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¿Debería reducir el consumo de sal si está saludable?

Esto es lo que indica la evidencia más reciente.

In English | Cierto o falso: Ingerir demasiada sal es perjudicial para usted.

Si contestó cierto, está equivocado.

Si contestó falso, también está equivocado.

Pero si contesta: "¿Por qué me pregunta? Ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo", entonces estará más cerca de la verdad.

Vea también: ¿Cuánto es demasiada sal?

Saleros - ¿Tiene que reducir la sal si estás sano?

Foto por Rita Maas/Getty Images

Un nivel seguro de ingesta de sal depende del estado de salud de la persona que la ingiere.

El debate sobre los peligros del alto consumo de sal, particularmente entre los estadounidenses mayores, no es un asunto nuevo. Se ha estado discutiendo durante décadas, pero una serie de estudios conflictivos en los últimos meses ha hecho que muchos digan "basta ya".

Un artículo en el Scientific American del mes pasado lo resumió básicamente con un titular exasperado, "Es hora de terminar la guerra sobre la sal"(en inglés). El escritor, quien revisó las investigaciones detrás de nuestros temores a la sal, argumentó que la larga y empecinada campaña para hacer que todos reduzcamos nuestro consumo de sal, tiene poca base científica.

Y algunos expertos conocidos están de acuerdo.

El cardiólogo Steven Nissen, director del departamento de medicina cardiovascular de la Cleveland Clinic, dice que, sin duda alguna, las personas con hipertensión o con problemas cardíacos deben disminuir el consumo de sal. Pero la calidad de la evidencia científica es todavía demasiado débil como para que los formuladores de política pública insistan que el poco sodio es recomendable para todos, independientemente del estado general de salud.

"La evidencia se basa en la observación. No está basada en ensayos clínicos aleatorios, que son la norma a seguir", dice. "Estamos a oscuras. No tenemos datos de buena calidad, por lo que, simplemente, no sabemos".

El Dr. Michael Alderman, de la escuela de medicina Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, y expresidente del International Society of Hypertension (en inglés), (Sociedad Internacional de Hipertensión) también ha abogado reiteradamente a favor de la prudencia en los esfuerzos de la nación por la reducción en el consumo de sodio.

Durante la pasada década, Alderman ha detallado en comentarios de revistas médicas los resultados zigzagueantes de los estudios que investigan el vínculo entre la sal y las enfermedades del corazón.

Él explica el razonamiento tras los esfuerzos de la nación a favor de un consumo bajo de sal de esta manera: Si la disminución en el consumo de sodio reduce la hipertensión —un hecho médico— y la alta presión causa derrames cerebrales e infartos —también cierto—, entonces es obvio que la reducción en los niveles de consumo de sodio reducirá los problemas cardíacos y las muertes.

Pero esa clase de fe ciega en esta suposición es problemática, escribe Alderman.

A pesar de décadas de investigaciones, ningún estudio ha probado con claridad que la disminución en el consumo de sal salve vidas. Por cada estudio que parece demostrar que los niveles altos de sodio ocasionan problemas de salud, otro estudio lo contradice.

Un buen ejemplo de esto sucedió este verano. Investigadores británicos llevaron a cabo un análisis de siete estudios que involucraban a 6.250 personas, y no encontraron evidencia que la reducción de sal disminuyera el riesgo de (en inglés) muerte o de sufrir una enfermedad cardíaca. El estudio fue publicado en el American Journal of Hypertension.

Siguiente: ¿Beneficia la reducción en el consumo de sal a todas las personas? »

Dos semanas más tarde, otros investigadores cuestionaron estos resultados, al argumentar que un reanálisis de los mismos datos arrojó que, en efecto, el sodio aumenta la presión arterial, lo que a su vez aumenta el riesgo de sufrir infartos y derrames cerebrales. Mientras más se disminuya el consumo diario de sal, más se reducirá la presión arterial, lo cual es algo positivo, argumentó el segundo grupo en un comentario divulgado en la publicación médica The Lancet.

El debate, dice Nissen, no se trata sobre si la sal es perjudicial para aquellas personas que sufren de hipertensión, enfermedades cardíacas o renales. La pregunta que debemos hacernos es si se debe restringir el uso de sal como una recomendación universal, incluso para aquellas personas con presión arterial normal.

Los consumidores deben por lo menos examinar las etiquetas de los alimentos que compran y escoger las marcas que tienen menos sodio.

Si le pregunta a las autoridades federales del área de la salud, sin duda alguna, la respuesta será que sí; todos se benefician de la reducción en el consumo de sal, en particular los estadounidenses mayores.

