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Lector electrónico vs. libro tradicional

La palabra escrita ya no es lo que alguna vez fue.

En este rincón, con un peso de 10,2 onzas —lo que equivale al doble del peso de su teléfono celular—, se encuentra el Amazon Kindle. Este delgado lector electrónico, que está conquistando la industria editorial, es blanco, delgado como un lápiz y cabe perfectamente en su cartera o maletín. ¿Quiere leer el último éxito editorial? En segundos aparece ante sus ojos. No más viajes a la librería, no más tapas duras pesadas que lo sobrecarguen. Sin embargo, a $359, admitimos que su billetera perderá un poco de peso.

En el otro rincón, con un peso de 2 libras y 576 páginas, se encuentra el último éxito editorial del New York Times. Sus páginas acaban de salir de la imprenta y crujen al tacto. El acto de abrirlo conjura imágenes de tardes perezosas o de un descanso al costado de la piscina. Usted lo compró en una librería —real o en línea—, para lo cual tuvo que viajar o pagar el costo del envío. De cualquiera de las dos maneras, este libro, aunque no necesitó de una inversión en equipamiento, costó casi el doble de lo que un usuario de Kindle pagó por leer el mismo texto.

Absorber la palabra escrita ya no es lo que alguna vez fue. Ya sea que usted se haya convertido recientemente en un devoto de la lectura electrónica, o sea fanático de las páginas encuadernadas, no puede ignorar la evolución de la lectura. Las noticias diseminadas por sitios de internet, correo electrónico y mensajes de texto están ahogando a los periódicos impresos. El correo electrónico ha reemplazado las notas manuscritas. Actualmente, se pueden leer libros enteros en una computadora que puede sostenerse con una sola mano, con una pantalla de sólo 6 pulgadas. Si tenemos en cuenta que la demanda por lectores electrónicos donde el cliente está dispuesta a esperar semanas o meses para adquirirlos, podemos concluir que estos dispositivos no van a desaparecer en el corto plazo. De hecho, probablemente sigan apareciendo algunos dispositivos nuevos, como, por ejemplo, el inminente iPad de Apple.

Sin embargo, para muchos amantes de los libros, leer no pasa sólo por la información, sino por la experiencia.

El atractivo de la pantalla
•   Su legibilidad
•   Es portátil
•   Es como tener una biblioteca de bolsillo
•   Es ecológico

La experiencia de leer con un lector electrónico es innegablemente diferente, pero a los fanáticos les gusta de ese modo.

Si bien Amazon no investiga los datos demográficos de sus clientes —y la industria editorial sigue lidiando con cómo hacer para rastrear las ventas de lectores electrónicos—, muestreos realizados a los visitantes de un sitio web para usuarios de Kindle indican que estos dispositivos son más populares entre las personas de entre 50 y 60 años. Las características de estos dispositivos tal vez lo expliquen.

Todos los lectores electrónicos se jactan de su legibilidad, lo cual es muy importante para aquellas personas que ya pasaron los 50 años, edad en la cual, según el National Eye Institute (Instituto Nacional del Ojo), la mayoría de las personas encuentra más difícil enfocar su vista sobre objetos cercanos. La lectura más fácil parte de la "tinta electrónica". Esto es, las partículas eléctricamente cargadas de partículas negras, que cambian de lugar cada vez que usted hace un clic para pasar a la siguiente página. Las palabras aparecen en un fondo gris claro, bastante parecido al de un periódico, y no están iluminadas por detrás, lo que elimina la fatiga ocular, común en las pantallas de computadoras. A diferencia de los libros impresos en papel, muchos lectores electrónicos ofrecen distintos tamaños de letra. El Kindle presenta seis, que se cambian con tan sólo oprimir un botón. Si tenemos en cuenta que desde el 2007 al 2008 la cantidad de títulos de libros nuevos impresos en letras grandes ha caído en picada, un 63% (8.895 a 3.303), el lector electrónico cobra una gran importancia para los lectores cuya vista representa un desafío.

Este dispositivo es muy liviano, puede llevarse con una sola mano o ser usado sin ellas, lo que resulta muy cómodo para las personas con artritis o que tienen problemas de flexibilidad en las manos. En un foro en línea de Amazon para usuarios de Kindle, muchos clientes señalaron que usaban un Kindle debido, precisamente, a problemas de artritis. Otra ventaja adicional: ya no tendrá que acomodarse con un pesado e incómodo libro cuando lea en la cama.

