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Alejandra Guzmán: "Las cicatrices me han enseñado que conquisté esa lucha en mi vida"

Confesiones de la cantante sobre su experiencia frente al cáncer de seno.

Alejandra Guzmán

GETTY IMAGES

Alejandra Guzmán

En el 2007, la legendaria roquera mexicana Alejandra Guzmán fue diagnosticada con un tumor en el seno y afortunadamente su decisión fue extirparlo de inmediato. Desde entonces, la cantante se libró de esta enfermedad, que en lo que va del 2019 ha cobrado la vida de más de 40 mil mujeres en Estados Unidos.

A más de una década de esta batalla médica, Guzmán continúa compartiendo su experiencia con el fin de ayudar a la prevención del cáncer de seno. Recientemente, presentó en Los Ángeles un concierto en conexión a esta causa, y habló con AARP en Español sobre los momentos más difíciles, los miedos, los retos y las lecciones aprendidas.

Cuando te dieron el diagnóstico, ¿qué fue lo primero que pasó por tu mente al escuchar la palabra cáncer?

Fue un shock. No imaginas jamás que te tocará a ti. Me quedé sin dormir esa primera noche y pensé que lo mejor era cortar de raíz eso que estaba en mi cuerpo. Al día siguiente escribí una canción que se llama “Hasta el final”. Es muy bonita porque habla de ese miedo, de cómo la vida se vuelve de papel. Aunque tengas todo el dinero del mundo no puedes comprar lo más bello, lo que no se compra, la salud.


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¿Cuál dirías que fue el momento más difícil de todo el proceso?

Verme mutilada frente al espejo. De alguna manera, fue lo que me desvaneció. Llegué a mi casa y no había visto, hasta ese momento, que me habían quitado el pezón. Algo muy chocante, considerando que el cáncer no fue tan agresivo para mí. No perdí el pelo ni me hicieron terapia de radiación. Tuve la suerte de encontrar el tumor cuando estaba pequeño.

¿Decidiste operarte en México o Estados Unidos?

Elegí operarme en Cuidad de México, hay muy buenos doctores y son muy consentidores. Después de los estudios iniciales, cuando me avisaron que sí era cáncer, fui radical y decidí operarme rapidísimo. Tuve que tomar una pastilla que equivale a la quimioterapia y enfrenté dos operaciones para extirpar ganglios. Gracias a Dios, el cáncer no se había esparcido. Tuve suerte.

¿Se vio afectada tu autoestima como mujer al pasar por todo esto?

Hay un momento en el que tienes miedo porque te han cortado. En el pasado me habían operado, cortando y mutilando tanto que dejaron una herida inmensa en mi espalda.

Cuando me quitaron el pezón me daba vergüenza mostrar el pecho, porque no estaba igual. Sí logré estar con alguien íntimamente y no esconderme. Y después me lo tatué. No muchas sobrevivientes lo hacen, pero es una manera fácil de recuperar algo. Mira que tengo muchos tatuajes, pero éste es especialmente bello para mí.

Ahora creo que me quiero un poquito más de lo que me quería antes. Sé que esas mismas cicatrices me enseñaron que conquisté esa lucha en mi vida. He pasado por muchas y me tengo que querer así.

¿En algún momento te desanimaste?

Una vez tiré la toalla. Llamé a mi papá y le dije que no podía con esto. “Quiero que hables con alguien”, me dijo, y me hizo escuchar un video de un concierto mío, con los gritos del público. Cuando oí esos sonidos, fue la mejor medicina. Ese momento no lo olvidaré nunca. Creo en el poder de la música.

¿Tú crees que hay factores externos como el estrés que inciden en el cáncer, o es hereditario?

Los médicos te dan una lista de factores dañinos: la comida, que está llena de hormonas, los hornos microondas, el cloro para limpiar. Son muchas cosas en nuestro entorno. Además, vivo en Ciudad de México, la ciudad más contaminada del planeta.

En cuanto al tema del estrés, creo que escogí lo que más me gusta en la vida, que es la música. Me encanta trabajar. Cuando canto, lo dejo todo en el escenario y me voy a dormir tranquila. No me gustan los aviones, las redes. Pero lo demás es maravilloso.

"Siempre les aconsejo a las mujeres que se toquen. Es sano agarrarse los senos de vez en cuando"

¿Le sugeriste a tu hija Frida que esté pendiente de sus exámenes por si hay algún factor genético?

Le dije que tenemos que estar revisándola, aunque eso se hace recién a los 30 años y ella tiene 27. Yo le platico sobre todas las cosas que me pasan; trato de ser honesta. Todos aprendemos de una situación así.

¿Qué otras lecciones aprendidas de esta experiencia quisieras compartir con nuestros lectores?

Siempre les aconsejo a las mujeres que se toquen. Es sano agarrarse los senos de vez en cuando. A las mujeres nos enseñan tanto a no tocarnos, a respetarnos, que como consecuencia no nos sentimos, no escuchamos a nuestros cuerpos. También es parte de callar muchas cosas, no perdonar otras. Al final se termina somatizando en algún lugar del cuerpo. Yo tuve la suerte de aprender de esto, salir adelante y sostenerme de las cosas que más amo en esta vida, como la música, y también la vida misma.

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