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¿Es posible aprender un nuevo idioma después de los 50?

Las claves son dedicarse al estudio, hablar el idioma con frecuencia y vivir donde se habla.

Sonya Vangelderen pinta las uñas de una niña

CORTESÍA DE SONYA VANGELDEREN

Sonya VanGelderen en su hogar en Progreso, México.

In English | Sonya VanGelderen se crio en Canadá, pero después de los 50 años sintió que el sur la llamaba.

Sus hijos ya eran adultos, estaba recién divorciada y se sentía preparada para crear una versión más feliz de sí misma. Así que se fue a Latinoamérica, decidió quedarse y aprendió español.

"Quería conocer la cultura auténtica, la gente real, y quería poder decir, por ejemplo, '¡qué lindo bebé!' cuando me cruzaba con alguien en la calle", dice VanGelderen, quien ahora tiene 57 años y es administradora bilingüe de propiedades en Progreso, México. "Supongo que quería integrarme con la gente".

Ella es una de los miles de boomers y personas de la generación X que cada año se jubilan temprano, total o parcialmente, y se mudan a un país más cálido, que les parece más exótico o es menos costoso. Y ha hecho lo que muchas personas de su edad no logran: aprender un nuevo idioma.

Si bien se ha establecido que aprender un idioma a cualquier edad estimula el cerebro, no es fácil dominar un segundo idioma cuando se tienen más años.

Pero no es imposible, dice Joshua Hartshorne, investigador y director del Language Learning Laboratory de Boston College. Es solo que los niños son mucho mejores en eso, y los científicos aún están tratando de descifrar por qué.

Sumérgete temprano en el idioma

Según Hartshorne, hay dos cosas que ayudan a aprender un nuevo idioma: sumergirse en el uso exclusivo del nuevo idioma y hacerlo cuando se es joven.

"Ser joven es bueno" cuando se trata de esto, dice. "Estar en el lugar donde se habla el idioma e intentar hablarlo todo el día es aún mejor. De modo que mudarte a un país donde se habla el idioma y tratar de aprenderlo allí será todavía más fructífero si lo haces cuando tienes 2 años".

7 consejos para hablar un idioma con fluidez 

1. Encuentra tu motivación.

2. Establece metas específicas y realistas.

3. Haz públicas tus metas.

4. Consigue un compañero de estudio.

5. Conversa con personas que hablan el idioma.

6. Acepta que cometerás errores.

7. Practica.

Para aquellos de nosotros que somos mayores, es algo así como el malabarismo, dice Roger Kreuz, un profesor de psicología que estudia el lenguaje en University of Memphis. Kreuz es también coautor de Becoming Fluent, un libro que describe el proceso de aprender un segundo idioma en la adultez.

"Hacer malabares parece muy impresionante si no lo sabes hacer", comenta. "Pero resulta que casi todos pueden aprender a hacerlo en un período de tiempo relativamente corto, suponiendo que reciben una capacitación eficaz.

Solo porque algo parece difícil, no significa necesariamente que será imposible hacerlo a cierta edad", dice.

No subestimes la conversación trivial

Eileen Azzopardi ha tratado de aprender idiomas en todos los sitios donde vivió. Su marido fue miembro de la Armada de EE.UU. y el último destino de su carrera militar fue Cerdeña, Italia.

Luego se mudaron a Florencia, Italia, y después a Malta. Ella tomó dos clases de nivel universitario de italiano y podía mantener conversaciones triviales.

"Podía pedir comida en italiano. Podía hacer compras en el supermercado. Pero tener conversaciones más complejas y profundas con personas, como crear amistades, eso se me hacía muy difícil", comenta Azzopardi, de 50 años, quien se crio en Pensilvania y ahora vive en Bradenton, Florida. Después de que su esposo Pete dejó la Armada, vivieron su sueño durante cinco años y se jubilaron en Malta. La isla mediterránea se encuentra entre Sicilia y la costa norafricana, donde su esposo tiene ancestros.

Compraron una casa, obtuvieron doble ciudadanía, enviaron a su hija a una escuela internacional, tomaron clases de maltés y finalmente se dieron por vencidos.

"Para vivir en Europa hay que renunciar a muchas cosas", dice Azzopardi, a quien le encantó la experiencia pero terminó extrañando a su familia, sus amigos y las comodidades de Estados Unidos.