Los lectores electrónicos también hacen que viajar sea más fácil. Con la posibilidad de almacenar una pequeña colección, el viajero verdaderamente no tiene que decidir qué llevar. Un Kindle puede transportar 1.500 libros; su nuevo primo, el Kindle DX, con una resolución más alta y una pantalla de 9,7 pulgadas, que simula las dimensiones de un libro de tapa dura, tiene más del doble de capacidad. Y la lectura electrónica no es sólo para libros; también encontrará disponibles periódicos, revistas y blogs.

Susan Ahern, de 57 años, de Wilmington, Carolina del Norte, se ha convertido al Kindle. Ahern solía llevar dos o tres libros de tapa dura cuando viajaba, lo que implica un peso nada fácil de cargar. “Un libro de tres libras se siente como una carga de 50 libras cuando estás cruzando una terminal de aeropuerto enorme, llevándolo en tu equipaje de mano —afirma Susan—. Con el Kindle, llevo todos los libros y periódicos que quiero”.

Y debido a que, ahora, muchas líneas aéreas cobran por el equipaje, un lector electrónico puede, con frecuencia, abaratar el vuelo. “Ahora, añadir cinco o seis libras a tu maleta es un verdadero problema”, señala Ahern.

Antes de tener un lector electrónico, Susan también se había cansado de recoger el periódico húmedo desde su jardín. Ahora, tiene acceso a una gran cantidad de sitios de noticias cotidianas sin tener que abrir la puerta de su casa. “Es mucho mejor que el papel —afirma—. El Kindle es una experiencia más intensa”.

Las sensaciones de la página
•           Fatiga tecnológica
•           Amantes del papel
•           Personalidad del libro
•           Experiencia sensorial

Muchos lectores ávidos se aferran a sus tapas duras, incluso algunos que han adoptado otras tecnologías.

“Soy un blogger. Estoy en Twitter; estoy en Facebook —confiesa Dan Cirucci, de 62 años, de Cherry Hill, Nueva Jersey—. Sin embargo, nunca leería un libro electrónico. De ninguna manera. El libro es algo íntimo. Uno lo puede sostener, uno sabe que es suyo”.

La dependencia de la electricidad de los lectores electrónicos también frena a Cirucci. “¿Qué pasa si la batería se agota? —se pregunta—. Cuando tengo un libro, no me tengo que preocupar por enchufarlo ni de encenderlo”.

La autora Judy Nichols, de 53 años, dice que “nunca, jamás desearía enredarme con un lector electrónico”. Sus propios libros (incluido el último, Tree Huggers) están disponibles en formato digital y ella admite que se siente un poco culpable con respecto a su prejuicio. “Hay algo acerca de tener un libro en la mano y dar vuelta las páginas que no puede lograrse electrónicamente”.

Lectores como Nichols admiten que los dispositivos electrónicos podrían resultar grandes aparatos, pero les falta algo que los devotos de los libros no pueden abandonar: el papel.

El papel conecta al lector con la persona responsable del texto: el escritor. En un lector electrónico, un libro se lee exactamente como cualquier otro libro. No hay arte, no hay fotos ni tipografía creativa; no hay papel para tocar. En pocas palabras, no tiene personalidad. Sólo un botón que presionar.

“Cuando los libros se digitalizan, uno pierde ese contacto con el que lo escribió —señala Cindy Bowden, directora del Robert C. Williams Paper Museum (Museo del Papel Robert C. Williams), en Georgia Tech, Atlanta—. Cuando tomas un libro, percibes la sensación, el tacto, el modo en que la tinta mancha el papel”.

El papel también evoca los sentidos y crea una conexión muy emotiva. El olor del libro, el sonido de las páginas pasando y hasta las distintas texturas. Los libros nos conectan con un tiempo y un lugar de un modo en que un lector electrónico no puede hacerlo, sostiene Peg Silloway, de 65 años, de Columbia, Maryland. “Tengo un libro que traje a casa, de nuestra cabaña, y que huele a pino y al humo de la chimenea”.

La comparación en números

Algunos grandes lectores no compran libros nunca. Los toman prestados de una biblioteca y los leen gratis. Otros, ya saben que, inicialmente, los lectores electrónicos cuestan mucho más que un libro.

