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¿Las hormonas bioidénticas son seguras?

Las mujeres recurren cada vez más a ellas en lugar de la terapia de reemplazo hormonal.

In English | Sharon Rosen ronda los 70 años, pero sus hormonas son las de una mujer de la mitad de su edad, si suponemos que esa mujer tenía ovarios particularmente laboriosos. Esta maestra de primaria jubilada, de South Windsor, Connecticut, unta su piel con cremas de estrógeno y progesterona todas las mañanas y las noches. Al momento de irse a la cama, se aplica otra crema de estrógeno y testosterona, y la remata con una píldora de progesterona.

Las hormonas, afirma, la han convertido en una versión nueva y rejuvenecida de sí misma: los infernales sofocos que la recorrían de la cabeza a los pies han desaparecido, su libido ha vuelto y su mente ya no está lo difusa que estaba unos años atrás. Aún pierde ocasionalmente el hilo de sus pensamientos, comenta, “pero ahora estoy mejor que mi marido. Le digo que debería consultar con mi médico”.

Las píldoras y cremas de Rosen corresponden exactamente a las hormonas que antes su cuerpo producía de manera natural. Eso las hace “bioidénticas”, término que ha estado resonando en los programas de entrevistas y en las revistas, y en los consultorios médicos desde hace varios años.

En el 2008, Endocrine Today informó que un millón o más de mujeres estadounidenses tomaban hormonas bioidénticas, y, ciertamente, la demanda del tratamiento no ha decaído desde entonces. En todo caso, se ha disparado.

Populares, aun sin haber sido analizadas ni existir pruebas de su eficacia

Muchas de las llamadas hormonas bioidénticas no han sido aprobadas ni analizadas por la FDA (Food and Drug Administration), pero su atractivo es obvio. Los médicos —incluida la médica de Rosen, Dra. Alicia Stanton— las promocionan como alternativas seguras y naturales frente a las hormonas tradicionales, como son Premarin, un estrógeno recetado aislado de la orina de yeguas embarazadas, y Provera, versión sintética de la progesterona.

“Hacen todo lo que se supone que deben hacer”, afirma Stanton, ginecóloga obstetra certificada, de Hartford, y miembro del American College of Obstetrics and Gynecology (Colegio Estadounidense de Obstetricia y Ginecología). "No entiendo cómo alguien puede afirmar que algo que difiere de lo que nuestros cuerpos producen puede ser mejor para nosotros".

Pero ¿son las hormonas bioidénticas realmente una opción sana? La Dra. Cynthia A. Stuenkel, M.D., profesora clínica de Medicina en University of California, en San Diego, y ex presidente de la North American Menopause Society (Sociedad de Menopausia de Norteamérica), alberga sus dudas —por expresarlo suavemente—. El problema: la mayoría de las hormonas bioidénticas se venden sin los controles, resguardos ni análisis exigidos para los fármacos recetados. “¿Son seguras? ¿Funcionan? Nunca ha sido demostrado de manera fehaciente”, afirma.

Stuenkel no es la única escéptica. La American Medical Association (Asociación Médica Estadounidense), la Endocrine Society (Sociedad de Endocrinología) y el American College of Obstetrics and Gynecology han adoptado posturas firmes en contra de las hormonas bioidénticas no aprobadas. Según la conclusión de una declaración de postura de la Endocrine Society —organización que representa a más de 14.000 expertos en hormonas de todo el mundo—, “no hay estudios publicados en la literatura revisada por pares” que demuestren que las hormonas bioidénticas sean menos riesgosas y más efectivas que las hormonas aprobadas por la FDA.

El término “bioidéntico” suele referirse a hormonas que han sido mezcladas o “compuestas” en una farmacia. Siguiendo instrucciones de un médico, el farmacéutico puede elaborar las píldoras y cremas extra fuertes, extra débiles o en cualquier grado intermedio.