Peter y Eileen Azzopardi disfrutan de una comida italiana

CORTESÍA DE PETE Y EILEEN AZZOPARDI

El francés que había aprendido en la escuela secundaria no la ayudó mucho en el extranjero. En Malta, se las arreglaba hablando inglés (los dos idiomas oficiales del país son inglés y maltés).

Como el maltés está basado en el árabe, era difícil de aprender. El alfabeto se parece mucho al inglés, pero tiene cuatro letras más.

Ella sabía unas cuantas palabras en otros idiomas. Pero "me apoyaba mucho en el inglés, era mi zona de confort", dice.

Aunque Azzopardi ya no vive en Malta, dice que seguirá tratando de aprender un segundo idioma.

"El español es el próximo idioma que quiero estudiar y dominar, por dos razones. La primera es que Sophia [su hija] lo está estudiando. Y la segunda es que es el segundo idioma de EE.UU., especialmente en Florida y California", dice.

"¡No me daré por vencida!", afirma. "Por suerte, sé muchas palabras en italiano, y algunas palabras en español son parecidas, así que tengo una ventaja".

Anticipa el éxito; el fracaso no es una opción

Cuando Craig Laberge se jubiló temprano a los 45 años —hace ya 24 años—, se propuso aprender español, algo que no había estudiado nunca. Decidió pasar seis meses en Latinoamérica para aprender el idioma y conocer la cultura. En Guatemala, tomó cuatro horas de español al día con un profesor privado. Luego lo aumentó a seis horas.

Después de dos meses, había aprendido. En el 2005 compró una casa con sus amigos en Mérida, México, en la península de Yucatán, cerca del Golfo de México.

Desde entonces ha vivido ahí la mayor parte del tiempo. A Laberge, exdiseñador de exhibiciones de arte con descendencia inglesa y francocanadiense, ahora de 69 años, le atrajeron el clima y el costo de vida de México, y se sintió como en casa en una cultura menos acelerada.

Dice que no hablar español no era una opción para él.

"Si vas a vivir en un ambiente donde hablan otro idioma, vas a hacer algún esfuerzo por vivir ahí", dice. "Si no aprendes el idioma, te pierdes una gran parte de la experiencia".

"Si no aprendes el idioma, te pierdes una gran parte de la experiencia".

— Craig Laberge, Mérida, México

Dedica tiempo, preferiblemente a diario

Ute Limacher-Riebold, una asesora lingüística intercultural, trata de ayudar a sus clientes todos los días en la transición hacia esa clase de experiencia.

Ella enseñó lingüística en University of Zurich y ahora tiene una empresa en los Países Bajos que ayuda a las familias internacionales a integrarse en sus comunidades y conservar su idioma nativo al mismo tiempo.

"Yo digo que nunca es tarde para aprender otro idioma", comenta, pero no hay una solución que funcione para todos. Aprender a hablar más allá de frases amables requiere practicar mucho en contexto y ser perseverante.

"Una hora a la semana no es suficiente", dice. "Cinco horas es el mínimo".

Sonya Vangelderen sentada en un columpio

CORTESÍA DE SONYA VANGELDEREN

La práctica es lo que hizo que la vida de VanGelderen funcionara en México. Dio pasos pequeños al principio, como alquilar su casa en EE.UU. Eso fue una red de seguridad mientras probaba una nueva vida.

Ahora tiene amigos expatriados y locales y se nutre de nuevas experiencias, incluida una pequeña operación que tuvo recientemente en un hospital hispanohablante.

"No me río de las personas que tratan de aprender inglés, así que ¿por qué pensaba yo que se reirían de mí por tratar de aprender español?", se pregunta. "Tuve que superar mi miedo y usar el idioma aunque cometiera muchos errores".

"A veces me corrigen", dice VanGelderen. "Y a veces no les importa porque entienden lo que estoy diciendo".

Dice que sus hijos adultos admiran su valentía, y ella ha adquirido más confianza de la que jamás hubiera imaginado.

"Conozco a personas que decían que se mudarían a otro país y nunca lo hicieron porque es algo que está muy fuera de su zona de confort", dice VanGelderen. "Y yo digo que esa es la parte más divertida".

Tanya Bricking Leach, quien tiene una larga trayectoria en periodismo, vivió en Croacia un año y le gustaría jubilarse allí algún día. La perspectiva de tratar de aprender el idioma ya le ha causado sueños de ansiedad.

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