad para acceder a su perfil de redes sociales, agrega Santorelli. “Cuando agrega a una persona como amigo, ¿qué certeza tiene de que esa persona es quien dice ser? ¿Qué impide que alguien se registre en Facebook o en otras redes sociales y cree una cuenta haciéndose pasar por otra persona?” [Vea también: “Scam Alert: False Friends on Facebook” (Alerta de fraude: falsos amigos en Facebook)].

A Caroline Fredrickson, ex directora de la oficina legislativa de Washington de la Unión Americana de Libertades Civiles, entidad que ejerce presión en el Congreso en relación con un sinnúmero de temas vinculados con la privacidad, le preocupa la forma en que los usuarios difunden de buena gana tanta información personal en el ciberespacio. El surgimiento de un conflicto entre nuestras identidades en internet y nuestras identidades reales es solo una cuestión de tiempo.

“Vivimos en un mundo muy diferente hoy en día”, señala ella. “Tal vez nunca podamos recuperar nuestra autonomía y privacidad”.

Consecuencias legales

Los tribunales estadounidenses están enviando una clara señal de que la privacidad no existe como tal en internet. Todo lo que publique puede utilizarse como prueba. Al igual que en un episodio moderno de La dimensión desconocida, está surgiendo un fenómeno extraño, en el que las personas parecen confiar más en un perfil digital que en la persona física.

El agente de policía de Nueva York Vaughan Ettienne lo aprendió duramente cuando lo citaron como testigo clave en un juicio reciente. Ettienne y su compañero vieron al acusado, un ex convicto, zigzaguear a través del tráfico en una motocicleta robada y lo detuvieron. Acusaron al ex convicto de tenencia de un arma cargada y una bolsa de municiones.

El acusado alegó que los dos policías lo habían golpeado y habían "plantado" el arma para justificar sus tres costillas rotas. El abogado defensor trató de desacreditar a Ettienne al citar algunos contenidos que había publicado en MySpace y Facebook. Ettiene había hecho comentarios sobre su humor “retorcido” el día anterior al arresto, y escribió que había visto la película Día de entrenamiento, protagonizada por Denzel Washington, algunas semanas antes “para recordar cómo es un procedimiento policial correcto”. El problema para Ettienne y el fiscal era que, en la película, el papel de Washington es el de un duro detective cuyos métodos para hacer cumplir la ley son cuestionables, si no, corruptos.

El acusado, que se encontraba en libertad condicional por una condena por robo, fue absuelto de las acusaciones más graves relacionadas con la tenencia de armas, y condenado por el delito menor de resistencia al arresto.

En una entrevista con el periódico The New York Times, Ettienne desestimó sus reflexiones en línea, a las que consideró "bravuconadas que los hombres dicen en un vestuario”. Según sus propias palabras, “Hay una diferencia entre tu identidad en línea y lo que efectivamente haces en la calle”.

En un litigio civil entablado en Toronto, un juez ordenó a un hombre divulgar el contenido de su perfil de Facebook, a pesar de que estaba limitado exclusivamente a sus amigos. El hombre, quien inició una acción judicial por lesiones como consecuencia de un accidente automovilístico, alega que como consecuencia del accidente su capacidad de disfrutar la vida se ha visto reducida. La defensa confía en que el perfil demuestre una verdad totalmente diferente.

Publicar mensajes maliciosos sobre una persona en un sitio de internet también puede costarle muy caro. Una mujer de Louisiana acusó a Sue Scheff —residente de Weston, Florida, de 47 años, quien administraba un servicio de recursos para el hogar destinados a padres de adolescentes con conflictos— de ser una “farsante” y una “estafadora”. Sue la demandó y recibió $11,3 millones en un juicio por difamación, una de las compensaciones más grandes concedidas en relación con publicaciones en internet. Sin embargo, afirma que, hasta el día de hoy, si se realiza una búsqueda en Google sobre su persona, los resultados continúan generando enlaces con comentarios extremadamente negativos.

Sue, quien ha relatado su experiencia en el libro Google Bomb (que se publicará en septiembre), afirma que absolutamente nadie es inmune a lo que le tocó vivir, y agrega que recibe constantemente mensajes de correo electrónico de otras víctimas.

 “Limite la cantidad de información que publica en internet”, recomienda. “Internet no es solo una herramienta educativa, puede ser también un arma letal”, agrega.

