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Artistas llevan el "envejecimiento creativo" a los centros para el cuidado de adultos mayores

Suscitan la admiración de residentes, familiares y cuidadores.

La danza y el arte promover una vida sana.

Foto de Kristine Larsen

En los programas de "envejecimiento creativo" montados en centros de cuidados a largo plazo, los actores y músicos animan a los residentes a que participen.

In English | No hace mucho, un programa artístico en un hogar para el cuidado de adultos mayores significaba un coro navideño que cantaba mientras que los residentes escuchaban en silencio. Pero esa costumbre está cambiando. Ahora los residentes escriben sus propias obras y las actúan, componen canciones y cuentos y bailan a pesar de su andador, o incluso en su silla de ruedas.

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¿Cómo? En su mayoría no son artistas o músicos profesionales. Y muchos tienen limitaciones físicas, pérdida de memoria y otras discapacidades. Pero con la ayuda de actores, escritores, compositores y bailarines, ejercitan su creatividad y se divierten un poco.

El cambio de enfoque —de la apreciación pasiva a la participación activa— en los programas artísticos encaminados a las personas mayores y enfermos todavía está en su infancia. Pero sigue en marcha. El concepto de la expresión creativa como esencial para la calidad de vida del adulto mayor es parte de un movimiento denominado “envejecimiento creativo”, que disfruta de un público entusiasta y cada vez mayor. Los residentes de centros de cuidados a largo plazo, sus familiares y sus cuidadores no son los únicos que aplauden el movimiento. El gobierno federal, los gobiernos locales, los organismos que tratan con la vejez, las organizaciones sin fines de lucro y las fundaciones comienzan a financiar programas de arte y reproducirlos en toda la nación.

Los programas artísticos son eficaces. Las personas mayores responden a la estimulación y la interacción social, y las artes (el drama, la danza, la música) les dan nuevas maneras de conectarse con sus cuidadores. Los programas también son relativamente económicos, comparados con el costo de los medicamentos y la atención médica, y pueden producir resultados significativos.

Las investigaciones científicas sugieren que las artes rinden beneficios que las pastillas no pueden. En el 2001, el eminente gerontólogo Gene Cohen, ahora difunto, estudió el efecto de las artes en los adultos mayores y halló que cuando estos se involucraban en ellas y aprendían algo nuevo, obtenían beneficios físicos y emocionales. Los descubrimientos de Cohen y de investigaciones posteriores sugieren que los programas de expresión creativa pueden reducir el dolor, la necesidad de medicinas, las caídas, la depresión y la soledad, y a la vez aumentar la movilidad, mejorar la cognición y hacer a los participantes sentirse apreciados.

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La danza y el arte promover una vida sana.

Foto de Darin Back/Redux

Los adultos mayores responden a la estimulación y la interacción social. Las actividades de arte, drama, baile y música les dan nuevas maneras de conectarse entre ellos y con los cuidadores.

En un estudio que finalizó este año, investigadores de St. Catherine University en St. Paul, Minnesota, estudiaron el programa “Dancing Heart” de la compañía Kairos Dance Theatre, programa que ofrece la oportunidad de participar en actividades de danza y narración creativas a residentes de centros de cuidados a largo plazo. Hallaron que el equilibrio y la memoria de la mayoría de los residentes mejoraron o se mantuvieron estables —algo excepcional en esta población— y que su interacción social aumentó.

“Vimos personas que normalmente no prestarían atención por más de cinco minutos permanecer absortos por una hora y media”, dice Catherine Sullivan, terapeuta ocupacional de St. Catherine. “El programa no sólo les trajo recuerdos de la música, sino que les permitió crear memorias nuevas, aprender nuevas canciones, narrar las historias de los demás y reconocerse mutuamente”.

Las artes son una forma poderosa de comunicar pensamientos y sentimientos, y deben figurar en los cuidados a largo plazo, dice Susan Perlstein, fundadora del National Center for Creative Aging (NCCA, Centro Nacional Para el Envejecimiento Creativo). “Las artes nos proporcionan un lenguaje común”.

Con la ayuda de subvenciones federales y privadas, Perlstein y sus colegas están enseñando al personal de los centros para el cuidado de adultos mayores a integrar la expresión creativa en los cuidados a largo plazo. Perlstein también ayuda a artistas que ya saben colaborar con gente joven a transferir su pericia al trabajo con personas mayores. Su organización pronto pondrá en marcha programas piloto en Princeton (Nueva Jersey), Clearwater (Florida) y Raleigh-Durham (Carolina del Norte).

