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Medicare: ¿cuál es el futuro?

Conozca las ventajas y desventajas de las propuestas de reforma.

In English | Los políticos están comenzando a ver Medicare como un costoso programa al que resultaría conveniente aplicarle recortes, como una forma de reducir el déficit de la nación. En consecuencia, parece que el futuro de Medicare se constituirá en uno de los principales temas de discusión en vista de las elecciones generales de este año. No obstante, las propuestas destinadas a modificar este programa tienden a generar alarma entre la población estadounidense de mayor edad, para quienes Medicare es una parte integral de su seguro de jubilación. Vale recordar que este grupo de la población aporta una gran cantidad de votos en las elecciones. Prepárense, entonces, para escuchar a todos los candidatos asegurar que quieren “rescatar” Medicare para las generaciones futuras aunque, con frecuencia, de maneras muy distintas.

Vea también: Cómo solicitar el examen gratuito de Medicare.

Entre las propuestas para reformar el programa se incluyen subir la edad de elegibilidad a 67 años, incrementar las cargas sociales e imponer mayores desembolsos a aquellos beneficiarios que estén en mejor situación económica. El plan más polémico, desde el punto de vista político, es el concebido por el congresista Paul Ryan (republicano del estado de Wisconsin), titular de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Representantes. Este plan limitaría el gasto federal en Medicare y alteraría la forma en que paga los beneficiosel Gobierno. Los republicanos afirman que este plan es una manera responsable, en términos impositivos, de ampliar la viabilidad de Medicare a medida que se incorporan al programa millones de “babyboomers” (los nacidos entre 1946 y 1964). Los demócratas llaman este plan “el fin de Medicare tal y como se lo conoce”, pues argumentan que es una forma de trasladar más costos a los beneficiarios.

Las encuestas revelan que la mayoría de los estadounidenses prefieren mantener Medicare como está actualmente. Robert Blendom, profesor de Política Sanitaria en Harvard'sSchool of PublicHealth, sostiene: “El plan de Ryan implica alterar de manera fundamental la estructura del programa”, de modo tal que genera un mayor desasosiego en los votantes de mayor edad que el que les producen otras propuestas que no abarcan tanto. No obstante, quienquiera que gane en noviembre —agrega— deberá vérselas con el déficit presupuestario y es muy probable que algunas de las decisiones que se tomen afecten a Medicare.

Teniendo en cuenta esta premisa, AARP solicitó a expertos en la formulación de políticas provenientes de todo el espectro político —Henry Aaron, investigador superior del Programa de Estudios Económicos de Brookings Institution; Stuart Butler, director del Centro para la Innovación de Políticas de HeritageFoundation; y especialistas de AvalereHealth, una empresa de investigación y de formulación de políticas de asistencia sanitaria con sede en Washington— que expusieran las ventajas y las desventajas con respecto a algunos cambios propuestos para Medicare. (Contáctese con los expertos en tuvozestuderecho.org.) A continuación, usted encontrará el resumen de sus opiniones, en gran medida discrepantes, sobre siete opciones que afectan los beneficiarios de forma más directa:

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Cambiar la manera en la que Medicare financia los beneficios

En la actualidad, Medicare ofrece dos maneras de financiar los beneficios. Si usted tiene Medicare tradicional, el Gobierno aporta directamente los fondos para cada uno de los servicios médicos que usted utilice. Si, en cambio, usted tiene un plan privado Medicare Advantage, el Gobierno dispone de una suma anual de dinero para cubrir su asistencia. De acuerdo con el plan de Ryan —conocido como “asistencia preferencial” por sus defensores y bautizado como un “sistema de bonos” por sus detractores—, el Gobierno le otorgaría una determinada cantidad de dinero para que usted contrate su propia cobertura, recurriendo a la competencia entre empresas privadas o a una versión revisada de Medicare tradicional.

Ventajas: Esta medida permitiría que Medicare se ajuste a un presupuesto, a fin de contener el gasto y reducir la carga tributaria de las generaciones futuras. Usted recibiría una parte proporcional de ese presupuesto, como ayuda en la contratación de su asistencia médica, y tendría más flexibilidad para elegir. Si usted quisiera optar por una cobertura más amplia (que le permita, por ejemplo, consultar a cualquier médico de su preferencia), podría pagar la diferencia de su propio bolsillo y, si esta diferencia se tornara excesiva, podría cambiarse a un plan más económico.