Daños profesionales y personales

Una publicación en el ciberespacio puede costarle el trabajo. Una alcaldesa de Oregón perdió su cargo cuando se publicaron en MySpace unas fotos que algunos consideraron demasiado sugestivas. Una profesora de una escuela secundaria de Texas debió renunciar cuando sus alumnos la vieron en algunas fotografías subidas de tono en Flickr, un sitio para compartir fotos en línea. Otras personas han perdido trabajos o posibilidades de ascensos por contenidos que publicaron en línea, en algunos casos, solo por prejuicio del responsable del proceso de selección. Una encuesta realizada en 2008 por el sitio de empleos en línea CareerBuilder.com reveló que uno de cada cinco gerentes de contrataciones admite utilizar los sitios de redes sociales para obtener información sobre los candidatos a un puesto, y que aproximadamente un tercio de los candidatos quedan descartados por los contenidos que publican en línea.

Y, aunque tal vez lo desconozcan, muchos usuarios de internet y de redes sociales pagan un precio muy alto por publicar información e imágenes. Algunos jóvenes han perdido la posibilidad de acceder a becas universitarias por aparecer en una foto con una lata de cerveza en la mano. A otras personas se les ha negado un seguro de vida y de salud porque las compañías de seguros obtuvieron información sobre sus estilos de vida que contradice lo declarado en sus solicitudes.

Otros usuarios de internet se exponen a la posibilidad de ser arrestados y encarcelados. Siete hombres de Maine publicaron un video que los mostraba tirando bombas incendiarias a un edificio vacío. No solo mostraban sus caras en el video, sino que incluso se identificaban en los créditos que figuraban al final de la filmación. Todos están acusados del delito de incendio intencional.

Incluso las relaciones personales pueden verse afectadas. En un caso muy promocionado, la actriz inglesa Tricia Walsh-Smith atacó en YouTube a quien pronto sería su ex, el productor de Broadway Philip Smith, al comentar su desempeño no tan estelar en la cama. Más adelante, un juez de Manhattan consideró que la maniobra del video era “una campaña calculada y cruel” antes de obligarla a abandonar el lujoso departamento que la pareja compartía en Park Avenue.

Usuario, ¡cuídate!

“El ciberespacio es tan amplio y tan dinámico que resulta imposible describir todas las formas en que es posible utilizar el discurso para dañar la reputación personal y profesional de una persona”, afirma Susan Brenner, profesora benemérita de derecho y tecnología de la Facultad de Derecho de la University of Dayton, en Ohio. Una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos en 1997 sentó jurisprudencia y las bases para otorgar a internet el mismo nivel de protección de la libertad de expresión que a la prensa impresa tradicional. La decisión de la Corte dejó sin efecto la Ley de decencia en las comunicaciones de 1996 que, al imponer al contenido de internet normas similares a las aplicables a las transmisiones radiales y televisivas, responsabilizaba a los proveedores de sitios web por la distribución de materiales obscenos o difamatorios.

Si la responsabilidad recae en el usuario, ¿por qué la gente no utiliza el mismo nivel de sentido común en el ciberespacio que en el mundo real? Algunos pasos pueden ayudarlo a protegerse:

1. Sea sumamente cauteloso antes de divulgar su número de Seguro Social, licencia de conducir, números de cuentas y tarjetas de crédito, e información personal como nombre de soltera de la madre, que puede ser de gran ayuda para los ladrones de identidades. “La privacidad en internet no existe”, destaca Sally B. Hurme, especialista en asuntos del consumidor de AARP. “Todas las personas del mundo tienen acceso a la información personal que publica, y pueden utilizarla como quieran durante muchísimos años”.

2. Use programas de protección contra virus, spyware y malware, y configúrelos para que se actualicen y realicen comprobaciones de forma automática. Tome también esta precaución con el sistema operativo, y mantenga su servidor de seguridad (firewall) activado.

3. A menos que usted la inicie, no confíe ciegamente en cualquier comunicación o solicitud, incluso si parece ser real. Las apariencias engañan, en especial en internet.

4. Proteja la seguridad de sus contraseñas y cámbielas de forma habitual. No utilice palabras reales ni referencias personales, como nombres de mascotas o cumpleaños.

5. Limite la publicación de imágenes y videos personales que pueden manipularse y difundirse, y crear una imagen no deseada sobre usted.

6. Busque regularmente combinaciones que incluyan su nombre, fecha de nacimiento, número de teléfono y otra información identificable en diferentes motores de búsqueda. Si encuentra alguna información objetable, realice los procedimientos necesarios para su eliminación.

Si desea conocer más consejos de protección en línea, visite el sitio web de la Comisión Federal de Comercio. Como socio de AARP también puede visitar Reputation Defender, la primera empresa dedicada a resguardar la reputación en línea, hacer clic en “Sign Up” (Registrarse) e ingresar el código “AARP” para realizar una prueba gratuita y descubrir cuánta información sobre usted hay disponible en internet.

Risha Gotlieb es escritora y vive en Aurora, Ontario.

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