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Alergias misteriosas

¿Es la carne el nuevo polen?

In English | En julio de este año, en un motel en Tulsa, Oklahoma, a mil millas de su casa, Linda Quinn se despertó en medio de la noche, y lo primero que dijo fue: "No, no otra vez".

Enormes manchas rojas le cubrían el torso, y le picaban. Tenía la sensación de que un enorme peso le oprimía el pecho, sacándole el aire. Se sentía mareada, señal de un descenso en la presión arterial y característica distintiva de la anafilaxia, reacción alérgica y potencialmente fatal, por la que había terminado en la sala de emergencia media docena de veces, desde el 2006.

Rápidamente, despertó a su esposo Joseph, quien llamó a la recepción. El recepcionista llamó a una ambulancia, que llevó a Quinn a un hospital cercano.

El matrimonio estaba perplejo, porque Linda no había ingerido ninguno de los alimentos que los médicos le habían advertido que evitara, cuando la diagnosticaron que sufría de un tipo de alergia alimentaria. No fue hasta más tarde que la pareja de jubilados descubrió que se trataba de algo que ninguno de los dos se habría imaginado.

El diagnóstico que le dieron a Linda Quinn, el que comparten cada vez más pacientes en todo el mundo, está alterando ideas establecidas respecto a las alergias alimentarias, una de las cuales era que los adultos no desarrollan alergias en la edad madura. Y, sin embargo, algunos adultos, de hasta 80 años, súbitamente desarrollaron una alergia que sonaba totalmente grotesca: eran alérgicos a la carne.

Dos estudios recientes —uno publicado por un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, donde posteriormente trataron a Quinn, y otro realizado en Sydney, Australia— han llevado a médicos a reconsiderar la prevalencia de una alergia antiguamente considerada poco común y a pensar que un factor previamente desconocido la provoca.

"Es muy interesante, porque es tan inesperado", dijo el Dr. Wayne Shreffler, director del Food Allergy Center (Centro de Alergias Alimentarias) del Massachusetts General Hospital, en Boston.

El doctor Saju Eapen, alergista con consulta privada en Roanoke, Virginia, coincide. Califica el descubrimiento de "transformativo", y agrega que este año él y sus socios han remitido a casi 150 pacientes a la Universidad de Virginia, para hacerse pruebas especializadas. "Esto no es algo que buscábamos anteriormente".

Episodios sin explicación

Para Linda Quinn, ex técnica veterinaria, de 61 años, la vida rural en Farmville, Virginia, era lo que habían soñado ella y su esposo, ex inspector de viviendas, cuando dejaron los suburbios de Washington, D.C. Tenían un caballo, un gato, perros, y pronto se encontraron con muchísimas garrapatas.

Mientras que los minúsculos insectos ignoraban a Joe, se saciaban en Quinn, quien se acostumbró a arrancárselos de la ropa y piel después de un paseo por el lugar o después de haber estado en el granero. También se acostumbró a la inevitable reacción unas cuantas horas después, cuando la picada de garrapata se le hinchaba y le picaba enormemente. Pero a la larga, los síntomas siempre se calmaban.

En el 2006, Quinn comenzó a experimentar episodios alarmantes que parecían relacionados con las idas al granero. Al principio, pensó que podría ser una reacción al heno o al moho. De repente, le aparecía una urticaria roja desde el cuello a las rodillas, que le picaba. A veces, le resultaba difícil respirar y se mareaba. La presión arterial, normalmente elevada, le bajaba, tanto como a 86/60.

Ni Quinn ni su médico tenían la menor idea de qué le causaba esos incidentes. Los médicos le daban epinefrina y Benadryl para contrarrestar los síntomas, esperaban a que disminuyeran, y la mandaban a casa. Después de varios meses, se hizo evidente que los episodios se volvían más violentos y frecuentes.

Los médicos no sabían qué le causaba la anafilaxia. Su médico le dijo que siempre debía llevar consigo un EpiPen, aparato que administra una inyección de epinefrina en situaciones de emergencia. En Noviembre del 2007, la mandó para que se hiciese una evaluación adicional a la clínica de alergias de la Universidad de Virginia, en Charlottesville, cuyo director, el doctor Thomas Platts-Mills es alergista de fama mundial.

¡Creo que lo tienes!

Después de preguntarle y analizar su historia de manera detallada, Platts-Mills y su equipo le hicieron pruebas de la piel y descubrieron algo que dejó atónita a Quinn: era alérgica a la carne de res, de puerco y de cordero. Esa alergia, que normalmente surge en la infancia, es considerada muy poco común.