El farmacéutico puede, además, personalizarlas de otros modos, por ejemplo, al reemplazar el habitual aceite de maní de las cápsulas de gel por aceite de oliva. Los estrógenos y la progesterona empleados en estas preparaciones compuestas son, de hecho, en todo idénticos a las hormonas que se hallan en el cuerpo de una mujer. Pero resulta un poco exagerado decir que son naturales. Son creados en laboratorios por químicos que manipulan las hormonas vegetales de las batatas o de las plantas de soja.

Las mujeres buscan una terapia hormonal segura

Es importante observar que existen varias hormonas aprobadas por la FDA que también son exactamente iguales —molécula por molécula— a las hormonas naturales. Entre los ejemplos se cuentan las píldoras Estrace, la crema tópica Estrasorb y el parche Alora. “El término bioidéntico es, en realidad, poco apropiado”, afirma la Dra. Nanette Santero, M.D., jefa del departamento de obstetricia y ginecología de la Colorado University (Universidad de Colorado), en Denver, y portavoz de la Endocrine Society. “Se trata, en realidad, de hormonas compuestas en farmacias frente a aquellas aprobadas por la FDA”.

Las hormonas compuestas han existido durante décadas, pero el interés en ellas surgió en el 2002, luego de que investigadores publicaran los asombrosos resultados de la Women's Health Initiative (WHI - Iniciativa para la Salud de la Mujer). El estudio realizado en más de 16.600 mujeres menopáusicas reveló que la ingesta de una combinación de estrógeno y progestina aumentaba el riesgo de contraer cáncer de mama en alrededor del 25%. Sorprendentemente, la combinación también llevaba a más del doble el riesgo de enfermedad cardiaca en los primeros dos años. “La WHI generó en algunos doctores y en muchos pacientes un cierto desencanto y desconfianza hacia las hormonas estándar”, afirma Stuenkel.

Nuevo estudio vincula las hormonas al cáncer de mama

A medida que los investigadores continuaban con el seguimiento de las mujeres que participaban en la WHI, las noticias empeoraban. Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA) en octubre del 2010 reveló que cuando las mujeres que tomaban Prempro desarrollaban cáncer de mama, era probable que el cáncer fuera excepcionalmente agresivo. En conjunto, las mujeres que ingerían las hormonas tenían cerca del doble de probabilidades que las demás mujeres de morir de cáncer de mama dentro de los ocho años. “La mayoría de las muertes ocurrieron más de cinco años después de iniciado el tratamiento hormonal”, afirma el investigador en jefe, Dr. Rowan Chlebowski, M.D., médico oncólogo del Los Angeles Biomedical Research Institute (Instituto de Investigación Biomédica de Los Ángeles), del Harbor-UCLA Medical Center (Centro Médico Harbor-UCLA). “Podríamos ser testigos de muchas más de estas muertes con el transcurso del tiempo”.

Consejo de los médicos

Si bien estos resultados son alarmantes, no deberían modificar el enfoque actual en favor de la terapia hormonal, opina la Dra. JoAnn Manson, M.D., coautora del estudio, profesora de Medicina en Harvard Medical School (la Facultad de Medicina de Harvard) y jefa de Medicina Preventiva en el Brigham and Women's Hospital de Boston. Manson es, además, presidente electa de la North American Menopause Society.

“He estado recibiendo muchos mensajes por correo electrónico de pacientes que se preguntaban cómo este estudio se aplicaba a ellas”, afirma. Como antes, dice, las mujeres deberían seguir una terapia de combinación de hormonas solamente si tienen síntomas de menopausia moderados a severos, e ingerir las dosis más bajas durante el menor período de tiempo posible. Tranquiliza a las mujeres que toman estrógeno solo —tratamiento habitual para mujeres que se han sometido a histerectomías— al afirmar que el estrógeno solo no parece potenciar el cáncer de mama.

Cuando las pacientes preguntan por las hormonas bioidénticas, Manson les explica que ese es un territorio inexplorado. Si bien existe alguna primera evidencia de que la progesterona micronizada Prometrium —hormona bioidéntica— puede presentar menos posibilidades que Provera de causar cáncer de mama, Manson afirma que sigue “trabajando sobre la hipótesis de que las hormonas bioidénticas son igual de peligrosas hasta que se pruebe lo contrario. Y, sencillamente, no hay pruebas”.

