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La medicación adecuada contra la hipertensión arterial

Empezar con dos medicamentos puede resultar mejor que con uno.

In English | Un nuevo estudio pone en entredicho el método tradicional de prescripción de medicamentos para la presión sanguínea la —empezar con un medicamento y agregar otros si el primero no alcanza— y algunos expertos presagian un cambio en las pautas que podría ayudar a los médicos con el delicado y a menudo frustrante dilema de dar con la medicación adecuada para esta afección.

Las personas con hipertensión arterial que inician su tratamiento con dos medicamentos logran una mejora considerablemente mayor —sin pagar el precio de los efectos colaterales adicionales— que aquellas que empiezan con uno solo, según los resultados del estudio publicado el 12 de enero (en inglés) en la revista británica de medicina The Lancet.

Los autores del estudio, de la University of Cambridge, la British Hypertension Society (Sociedad Británica de Hipertensión Arterial), University of Glasgow y el laboratorio Novartis llegaron a la conclusión que el tratamiento inicial que combina dos medicamentos en lugar de uno solo “puede recomendarse” en pacientes cuya presión arterial sistólica sea por lo menos de 150.

La sistólica es la marca máxima en la lectura de la presión arterial: por ejemplo, con una presión sanguínea de 150 sobre 90 o de 150/90, la presión sistólica es 150. Si bien ambas marcas son importantes, los médicos prestan especial atención a la presión sistólica en las personas de más de 50 años, porque está íntimamente relacionada con las enfermedades del corazón.

Según las pautas estadounidenses actuales, publicadas en el 2003, solo se requieren dos medicamentos en el acto cuando la presión sanguínea es especialmente alta (sistólica por encima de 160), pero este estudio refuerza una recomendación anterior efectuada por la American Society of Hypertension (ASH, Sociedad Estadounidense de Hipertensión Arterial), según la cual empezar con dos medicamentos podría ayudar a personas con aumentos de la presión sanguínea menos graves (lecturas sistólicas de entre 140 y 160).

En el estudio británico, 318 pacientes empezaron solamente con aliskiren (Tekturna), 316 tomaron solo amlodipina (Norvasc) y 620 empezaron el tratamiento con ambos fármacos.

Después de 16 semanas, los pacientes que seguían la terapia combinada habían disminuido la presión sanguínea 6,5 puntos más que aquellos que tomaban un solo medicamento.

Entre la semana 16 y la 24, cuando se administraron ambos medicamentos a todos los pacientes del estudio, los que habían empezado con un medicamento casi alcanzaron a los que venían tomando la combinación de medicamentos desde el comienzo.

El doctor George Bakris, especialista en hipertensión arterial de University of Chicago, que ayudó a elaborar tanto las pautas profesionales estadounidenses para tratar la hipertensión como la declaración más reciente de la American Society of Hypertension (ASH) sobre el tema, respaldó un uso más amplio de la terapia inicial combinada en un editorial que acompañó el estudio de The Lancet.

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Para que la presión sanguínea alcance un nivel aceptable, afirma, la gran mayoría de las personas con hipertensión arterial necesitarán dos medicamentos que se complementen.

Tradicionalmente, los médicos han empezado por recetarles a muchos pacientes un solo medicamento para después, quizás, ir aumentando lentamente la dosis, hasta agregar un segundo e incluso un tercer medicamento en el transcurso de algunos meses.

Pero con una presión sanguínea descontrolada en las etapas iniciales del tratamiento, los pacientes pueden ser vulnerables a los ataques cerebrales y al corazón, sostiene Bakris. Y en el nuevo ensayo, empezar con una terapia combinada no produjo más efectos adversos —tales como hinchazón en las piernas— que si se hubieran agregado medicamentos secuencialmente. “Si una terapia combinada logra que uno alcance el objetivo más rápido, de manera segura, ¿por qué no seguirla?”, sugiere.

Los médicos se han mostrado renuentes a adoptar una terapia combinada para la hipertensión, en parte, afirma Bakris, debido a la falta de capacitación en el área.

En efecto, según el doctor William Cushman, investigador líder en hipertensión arterial de la Facultad de Medicina de University of Tennessee, en Memphis, que también trabajó en el panel de pautas sobre hipertensión arterial, una razón clave de que se reclame la antigua consecución de los objetivos de presión sanguínea radica en la realidad de la “inercia clínica”.

Se sabe que puede ser complicado dar con el medicamento adecuado para la presión sanguínea y, después de varios meses y de reiteradas visitas al médico, “el médico o el paciente desisten”, sostiene Cushman, y nunca se alcanza el control óptimo de la presión sanguínea.

Si bien el estudio se centró en dos fármacos específicos, Bakris aclara que la investigación da fe del valor de la “terapia combinada en general” y no de la superioridad de medicamentos particulares.

De hecho, la declaración de la ASH consigna como “preferidas” cuatro combinaciones de clases de medicamentos establecidas. Las aseguradoras a menudo prefieren estas combinaciones, muchas de las cuales están disponibles como genéricos, incluidas las combinaciones en una píldora única.

Katharine Greider vive en Nueva York y escribe sobre salud y medicina.

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