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Según AARP, la COVID-19 todavía mata 800 personas al mes en hogares de ancianos

La marcada disminución de las muertes que se observó a principios del 2021 se ha detenido.

In English | Según un nuevo análisis exclusivo de datos federales realizado por AARP (en inglés), las muertes por COVID-19 en los hogares de ancianos siguen estando muy por debajo de sus picos invernales, pero las disminuciones se han estancado y cada mes mueren más de 800 residentes y miembros del personal a causa del virus.

El análisis muestra que hubo poco cambio en las tasas nacionales de infecciones y muertes por COVID-19 en los hogares de ancianos desde mediados de marzo hasta mediados de mayo, incluso a medida que las tasas en la comunidad en general (en inglés) continuaron disminuyendo. Más de 10,000 residentes y miembros del personal se siguen contagiando cada mes.

Los expertos dicen que la limitada aceptación de la vacuna por parte de los trabajadores de cuidados a largo plazo, la escasez de trabajadores y la reciente relajación de las restricciones en los hogares de ancianos podrían estar causando el estancamiento, aunque se requieren más datos y más análisis.


Para información actualizada sobre la COVID-19 visita aarp.org/ElCoronavirus


Desde el comienzo de la pandemia, la COVID-19 ha matado a más de 184,000 residentes y personal de cuidados a largo plazo, que incluyen hogares de ancianos, centros de vida asistida y otros entornos residenciales. Según la Kaiser Family Foundation (en inglés), esas muertes representan casi un tercio de la cantidad total de muertes por COVID-19 en Estados Unidos.

En los hogares de ancianos, las tasas de infección y mortalidad alcanzaron su punto máximo el invierno pasado, cuando se reportó que cerca de 20,000 residentes y miembros del personal murieron a causa de COVID-19 en solo cuatro semanas, desde mediados de diciembre hasta mediados de enero; uno de cada 51 residentes murieron a causa del virus.

Luego, los casos y las muertes comenzaron a caer, con una disminución de más del 90% para mediados de marzo gracias a la llegada de las vacunas, la mayor rigidez de las restricciones gubernamentales y los altos niveles de inmunidad natural como consecuencia de varios meses con altas tasas de infección. Aunque la situación ha mejorado, los defensores de los hogares de ancianos dicen que las tasas actuales de COVID-19 en esos centros no deberían aceptarse como la nueva normalidad.

“Por cierto, espero que no lo sean”, dice Charlene Harrington, investigadora de hogares de ancianos en University of California, San Francisco. “Algo está terriblemente mal si es así".

Susan Reinhard, vicepresidenta sénior y directora del Instituto de Política Pública de AARP, dice que “diez mil muertes al año, solo por COVID, es una cantidad grande. Demasiado grande”.


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Las visitas y la indecisión sobre la vacuna

El Gobierno federal pidió a los más de 15,000 hogares de ancianos del país que flexibilizaran las restricciones de visitas en marzo. Los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) dijeron que los centros deberían permitir las visitas en el interior “sin importar el estado de vacunación del residente o del visitante”; como fundamentos de la medida citaron la vacunación generalizada de los residentes, la disminución de las infecciones por COVID-19 entre residentes y empleados y el daño causado por la separación y el aislamiento de los residentes y sus familias.

El consiguiente aumento de visitantes podría estar contribuyendo en parte al freno que se observa en la disminución de los casos de COVID-19, según Jennifer Schrack, profesora adjunta de Epidemiología del Envejecimiento en la Facultad de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins, en Baltimore.

“Cada visitante es otra posible exposición al virus, en particular los que no están vacunados”, dice.  “Realmente deben considerar cuidadosamente si van a ir a visitar a un ser querido, y si lo hacen, deben usar [equipo de protección personal] y ser muy cautelosos, incluso si su ser querido está vacunado. Un riesgo bajo no significa que no haya riesgo.

El personal no vacunado (en inglés), que podría representar casi la mitad de los empleados de hogares de ancianos y centros de vida asistida, puede ser un factor aún mayor.