Desventajas: El valor del bono podría estar atado a algún tipo de índice económico, no necesariamente a los costos reales de la asistencia médica que, en general, se incrementan a un ritmo más acelerado que otros costos. En función de ello, existe un alto riesgo latente de que los beneficios percibidos se tornen cada vez más inadecuados y de que los costos complementarios se trasladen, en forma directa y progresiva, al bolsillo del consumidor. Medicare ya cuenta con planes privados de empresas que compiten por brindar la prestación médica, por medio de Medicare Advantage y los programas de medicamentos recetados de la Parte D. Sin embargo, los esperados ahorros aún no se han materializado.

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Aumentar la edad de elegibilidad para Medicare a 67 años

La edad para poder acceder a los beneficios de Medicare siempre ha sido 65 años, excepto en el caso de las personas más jóvenes que padezcan alguna discapacidad. Esta propuesta pretende alinear, de manera gradual, el régimen de Medicare con el del Seguro Social, en el que la edad plena de jubilación es, en la actualidad 66 años, aunque se prevé elevarla a los 67 años, para el 2027.

Ventajas: A medida que la longevidad de la población estadounidense se incrementa, también se elevan los gastos destinados a la atención médica de los más ancianos, lo que está tornando insostenible un Medicare que brinde cobertura a partir de los 65 años. Elevar la edad de elegibilidad podría reducir el gasto federal destinado a Medicare alrededor de un 5 % durante los próximos veinte años.

Desventajas: Esta propuesta podría incrementar otros gastos de asistencia médica —en particular, aquellos costos relacionados con los planes de asistencia médica a cargo del empleador y Medicaid— y extendería el período de tiempo durante el cual las personas que no disponen de un seguro médico deberían afrontar los costos completos de cualquier tratamiento. El valor de las primas de Medicare se incrementarían, al reducirse la población disponible entre la cual se prorratearían los costos del programa.

Incrementar las cargas sociales destinadas a Medicare

Este impuesto, con el que se financia el seguro hospitalario —Parte A— de Medicare, representa en la actualidad el 2,9 % de todo lo que se paga en concepto de sueldo (conformado por el aporte del 1,45 % a cargo del empleado y del 1,45 % a cargo del empleador, el 2,9 %, en el caso de trabajadores por cuenta propia). Aquellos que han pagado este impuesto por un período suficiente no pagan las primas mensuales por la Parte A.

Ventajas: La Parte A vislumbra en la actualidad un pequeño déficit a largo plazo, que tendría lugar a partir del año 2024, momento en el que los fondos disponibles no alcanzarán para cubrir toda la gama de servicios. Incrementar la alícuota de las cargas sociales en tan sólo el 0,5 %por cada empleador y empleado sería más que suficiente para remediar el problema, lo cual generaría un pequeño saldo que serviría como fondo compensatorio para prevenir futuros déficits o para financiar beneficios adicionales dentro de Medicare.

Desventajas: Incrementar las cargas sociales se traduciría en una tasa de impuesto más elevada por cada dólar que ganen los estadounidenses que trabajan, lo cual desaceleraría el crecimiento económico e incrementaría la carga fiscal de las futuras generaciones. Incluso los trabajadores cuyo salario no fuese gravado con el impuesto a la nómina pagarían este incremento en las cargas sociales.

Incrementar las primas de Medicare a quienes perciben mayores ingresos

La mayoría de las personas paga primas mensuales por la Parte B, que cubre la atención brindada por los médicos y la atención ambulatoria, y por la Parte D que incluye cobertura de medicamentos recetados. Estas primas estándar se aplican al pago de aproximadamente el 25 % de los costos de estos servicios, mientras que Medicare paga el 75 % restante con los impuestos generales. Las personas con ingresos que superan cierto límite —cuya declaración de impuestos muestra un ingreso bruto ajustado modificado de $85.000 en el caso de una sola persona, o de $170.000 en el caso de un matrimonio— pagan primas más elevadas.