• Kindle 2: $359
• Sony Reader (Lector Sony): $269,99
• eSlick Reader (Lector eSlick): $259,99
• Lectores digitales iRex 1000s: $859

Harry Potter and the Deathly Hallows (Harry Potter y las reliquias de la muerte) (Libro 7), tapa dura, 784 páginas: $34,99
The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society (La sociedad literaria y el pastel de piel de patatas de Guernsey), de bolsillo: $14

No todos los libros están disponibles en formato electrónico, pero muchos sí lo están. Uno de los dos líderes del rubro, Kindle, cuenta con una biblioteca de 285.000 libros, la mayoría de ellos a $9,99 (cada uno). El Sony Reader brinda acceso gratuito a 500.000 libros de dominio público, incluidos clásicos de autores como Jane Austen y William Shakespeare; el Kama Sutra y la Biblia; obras de autores contemporáneos como Sue Grafton y Dennos Lahane, e incluso El Código DaVinci. Otros 100.000 están disponibles para su compra en el Sony eBook Store.

Con el tiempo, los lectores electrónicos podrían ser más económicos que los libros tradicionales. Por el precio de 26 libros de tapa dura nuevos, uno podría también comprar el mismo número de libros electrónicos, más el mismo Kindle. Y los dispositivos permiten al lector leer el primer capítulo de cualquier libro en forma gratuita, antes de comprarlo. La digitalización de la palabra podría ayudar a elevar el medio y, a su vez, estimular una industria editorial que está pasando apuros.

“Lo que la computadora ha hecho por el libro, tal como lo conocemos, es liberarlo en muchas maneras y permitirle que alcance su potencial pleno como medio de expresión creativa —afirma Nicholas Basbanes, autor de A Gentle Maddnes: Bibliophiles, Bibliomanes and the Eternal Passion for Books y confeso amante de los libros—. ¿Sigo utilizando las guías telefónicas? No —continúa—. Uso internet. A pesar de lo mucho que amo los mapas y de cuánto me gusta manipularlos, utilizo Google Maps”.

Una cuestión de preferencias

Tal vez el lector moderno deberá, simplemente, elegir el medio correcto para la situación en la que se encuentre. Candace Talmadge, de 55 años, de Lancaster, Texas, ama su lector Sony, por su comodidad. Puede utilizarlo para leer libros o documentos de trabajo en PDF. Pero lo que ella realmente desea es un lector electrónico que permita transportar muchos documentos en un pequeño espacio, y, sin embargo, tiene cierta debilidad hacia los libros y revistas.

“Las personas que dicen que es muy parecido a una computadora están en lo cierto —corrobora Talmadge, quien es columnista política sindicada y autora de The Scorpions Strike—. Cuando lo utilizo para trabajar, no tengo ningún problema con el lector; cuando estoy leyendo sólo por diversión o por placer, prefiero, definitivamente, leer una novela en su forma tangible”.

Talmadge sostiene que los desarrolladores de lectores electrónicos necesitan crear una experiencia de lectura original con sus dispositivos: “Sólo háganlo electrónicamente y a un precio razonable”.

Basbanes cree que la revolución de los lectores electrónicos recién está comenzando. Probablemente esté en lo cierto. Condé Nast, la usina editorial, y la librería Barnes & Noble están desarrollando sus propios dispositivos. El Plastic Logic Reader (Lector lógico de plástico), que será lanzado en el 2010, permite leer periódicos, revistas y blogs, es más delgado que un bloc de papel y más liviano que una revista.

“Sin embargo, creo que las novelas, la poesía, las obras de la imaginación realmente tienen larga vida por delante en su formato convencional —afirma Basbanes—. No me viene a la mente ningún libro de magnitud que haya aparecido exclusivamente en formato digital”.

Entonces, otra vez, como muchos otros bibliófilos, Basbanes simplemente prefiere el libro a la vieja usanza.

“Uno de mis amigos más queridos casi se disculpa conmigo porque su esposa le regaló un Kindle para Navidad —recuerda Basbanes—. Yo le dije: ‘James, hemos sido amigos por tanto tiempo, disfrútalo. Estás leyendo. Eso es lo más importante”.

Cynthia Ramnarace escribe sobre la familia y la salud, desde Rockaway Beach, Nueva York.

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