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Lorena Meritano y su batalla contra el cáncer de seno Skip to content
 

Heroínas de la vida real: La mejor versión de Lorena Meritano

La actriz argentina revela detalles de su actual batalla contra el cáncer de seno.

Lorena Meritano

Milena Matej

Un diagnóstico de cáncer de seno hace cuatro años le cambió la vida por completo a la actriz Lorena Meritano y la llevó a hacer cambios radicales. En el proceso, se divorció de su esposo, tuvo que renunciar al sueño de ser madre biológica y regresó a vivir a Argentina, su país natal.


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La famosa actriz de telenovelas como Prisionera de amor y Pasión de gavilanes protagoniza actualmente la serie web El rey del valle y está escribiendo un libro sobre su batalla contra el cáncer. Sigue compartiendo en las redes sociales su lucha contra la enfermedad y cómo enfrentar esos momentos de decepción y soledad que pueden surgir durante la difícil jornada.

En una entrevista con AARP en español, Meritano hizo un recuento de su experiencia y compartió cómo aprendió a vivir el presente y a ser cada día una mejor versión de sí misma.

¿Cómo descubriste que tenías cáncer?

En el año 2014 me hice un chequeo general. Lo hacía todos los años de manera preventiva. Estaba en un avanzado tratamiento in vitro con mi expareja [el actor venezolano Ernesto Calzadilla]. Al mes, cuando regresamos a Bogotá, descubrí una bolita durante un auto examen, palpándome los senos, y actué rápido. Ahí comenzó todo este proceso en el cual llevo cuatro años y espero continuar muchos años más, si Dios quiere.

¿Qué tratamiento recibiste?

Me extirparon dos tumores primero. A los 15 días, tuvieron que extirparme toda la mama y los ganglios, una mastectomía radical. Después comencé mi tratamiento de quimioterapias; fueron 16 quimioterapias. Luego me hicieron el examen para BRCA 1 y 2 y me dio positivo: tengo una mutación genética [que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de mama y cáncer de ovario].

En el 2016, me tuvieron que extirpar la mama izquierda y en otra operación me sacaron los ovarios y las trompas. Ese año fue terrible: me separé, me caí, me tuvieron que operar otra vez. En total, llevo ocho cirugías. En el 2017, empecé la reconstrucción.

¿De ese difícil proceso, puedes evaluar cuáles tratamientos te funcionaron y cuáles no?

Los médicos se ocupan de la parte médica y yo me ocupo de todo lo que es alternativo en terapias, alimentación y en hábitos. Soy reikista, entonces recurrí a tratamiento de reiki [una técnica japonesa para sanar a través de la energía] durante la quimioterapia. Comencé una dieta alcalina. Después de las quimioterapias también recurrí a la medicina biológica… porque los efectos secundarios de la quimio ocurren después. Perdí la concentración, la memoria; los calambres y los dolores de articulaciones eran muy duros. La homeopatía me sirvió bastante en cierto momento de depresión y por supuesto un acompañamiento psicológico constante. Empecé a meditar. Sigo en una búsqueda de herramientas para sanar.

Creo que todo ayuda, todo suma: la tranquilidad, el tener relaciones amorosas, el poner límites, el saber perdonar. Todo es un proceso y es de un día a la vez: el tener paciencia, no tomarte las cosas de manera personal, especialmente los comentarios en las redes, la gente imprudente, desalmada, que no tiene empatía ni corazón; y tratar de cortar todo vínculo con personas que no ayudan, que no son amorosas y que no son respetuosas.

¿Qué tipo de control recibes en estos momentos?

Estoy recibiendo control oncológico cada seis meses y control ginecológico cada tres meses.

Lorena Meritano

Milena Matej

Mirando hacia atrás, ¿qué harías diferente?

No haría nada, absolutamente nada, diferente. Primero, porque no miro para atrás. Mirar atrás es conectarte con la angustia y con lo que ya pasó y no se puede cambiar. Entonces, realmente es una pérdida de tiempo. Vivo el aquí y el ahora conectada. Mirar para adelante es conectarte con la ansiedad. Lo aprendí con el libro El poder del ahora. Es eso: estar conectada con el ahora, como los chicos, con el presente. Creo que todo lo que hice y lo que hicieron fue perfecto. Todo es perfecto y todo es como tuvo que ser. Y el aceptar y el entender esto y el no juzgar —el no juzgarme y el no juzgar a los demás— es parte de este maravilloso proceso que transito día a día.

¿Cuál es tu mayor lección de esta experiencia médica?

No existe una lección. Existe el hoy, existe sanar, existe la humildad de pedir ayuda, la humildad de saber recibir, que es lo que más me cuesta en la vida. Siempre he sido una gran dadora y el aprender a recibir es uno de los aprendizajes que más me está costando. Pero estoy en proceso de evolución, en este proceso de ser una mejor versión de mi misma y de seguir sanando, de seguir construyendo un mejor ser humano. Son muchas las lecciones y, gracias a Dios, continúo aprendiendo todos los días.

¿Qué le dirías a otras mujeres pasando por una situación similar?

Doy gracias a Dios, porque estoy viva. Uno tiene que tener la humildad de detenerse, de pedir ayuda y tener la sabiduría de preguntarle a los obstáculos que se le presentan: ¿por qué a mi? Son todos grandes maestros.

Todo este tipo de procesos complicados y enfermedades nos vienen a enseñar. Si uno logra no victimizarse y ponerse en el lugar de alumno y abrazar con amor y pedir ayuda y ser flexible ante los cambios y tener paciencia, y tener fe y ser perseverante y trabajar arduamente interiormente y perdonar, uno puede crecer muchísimo como persona y convertirse en una mejor versión de uno mismo a través de estas circunstancias tan adversas.

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