Ventajas: La forma más fácil de recaudar dinero para Medicare sería incrementar las primas aún más en el caso de los trabajadores que perciben mayores ingresos; de esta manera, las personas mayores con mejor situación económica pagan el costo total y no reciben ningún subsidio financiado por los contribuyentes. Otra opción consistiría en bajar el límite de los ingresos respecto del cual se cobraría una prima más elevada, por lo que serían muchas más las personas que deberían pagarla.

Desventajas: Aquellos que perciben mayores ingresos ya han aportado mucho más al programa Medicare mediante el pago de impuestos a la nómina y cargas sociales más elevados, y ahora pagan hasta tres veces más por la misma cobertura de las Partes B y D. Si, a raíz de un incremento en los impuestos, las personas que gozan de un buen estado de salud y de una buena situación económica abandonan el programa, las primas estándar terminarían siendo más costosas para todos.

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Cambiar el seguro complementario Medigap

Aproximadamente uno de cada seis beneficiarios de Medicare contratan un seguro complementario privado, también denominado Medigap. Este seguro cubre algunos de los gastos complementarios en los que incurren los beneficiarios del programa Medicare tradicional, tales como los copagos del 20 % que suelen exigirse para la prestación de servicios de la Parte B. Esta opción limitaría la cobertura Medigap y, por consiguiente, los beneficiarios se verían obligados a afrontar más gastos complementarios.

Ventajas: Las personas contratan Medigap para limitar sus gastos complementarios dentro del programa Medicare. Sin embargo, al pagar menos, se tienden a utilizar más servicios de Medicare, lo cual incrementa la carga para los contribuyentes.

Desventajas: No existen evidencias de que el incremento de las primas de Medigap o la reducción de los beneficios disuadirían a las personas de utilizar los servicios médicos innecesariamente, del mismo modo que la mayoría de los pacientes no puede evaluar si un servicio es necesario o no. Sin embargo, la atención médica no recibida en el momento oportuno puede generar mayores problemas de salud, cuyo tratamiento generaría mayores costos para Medicare.

Rediseñar copagos y deducibles

En la actualidad, las Partes A y B de Medicare tradicional tienen distintos copagos y deducibles. Algunas propuestas combinarían los programas, a fin de que exista solo un deducible: por ejemplo, $550 anuales y copagos estándar para los servicios de las Partes A y B, sumado a un límite de gastos complementarios anuales, similar a los planes de seguro del empleador.

Ventajas: Simplificar los servicios podría generarle a Medicare un ahorro de hasta $110.000 millones en el término de diez años. Si se fijara un tope a los gastos complementarios habría mayor protección financiera, en especial para los beneficiarios con más problemas de salud y menos necesidad de contratar el seguro complementario Medigap.

Desventajas: Algunos beneficiarios podrían pagar menos, pero otros —en especial, los que utilizan pocos servicios o pasan más tiempo hospitalizados— pagarían más gastos complementarios de los que pagan ahora, a menos que contasen con la cobertura de un seguro adicional.

Agregar copagos para algunos servicios

Medicare no cobra copagos para brindar asistencia médica a domicilio ni durante los primeros veinte días de internación en un centro de atención especializada —por ejemplo, para rehabilitación postquirúrgica—, ni para la realización de análisis de laboratorio, tales como un hemograma y pruebas diagnósticas. Varias propuestas requerirían copagos para cubrir algunas de estas prestaciones o todas ellas.

Ventajas: Los nuevos copagos desalentarían el uso innecesario de estos servicios. A lo largo de diez años, los copagos podrían generarle a Medicare un ahorro de hasta $40.000 millones en asistencia domiciliaria, $21.000 millones en internación en centros de atención especializada y $16.000 millones en análisis de laboratorio.

Desventajas: Los pacientes que no cuenten con un seguro complementario podrían pagar mucho más por estos servicios o podrían no estar en condiciones de costearlos. Esto terminaría por perjudicar a los pacientes y costarle a Medicare mucho más dinero si la postergación del tratamiento empeorase su salud, lo cual se traduciría en costosas visitas a la sala de emergencias y hospitalizaciones. Asimismo, los pacientes suelen seguir las indicaciones de sus médicos y desconocen cuáles son los servicios médicos necesarios y cuáles no lo son.

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