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Testimonio de Manny García sobreviviente de un aneurisma Skip to content
 

Héroes de la vida real: “Nunca me daré por vencido, aunque muera tratando”

La historia de Manny García, quien sobrevivió una riesgosa cirugía cerebral y ahora aspira a participar en un maratón.

Manny García recibe terapias

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Manny García durante las terapias de rehabilitación, en el Doctors Hospital at Renaissance, en McAllen, Texas.

Lo que recuerda de aquel 2 de enero del 2014 es poco, estaba cortando el césped de su casa y sintió un fuerte zumbido en la cabeza. Después de ese momento no supo nada más. Su vida cambió por completo.

Manny García, padre de cuatro hijos, maestro y entrenador del equipo de fútbol de James Nikki Rowe High School de McAllen, Texas, sufrió un ataque cerebral, más conocido como hemorragia subaracnoidea o aneurisma. Este no solo le afectó el movimiento de sus piernas y un brazo, sino que lo puso al borde de la muerte.

“Por acá todos me llaman el milagro ambulante”, dijo García en entrevista con AARP en español. Y es que son muy pocas las personas que logran sobrevivir la cirugía intravascular cerebral de alto riesgo a la que fue sometido.


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Enfrentando la realidad

Manny, quien actualmente tiene 54 años, reconoce que puede contar su historia gracias a la intervención oportuna de la ciencia y a lo que él llama una experiencia mística.

Explica que, un par de meses después de su derrame cerebral, mientras era transportado en ambulancia del hospital a un centro de rehabilitación tuvo un “encuentro con Dios”. “Vi una luz, oí una voz que me dijo: ‘te libré de esta, pero no va a ser fácil’”, relata.

Y así ocurrió. La recomendación de los neurólogos era inhabilitarlo por discapacidad ante las secuelas físicas que había dejado el episodio médico. “Me hicieron exámenes de la mente, me dijeron que mentalmente estaba bien, pero me era muy difícil andar en silla de ruedas”, explica. Sin embargo, el mensaje de Manny a los terapeutas era otro. “Presiónenme, yo soy coach, para mí fallar no es una opción”. A su esposa, Sally, le había dicho lo mismo: “nunca me daré por vencido, aunque muera tratando”.

A pesar de todas las limitaciones, a un año del accidente cerebrovascular, Manny regresó al campo de entrenamiento con sus estudiantes y continuaba con las terapias para recuperar el movimiento de su cuerpo.

Aprendiendo a caminar

Pero la fuerte motivación y el gran esfuerzo de Manny no eran suficientes para recuperar sus habilidades motrices. En este caso, la tecnología jugó un papel determinante. Durante las terapias de rehabilitación, en el Doctors Hospital at Renaissance, en McAllen, los terapeutas decidieron que era un candidato ideal para beneficiarse del uso de un esqueleto biónico, conocido como EksoGT (en inglés). El primer exoesqueleto aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) en el 2016 para la rehabilitación de personas que han sufrido lesiones cerebrales y accidentes cerebrovasculares.

Tras ponerle el aparato, los médicos notaron una mejoría inmediata en el movimiento de las piernas de Manny. “Sin el EksoGT me hubiera tomado más tiempo. Me dijeron que mi problema no era de fuerza física, sino de la necesidad de reentrenar el cerebro para aprender a pisar correctamente”, dice.

“El EksoGT me corregía las pisadas mientras yo andaba. Una vez que salía de la oficina médica, trataba de repetir lo que la máquina me había enseñado”, explica.

A finales de noviembre del 2018, casi cinco años después de su derrame cerebral, logró su anhelada meta. Regresó caminando, sin ayuda alguna, al campo de entrenamiento donde fue recibido por sus estudiantes y miembros de su comunidad.

Manny reconoce que ha podido enfrentar esta batalla gracias a su familia inmediata y a sus compañeros de trabajo, quienes durante su convalecencia recaudaron dinero para ayudarlo con los gastos médicos.  

“Todavía no puedo usar el brazo izquierdo. No puedo atarme los cordones de los zapatos. Le pido ayuda a mi hijo. Doy gracias a Dios porque son muy pacientes conmigo”, reconoce.

Manny García, su esposa Sally e hijos

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Manny García junto a su esposa Sally y sus dos hijos.

Otra dura batalla

Pero una prueba más de coraje y esperanza estaba reservada para Manny y su familia. A los dos años del accidente cerebrovascular, Sally, su esposa, fue diagnosticada con cáncer del cuello uterino. Una riesgosa operación para extirpar un tumor de trece libras, meses de radiación y quimioterapia, representaron otra batalla a vencer.

Ante la pregunta de si descuidó su propia salud para cuidar la de su esposo, Sally responde: “Estaba extremadamente abrumada. Me sentía estresada y fuera de control. Me la pasaba llorando. Se me hizo muy difícil ver cambiar las vidas de mis hijos de la noche al día. Ellos se afectaron mucho también”, comparte Sally.

Manny y Sally vencieron juntos las batallas individuales con sus respectivas enfermedades y ganaron la guerra al mantener la familia unida en circunstancias tan adversas. En agosto del 2017, se convirtieron en abuelos por primera vez.

Entre los planes de la pareja figura la boda de la hija para finales de este año. “Una de las cosas que más me entristecía fue cuando me di cuenta de que no podía caminar con mi hija al altar, pero gracias a Jesucristo, mi padre y salvador, tendré esa oportunidad”.

Este año, Manny también aspira a participar en su primer maratón después de su recuperación.

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