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¿Qué relación hay entre la raza y la vacunación contra la COVID-19?

Según los expertos, las personas negras y latinas mayores tienen más probabilidades de morir a causa de la COVID-19; sin embargo, no están recibiendo su parte correspondiente de vacunas.

Una enfermera le pone una vacuna a un hombre

GETTY IMAGES

In English | Es una escena que se repite en los vecindarios desfavorecidos de todo el país: las clínicas a las que suelen acudir los residentes negros y latinos están ahora repletas de adultos mayores blancos de otras áreas deseosos de recibir la codiciada vacuna contra la COVID-19. Los últimos datos analizados por Kaiser Family Foundation (KFF) muestran un patrón a nivel nacional de afroamericanos e hispanos que reciben menos vacunas en relación con su proporción de casos y muertes por COVID-19, así como con su población total. "Esto se alinea realmente con lo que hemos visto durante toda esta pandemia: ha afectado de manera desproporcionada a los adultos mayores, pero especialmente a los de las comunidades de color", afirma Tricia Neuman, vicepresidenta sénior de KFF. Tanto las personas negras como las latinas tienen más del doble de probabilidades que las personas blancas de morir por complicaciones de la COVID-19, a cualquier edad, y los afroamericanos están muriendo a causa de la COVID casi al mismo ritmo que los blancos más de una década mayores.

Pero la pandemia no hace más que exacerbar lo que los defensores del cuidado de la salud saben desde hace tiempo. "No se trata de problemas nuevos, hemos visto estas disparidades de salud en casi todas las enfermedades que afectan a los adultos mayores, ya sean cataratas o diabetes tipo 2", señala la Dra. Folasade May, profesora auxiliar de Medicina en UCLA. Esto, a su vez, repercute en la longevidad en aspectos clave. Un estudio publicado en enero en la revista JAMA descubrió que los índices de mortalidad a nivel nacional entre la población negra por todas las causas eran un 24% más altos que entre la población blanca, lo que se traduce en casi 75,000 muertes más al año entre las personas negras. Pero May enfatiza que no se trata de raza o color. En cambio, las preocupantes estadísticas se reducen al contexto socioeconómico y medioambiental de estas comunidades.


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Por qué esta población es tan vulnerable

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las personas blancas en Estados Unidos viven, en promedio, unos 3.6 años más que las personas negras, con una expectativa de vida de 79.1 y 75.5, respectivamente. Una de las razones es que los afroamericanos y los hispanos tienen mayores índices de enfermedades crónicas, como presión arterial alta y diabetes tipo 2. "Por desgracia, cuando una persona es pobre, es más probable que sea negra o de color, con menos acceso a cosas como alimentos saludables o un gimnasio para hacer ejercicio", dice May. "Este grupo también tiene tasas de detección de cáncer más bajas: mis pacientes me dicen que tienen tantas exigencias que compiten en su vida, que eso es lo último para lo que tienen tiempo. En cambio, los pacientes con más recursos se presentan en el consultorio de su médico queriendo saber todo lo que tienen que hacer para optimizar su salud". Esta es una de las razones por las que los índices de cáncer son más altos entre las personas negras, señala.

Por otro lado, están los propios vecindarios en los que viven. "Las minorías raciales y étnicas suelen ser más propensas a vivir en vecindarios con altos índices de violencia y donde el aire o el agua son insalubres, además de que pueden estar expuestas a elementos en el trabajo que pueden perjudicar su salud, como el humo de segunda mano o los ruidos fuertes", afirma May. Esto se ha agravado enormemente durante la pandemia de COVID-19, ya que muchas personas de color desempeñan trabajos esenciales en centros de atención médica, supermercados y transporte público, lo que aumenta su riesgo de exposición al virus. Por otra parte, pueden vivir hacinados en hogares multigeneracionales, donde hay más posibilidades de contagio.

Todos estos factores —conocidos como determinantes sociales de la salud— pasan factura en conjunto. "Años de lucha contra los elementos estresantes de la vida, incluidos el racismo y el sexismo sistémicos, pueden desgastar mucho el cuerpo de una persona", dice May.