Las guías alimenticias gubernamentales del 2010 para los estadounidenses recomiendan limitar la ingesta total de sal de todas las fuentes a 1.500 mg por día (menos de una cucharadita) para las personas de 51 años o más, los afroestadounidenses y todas aquellas personas que sufran de hipertensión, diabetes o enfermedades renales crónicas. La mayoría de los estadounidenses consumen más del doble de esa cantidad.

Por lo menos, aconsejan las guías, los consumidores deben al menos examinar las etiquetas de los productos que compran y escoger las marcas que contengan menos sodio. Los estadounidenses adquieren casi el 80 % de la sal que consumen de los alimentos procesados y las comidas de restaurante, no de la sal que añaden cuando cocinan en sus hogares.

La American Heart Association (AHA, Asociación Estadounidense de Cardiología) es aún más firme, al instar, durante el mes de enero, a los consumidores, profesionales del campo de la salud, a la industria alimentaria y al gobierno, a "intensificar los esfuerzos para reducir la cantidad de sodio que los estadounidenses consumen diariamente".

La asociación va más allá que el gobierno al recomendar que todos los adultos, independientemente de su edad, consuman no más de 1.500 mg de sodio para reducir el riesgo de derrames, ataques cardíacos y enfermedades renales. Seguir esta recomendación, dice la asociación, redundará en ahorros en los costos de cuidados de salud, y salvará vidas.

Pero un reciente estudio de 12.000 adultos a cargo de investigadores de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC, Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) de EE. UU., publicado en los Archives of Internal Medicine, encontró que la proporción de sodio a potasio puede ser un factor más importante (en inglés) al determinar el riesgo de muerte, que los niveles de sodio solamente. Los investigadores encontraron que aquellas personas que seguían una dieta alta en sal y baja en potasio, es decir, alta en alimentos procesados y de restaurantes, tenían un 50 % de riesgo mayor de muerte. Aquellas que tenían una ingesta mayor de potasio (que se encuentra usualmente en los alimentos frescos) tenían un riesgo menor de morir.

"Por supuesto, limitar la cantidad de sal es recomendable" para aquellos que padecen de hipertensión, o de enfermedades del corazón o de los riñones, dice Nissen. Seguir una dieta baja en sal puede ayudar a evitar tener que tomar medicamentos adicionales, los que pudieran ocasionar efectos secundarios, explica.

Más importante, para aquellos con insuficiencia cardíaca congestiva, el reducir la cantidad de sal "los mantendrá alejados del hospital".

Pero para los estadounidenses mayores con presión arterial normal, las dietas bajas en sal pueden ser duras de llevar, especialmente porque estamos acostumbrados a los niveles de sal en las comidas empacadas y de restaurantes, por lo que los alimentos bajos en sal nos parecen desabridos. La compañía de sopas Campbell's anunció recientemente que estaba añadiendo sal a su línea de sopas bajas en sodio debido a las escasas ventas del producto.

Siguiente: ¿Qué tanto sabe sobre la sal? Complete nuestro cuestionario. »

Marion Nestle, profesora de nutrición y salud pública en New York University, provee otro enfoque adicional al misterio del consumo de sal. Ella dice que una parte de la población es susceptible a la sal, por lo que al bajar su consumo, se reduce la presión arterial. Pero otro porcentaje de la población, probablemente mayor, puede ingerir alimentos salados sin afectar su presión arterial. En otras palabras, no existe una respuesta única para todos los casos.

No obstante, la doctora Elena Kuklina, de la división de enfermedades del corazón y prevención de derrames cerebrales de los CDC, insiste que "un consumo reducido de sodio beneficia a casi todas las personas".

Kuklina, quien es autora de un reciente estudio de los CDC sobre la interacción entre el potasio y el sodio, dice que los estadounidenses de 50 años o más, "incluso aquellos con niveles de presión arterial normal", no deben consumir más del máximo recomendado por el Gobierno, de 1.500 mg de sal por día.

"Ingerir menos sodio y más potasio puede ayudar a prevenir o controlar la hipertensión", dice ella.

Para asegurarse de que los estadounidenses mayores ingieran suficiente potasio en sus dietas, ella recomienda que coman alimentos frescos, altos en potasio, tales como la espinaca, uvas, zanahorias y papas.

O piense sobre esto: Cocine alimentos preparados en casa y coma menos afuera. Esa es una manera fácil de reducir la cantidad de sal que ingiere sin sacrificar el sabor.

Candy Sagon escribe sobre temas de salud y alimentos para AARP Bulletin y en su blog, HealthyCandy.

 

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