Platts-Mills le preguntó si comía carne. Todos los días, respondió ella.

¿La habían picado garrapatas últimamente? ¿Había experimentado una reacción? Después que Quinn le contó de las frecuentes picadas y la inevitable hinchazón con escozor que le sobrevenía, Platts-Mills perdió su británica reserva.

"¡Creo que lo tienes! ¡Tienes un auténtico caso!", le dijo.

Quinn pronto descubrió que el laboratorio de Platts-Mills exploraba una teoría original: que una rara reacción a las picadas de garrapata puede provocar una súbita alergia a la carne en adultos como Quinn, que habían comido carne sin problemas durante décadas. Enseguida, ella accedió a participar en el estudio de Platts-Mills, convirtiéndose en la paciente número 15. En estos momentos, participan cientos de personas.

Se desafían ideas tradicionales

El año pasado, el equipo de la Universidad de Virginia publicó un estudio en el Journal of Allergy and Clinical Immunology (Revista de Inmunología Alérgica y Clínica), en que detallaba los casos de 24 adultos, entre ellos Quinn, que de repente habían desarrollado alergia a la carne. El 80% de ellos refirieron que les habían picado garrapatas semanas o meses antes de aparecer la alergia. Muchos habían experimentado anafilaxia hasta seis horas después de comer carne roja, algo insólito, porque las alergias alimentarias típicamente causan reacciones violentas en menos de 30 minutos. Un equipo de alergistas de Sydney publicó resultados similares en el Medical Journal of Australia (Revista Médica de Australia).

¿Cómo puede causar una picada de garrapata alergia a la carne? Scott Commins, profesor adjunto de medicina y autor principal del estudio de la Universidad de Virginia, explicó que en personas susceptibles como Quinn, una picada de garrapata que suscita una reacción cutánea importante parece provocar la producción de un anticuerpo que se une a un azúcar, conocido como alfa-galactosa, que está presente en la carne.

Cuando una persona que tiene el anticuerpo come carne, esto estimula la emisión de histamina, lo que causa síntomas alérgicos: urticaria, picazón y, en el peor de los casos, anafilaxia.

Pero quedan muchas preguntas que son el objeto de investigaciones, dijo Platts-Mills, quien también padece de esa afección. (Excursionista devoto, sufrió numerosas picadas de las garrapatas que se le habían pegado en las botas). Su laboratorio ha recopilado datos sobre más de 300 pacientes de Estados Unidos y el extranjero, y se ha convertido en un centro a donde otros médicos remiten casos sospechosos.

"Tenemos la certeza de que las garrapatas pueden causar esto", afirmó. "No estamos seguros de que son la única causa". Los investigadores tampoco saben por qué la anafilaxia toma tanto tiempo en aparecer ni por qué solo algunas personas desarrollan el problema después de una picada de garrapata. Lo que sí saben es que la reacción alérgica depende de la dosis. No es probable que comer una pequeña cantidad de carne cause un problema grave; un bistec grande, sí. Los episodios son impredecibles y no ocurren cada vez que la persona susceptible come carne roja.

Scott Commins dice que los investigadores también han observado que algunas personas pertenecientes a ciertos grupos sanguíneos parecen correr más riesgo. La gente de grupos sanguíneos menos corrientes —B y AB— no parece ser vulnerable, porque elementos de esos tipos de sangre son químicamente similares a la alfa-galactosa.

El clima también parece desempeñar un papel. Las muestras de sangre de personas de Boston y el norte de Suecia casi nunca contienen anticuerpos de alfa-galactosa, que sí son comunes en muestras extraídas de pacientes en Virginia, Carolina del Norte y otros estados del sur de Estados Unidos, y también en el sur de Suecia y partes de Australia, zonas que no experimentan las intensas heladas que matan a las garrapatas.

En el caso de Quinn, las pruebas revelaron que su sangre era del grupo A y que contenía niveles excepcionalmente elevados del anticuerpo de alfa-galactosa. Ya que no existe tratamiento para esa alergia, no se puede hacer más que evitar la carne de res, cerdo y cordero, y todo lo cocinado con esas carnes.

¿Recuerda el episodio en Tulsa? Posteriormente, Quinn descubrió que las papas fritas que comió esa noche se habían preparado en aceite que también habían usado para freir carne.

Dijo que ahora, cuando come fuera, pregunta cómo se preparó cada plato e intenta adaptarse a la vida sin su comida preferida.

"Esto realmente le cambia a uno la vida", aseguró. "Me encantaría comerme un buen bistec".

Sandra G. Boodman escribe sobre medicina y salud para el Washington Post y Kaiser Health News.

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