“Creo que hemos alcanzado el punto en el que la mayoría del personal que quería vacunarse lo ha hecho”, dice Schrack. “La tasa de vacunación sigue aumentando, pero a un ritmo mucho, mucho más lento que a principios de este año, lo que concuerda con este tipo de situación estable que estamos viendo”.

Los miembros del personal tienen contacto directo con los residentes las 24 horas del día; ellos los bañan, los visten, los alimentan. Eso significa que hay más posibilidad de exposición que con los visitantes. Además, al menos una quinta parte de todos los hogares de ancianos del país han reportado escasez de enfermeros o auxiliares todos los meses durante el último año, según el nuevo análisis de AARP, lo cual aumenta aún más la amenaza de la COVID-19. Cuando los centros tienen poco personal, los trabajadores están a cargo del cuidado de más residentes, lo que puede aumentar la propagación del virus si un trabajador está infectado y no lo sabe.

Se anticipa que los CMS publicarán este mes datos oficiales de vacunación de los hogares de ancianos.  La agencia publicó un memorando (en inglés) en mayo que requiere que todos los centros ofrezcan vacunas contra la COVID-19 a todos los residentes y al personal, y que informen públicamente cuáles son las tasas de vacunación.

¿Cuál es la nueva normalidad?

Es demasiado pronto para considerar estable la actual situación de muertes e infecciones por COVID-19 en los hogares de ancianos como la nueva normalidad para estos centros. “El caso parece ser que [la COVID-19] se convertirá en una especie de gripe estacional”, dice Schrack, “pero todavía estamos averiguando exactamente cómo serán esas cifras y cómo nos vamos a ocupar de ellas".

Harrington, de UCSF, está desafiando a la industria de cuidados a largo plazo a no utilizar las muertes y los casos anteriores de gripe en hogares de ancianos como referencia para medir los impactos de la COVID-19.

Antes de la pandemia, un estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, enlace en inglés) informó que alrededor del 90% de las muertes relacionadas con la gripe en Estados Unidos ocurren entre personas mayores de 65 años, muchas de las cuales viven en hogares de ancianos. La gripe ha causado la muerte de entre 12,000 y 61,000 personas al año desde el 2010.

Antes de la pandemia, 8 de cada 10 hogares de ancianos recibieron sanciones por deficiencias en el control de infecciones, lo que puede promover la propagación de la gripe, según un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de EE.UU., una agencia federal de vigilancia.

“No creo que las tasas de gripe sean aceptables”, dice Harrington, “y ciertamente tampoco creo que estas tasas de COVID lo sean. Esta pandemia nos ha enseñado que debemos mejorar el control de infecciones en todos los ámbitos... Decir que la COVID en los hogares de ancianos va a ser endémica simplemente no está bien".

El análisis de AARP, que fue realizado por el Instituto de Política Pública de AARP (en inglés) y el Scripps Gerontology Center (en inglés) de Miami University en Ohio, se basa principalmente en datos obtenidos del Nursing Home COVID-19 Public File (en inglés), un archivo público de datos relacionados con la COVID-19 provenientes de hogares de ancianos que publican los CMS. La mayoría de los hogares de ancianos están certificados por el Gobierno federal y están obligados a presentar informes al Gobierno semanalmente.

Este continuo análisis se concentra en cinco aspectos principales del impacto de la COVID-19: casos entre residentes, muertes de residentes, suministro de equipo de protección personal, casos entre el personal y escasez de personal. El análisis solo recoge datos de los hogares de ancianos certificados por el Gobierno federal, a diferencia de otros informes que incluyen datos de todos los centros de cuidados a largo plazo, como los centros de vida asistida, de vida independiente, de cuidado de la memoria y otras instituciones. El próximo mes, cuando se disponga de nuevos datos federales, se publicará un análisis actualizado.

Emily Paulin colabora con artículos sobre hogares de ancianos, atención médica, y política federal y estatal. Su trabajo también ha aparecido en Broadsheet, una publicación australiana sobre estilos de vida.

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