Quienes promueven las hormonas compuestas a menudo aducen que sus tratamientos no conllevan ninguno de los riesgos de Premarin y Provera. El Dr. John Woodward, M.D., médico certificado en ginecólogía y obstetricia que ejerce en Dallas, ha estado dando a sus pacientes hormonas compuestas —en la mayoría de los casos, gránulos de estradiol de inyección subcutánea— desde principios de los años setenta. En su sitio web, Woodward apunta a pruebas no publicadas de los años noventa, de la respetada Clínica Cooper de Dallas, según los cuales sus pacientes tendían a tener huesos más fuertes y arterias más limpias que otras mujeres de la misma edad.

Woodward afirma que sus pacientes “simplemente, se sienten mejor” cuando se tratan con hormonas bioidénticas. Una de sus pacientes, Connie Hibbs, una artista de 67 años que vive en Dallas, ha estado implantándose los gránulos de estradiol de Woodward durante más de 30 años. “No siento ninguna diferencia respecto de cuando tenía 35 años”, explica con una  risa jovial. Empezó a ingerir hormonas a los treinta y pico porque estaba preocupada por sus huesos. “Por el lado de mi madre, todos padecían osteoporosis”, explica. “Ahora, mis gammagrafías óseas son perfectas”.

Pero incluso Woodward observa un punto débil en la industria bioidéntica. “Muchas personas no saben lo que están haciendo”, afirma. Por ejemplo, dice, muchos de quienes las prescriben basan sus dosis sobre análisis de saliva que, supuestamente, miden los niveles hormonales de sus pacientes. Pero según su opinión —y la opinión de grupos tales como la Endocrine Society— tales análisis no son confiables y resultan potencialmente engañosos. Además, observa que muchos de los que recetan son “naturópatas” o autodescritos especialistas antienvejecimiento, y no endocrinólogos ni ginecólogos obstetras certificados.

Negocio riesgoso

Las incógnitas en torno a las hormonas bioidénticas compuestas las tornan potencialmente más riesgosas que los tratamientos estándares, afirma Stuenkel. “Por lo menos, uno sabe lo que contienen las hormonas aprobadas por la FDA”, dice. “Deben seguir estándares de elaboración”. Debido a que las hormonas compuestas se elaboran en el momento, existe mucho espacio para error, agrega Santero. “La dosificación no es tan predecible entre una persona y otra”, comenta. Santero advierte que incluso si una mujer se siente maravillosamente bien con su tratamiento, puede estar ingiriendo más hormonas de las que realmente necesita. Y eso es un problema, explica, porque demasiado estrógeno puede terminar en cáncer de útero. Por el contrario, si una mujer ingiere menos hormonas de las que necesita, puede estar perdiendo masa ósea o malogrando el alivio que las hormonas pueden generar.

El año pasado, Piera Graven, de 58 años, gerente de operaciones en una clínica médica de la ciudad de Nueva York, se trató con hormonas bioidénticas compuestas para aliviar sus sofocos. “Pensé que sería mejor probar algo natural”, explica. Pero el tratamiento no funcionó, por lo que recurrió a Santoro, que todavía estaba en Nueva York en ese momento. Una combinación de Prometrium (versión recetada de progesterona) y del parche de estrógeno Vivelle Dot lo logró. “Todavía me sofoco, pero no es en nada comparable con lo que solía ser”, dice.

Santoro dice que los resultados del estudio de la WHI obligaron a los médicos de todos lados a dar un paso atrás y a reconsiderar su enfoque respecto de las hormonas. Ella intenta encontrar las dosis más bajas que traerán alivio, y acepta todo el ensayo y error necesario para hallar el enfoque adecuado para cada paciente. No hay un término en boga para su enfoque, pero sostiene que a sus pacientes no parece importarles.

Chris Woolston es escritor independiente especializado en temas de salud. Sus trabajos han sido publicados en Los Angeles Times Reader's Digest.

 

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