“Se aprende toda la vida”, dice la directora ejecutiva de NCCA, Gay Hanna. “El proceso no se detiene cuando uno ingresa en un hogar para el cuidado de adultos mayores”.

Tres programas muestran el envejecimiento creativo en acción.

Dancing Heart

Maria Genné, bailarina profesional y educadora, estaba convencida de que si podía poner a bailar a varones de sexto grado, podría lograrlo con personas mayores. La iniciativa Dancing Heart, parte de su Kairos Dance Theatre, ha operado en nueve comunidades para jubilados en Minnesota. El año que viene, espera reproducir el modelo en Nueva York, Ohio, Wisconsin y Arizona. “El baile es algo físico, pero también es cognitivo y social”, dice Genné.

Dos o tres bailarines, actores y músicos profesionales supervisan entre 20 y 25 residentes durante 90 minutos todas las semanas. John y Jeanette Gorman, quienes se desplazan con la ayuda de andadores, asisten regularmente. “He sufrido de dolor crónico muchos años y el programa me ayuda a olvidarme de mí”, dice Jeanette, de 85 años. La familia de John operaba un salón de baile, y la pareja pasó décadas bailando.

“No es fácil envejecer. El moverse es en sí difícil y a veces perturbador”, dice John, de 86 años, quien cree que Dancing Heart ha resultado curativo. “Nos hace sentirnos jóvenes de nuevo”.

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La danza y el arte promover una vida sana.

Foto de Darin Back/Redux

Las investigaciones sugieren que los programas de expresión creativa pueden reducir el dolor y la soledad a la vez que aumentan la movilidad, mejora la cognición y hacen a los participantes sentirse apreciados.

Songwriting Works

Los compositores y músicos de esta compañía, ubicada en el estado de Washington, comienzan una sesión preguntando a los residentes sobre qué tema quieren escribir o sencillamente lanzando al aire una pregunta general, como: “¿Qué es la bondad?” A medida que surgen las ideas, un facilitador las combina. Pero son los residentes los que inventan la letra y la melodía.

Hasta el momento, unas 3.000 personas mayores con un promedio de edad de 87 años, en 36 residencias en California, Washington y Pensilvania, han creado 300 canciones. “Creemos que los residentes producirán algo increíblemente interesante, cómico, elocuente, profundo, verdadero o inesperado. Y siempre lo hacen”, dice la fundadora de Songwriting Works, Judith-Kate Friedman. “No sabemos su diagnóstico, cosa que les permite comenzar de nuevo”.

Friedman recuerda un hombre que no podía pronunciar más de dos palabras, pero compuso el 70 % de una complicada melodía para una canción sobre la experiencia de volver a casa al final de la Segunda Guerra Mundial, y lo logró tarareando “a, a, a”. “En un centro para el cuidado de adultos mayores, la creación de música restaura, estimula e ilumina el cerebro”, dice Friedman.

“Cuando Judith-Kate emplea uno de mis versos, me alegra tanto”, dice Edie Sadewitz, de 91 años, viuda que vive en la residencia Jewish Home de San Francisco. “Nunca pensé que yo pudiera ser tan importante en la creación de una canción tan bonita”.

Stagebridge Theatre Company

Esta compañía teatral ubicada en Oakland, California, utiliza cuentos para captar la atención de los residentes de un centro para el cuidado de la salud.  Emplea dos métodos. Con los que funcionan bien cognitivamente, los narradores profesionales dramatizan una historia y animan a los espectadores a que relaten sus propios cuentos. Con los que sufren de demencia, Stagebride utiliza un programa llamado TimeSlips, que emplea una foto para iniciar la discusión. El facilitador hace preguntas abiertas, usa las reacciones de los residentes para elaborar una historia y lee el producto terminado.

Kirk Waller, director de narración de Stagebridge, enseña a residentes con y sin demencia, y encuentra parecidos los resultados. “Al principio, cuando estoy preparando la sesión, los residentes no sonríen, incluso refunfuñan”, dice. “Para el final de la clase, hablan, sonríen y ríen”. La narración de cuentos se vuelve una experiencia compartida. Los médicos, auxiliares, familiares —y hasta repartidores de UPS— suelen envolverse en las sesiones.

Waller se emociona al ver la transformación de los residentes. “Por el momento, olvidan dónde se encuentran y recuerdan algunos de los mejores momentos de su vida”, dice. “Es un placer enorme poder mejorar su calidad de vida”.

Sally Abrahms vive en Boston y escribe sobre la vejez.

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