Otro problema es la desconfianza general de la vacuna contra la COVID-19 en las comunidades de color, señala May. Un informe publicado en otoño por COVID Collaborative, una organización nacional que agrupa a expertos en salud y líderes políticos, descubrió que menos de una quinta parte de las personas negras y poco más de un tercio de las latinas confían en que la vacuna contra la COVID-19 sea segura y eficaz. "Una de las razones puede ser que las comunidades de color no han recibido suficiente información sobre la vacuna, como, por ejemplo, el hecho de que hubo muchos participantes negros y latinos en los ensayos clínicos", explica May.

Asimismo, durante mucho tiempo ha existido una desconfianza hacia los estudios médicos, basada en injusticias históricas. Un ejemplo de esto: el estudio Tuskegee sobre la sífilis, que se llevó a cabo entre 1932 y 1972 en el Tuskegee Institute en Alabama, se negó a tratar a los hombres negros enfermos de sífilis.

También hay otros impedimentos. Incluso cuando los adultos mayores de color intentan vacunarse, se encuentran con obstáculos. "En algunos casos, un paciente tiene que estar vinculado a un centro de salud para recibir una vacuna, pero muchas de estas personas pueden no tener un proveedor primario de atención médica, e incluso entonces pueden no tener acceso a la tecnología que les permita concertar una cita", añade May.

Cómo reducir las disparidades de salud

Aunque la pandemia de COVID-19 ha puesto al descubierto el problema de las desigualdades de salud, también puede ser la llamada que nuestra nación necesita para instituir el cambio, dice Gelila Selassie, abogada de Justice in Aging, una organización nacional de defensa legal sin fines de lucro. Y sugiere algunas formas de hacerlo:

Aumentar el acceso a servicios basados en el hogar y la comunidad. Si bien todos los hogares de ancianos se han visto muy afectados por la pandemia de COVID-19, el impacto ha sido particularmente devastador para los hogares de ancianos de mayoría negra, dice Selassie. "Incluso antes de la pandemia, siempre hemos sabido que los adultos mayores de color tienen más probabilidades de residir en un hogar de ancianos debido a que no pueden pagar los cuidados en el hogar, y de que ese hogar de ancianos sea de menor calidad", añade. Una forma de aumentar el acceso es exigir a los estados que cubran los servicios basados en el hogar y la comunidad a través de Medicaid, al igual que se les exige que cubran el cuidado institucional. "Los estudios han demostrado que las personas que tiene acceso a servicios comunitarios y en el hogar, en comparación con un hogar de ancianos de menor calidad, tienen menos probabilidades de ser hospitalizadas y también tienen tasas de mortalidad más bajas", dice.


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Reducir la brecha digital. Aunque la telesalud ha sido una manera eficaz de llegar a muchos adultos mayores, puede resultar una barrera más para la atención médica para las personas de color que no tienen acceso a la tecnología o tienen problemas para entender el inglés, dice Selassie. Su organización está luchando para restablecer un requisito de acceso lingüístico para todos los sistemas de salud, de modo que los usuarios reciban ayuda en cuestiones como la navegación por un portal de telesalud en un idioma que entiendan. Además, su organización pretende ampliar el acceso de la comunidad a una red wifi y ofrecer asistencia a los adultos mayores de bajos recursos que puedan tener dificultades para utilizar la tecnología.

Establecer confianza. Las personas de color tienen motivos para ser escépticas con respecto al sistema de salud, dice May, ya que tienen más probabilidades de sufrir discriminación por motivos de salud y prejuicios raciales. "Los adultos mayores con los que trabajo desconfían mucho porque recuerdan una época en la que había hospitales para blancos y hospitales para negros, y cuando las personas eran admitidas en uno para negros, morían", dice. "Pero si contamos con líderes de color —incluidas las iglesias, las organizaciones comunitarias sin fines de lucro y hasta los propios médicos— que alienten a las personas a recibir la atención médica que necesitan, podemos lograr grandes avances en la salud".

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