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Informe de AARP: Casi el 40% de los hispanos que cuidan de un ser querido son milénicos

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En EE. UU. el español se oye más

En todos los estados, incluído Alaska, ya se escuchan los diferentes ritmos del español.


El anuncio impreso de la obra underneathmybed (debajodemicama) que se presentará en Manhattan hasta mediados de octubre lleva una advertencia al dorso de cierta urgencia: “EN ESTA OBRA SE HABLA UN POCO DE ESPAÑOL”. La advertencia está en una cajita en blanco y negro y en letras mayúsculas, como los letreros en las cajetillas de cigarrillos que amenazan de muerte a los fumadores.

En underneathmybed, que trata sobre la secuela de la guerra sucia argentina en una familia que emigra a un suburbio de Boston, se habla bastante español y del bueno. Sin embargo, la obra, en un minúsculo teatro en el Village, está atrayendo fundamentalmente a un público monolingüe. Y, aunque el diario The New York Times declaró el uso del español en ciertas escenas “exasperante”, la autora, Florencia Lozano, dice que ha recibido pocas quejas.

Dice, también, que no fue su intención escribir una pieza de teatro bilingüe. El español brotó solo.

“Mi primer idioma fue el español”, dice Lozano, que tiene 40 años y es hija de inmigrantes argentinos para quienes, como los personajes de la obra, Argentina siempre fue un tema vital. “Yo empecé a escribir sobre mi familia y salió así. A veces no podía ni escribir las palabras que oía, pero sabía lo que quería decir, y era en español”.

De esa manera orgánica y personal se está diseminando el español por todo el país, aún en ciudades y pequeños pueblos donde, hasta muy recientemente, se veían pocos rostros hispanos y raramente se escuchaba el español.

Esmeralda Santiago, la autora puertorriqueña que vive en Nueva York pero pasa los veranos en un pueblito de Maine desde hace 36 años, cuenta como hace dos o tres veranos escuchó español por primera vez en una tienda del pueblo.

“Me sorprendió”, dice Santiago, de 62 años. “El año pasado, me pasó lo mismo y ya este año oí tanto español que me dije, ‘Entonces se están mudando para acá también’ ”.

Santiago estaba convencida que la única hispana en la península donde tiene su casa de verano era ella. Ya no.

Crecimiento poblacional

De hecho, las más recientes estadísticas muestran que el mayor crecimiento en la población hispana se está dando en los pequeños pueblos. Félix Pérez, presidente de Davidson Media Group, explica cómo la estrategia de su compañía es justamente comprar estaciones de radio en los llamados “mercados emergentes”, donde los hispanos están recién comenzando a establecerse, y convertirlas en emisoras en español.

Mientras que en Miami, por ejemplo, la población hispana crece en un 10 o 15% anualmente, en Charlotte, North Carolina, la población crece un 200%. En Providence, Rhode Island, una ciudad en la que nadie piensa cuando se habla de hispanos, el 20% de la población es hispano, asegura Pérez, de 49 años y nacido en Puerto Rico.

Con 50.5 millones de hispanos en Estados Unidos —sólo México, con 105 millones de habitantes, tiene más hispanohablantes— y proyecciones de que en el año 2050 los hispanos constituirán el 30% de la población estadounidense, se deduce que la importancia del español, y por ende de la cultura hispana, sea cada vez mayor. Se estima que 35 millones de norteamericanos —o 12% de la población— hablan español, aunque la mitad de éstos asegura que también dominan el inglés.

En ciertos barrios de Nueva York se escucha más español que inglés. En Miami y Los Ángeles también. Palabras como bodega, empanadas, y tacos han sido parte de la cultura estadounidense por décadas. Platos como arroz con frijoles y tortillas mexicanas, y tragos como el mojito o el pisco sour han sido incorporados en los menús de restaurantes en casi todas las ciudades del país. La salsa se vende más que el ketchup, y la música latina es parte integral de la música norteamericana.


Ray Suárez, el conocido periodista puertorriqueño de televisión y radio que vive en Washington, D.C., cuenta como hace poco estaba viajando en el metro de Nueva York cuando oyó, en cuestión de minutos, cuatro acentos diferentes en español: unos turistas españoles, una familia caribeña, otra mexicana y un grupo sudamericano.

“Hace 30 años ese no era el caso”, dice Suárez, que tiene 53 años y se crió en Nueva York, en una época en que el escaso español que se escuchaba tenía solo acento caribeño, fundamentalmente de Puerto Rico y la República Dominicana.

Ya es normal que al llamar por teléfono a cualquier oficina o servicio privado o gubernamental exista una opción para comunicarse en español. En los bancos, los hospitales y los tribunales no hablar inglés no es un impedimento para obtener ayuda o servicios.

Raúl Mux, que trabaja con pacientes de Alzheimer in Filadelfia y sus alrededores, dice que hay “sensibilidad y deseo” de servir en español, pero no suficiente personal para cubrir las necesidades de la creciente población hispana jubilada.

“Aún así”, dice Mux, que tiene 54 años y vino de Guatemala hace 32, “ahora hay opciones y posibilidades de ayuda, que antes no había”.

Un mercado atractivo

De hecho, cada vez son más los que tratan de sacarle provecho al mercado hispano a través del uso del español.

El comité nacional de los demócratas acaba de lanzar un sitio en web en español para inscribir a hispanos para votar. Una productora de película, Lionsgate, recientemente se asoció con Televisa, el gigante mediático mexicano, para producir películas en inglés y en español para atraer a la audiencia hispana. Y las revistas y sitios en el web en español siguen creciendo y atrayendo lectores.

Alma Flor Ada, profesora emérita de la Universidad de San Francisco que es cubana y tiene 72 años, lleva la mitad de su vida publicando libros para niños en español y en inglés en Estados Unidos. Asegura que el español es el idioma extranjero más estudiado en el país.

Todo ello apunta a que el futuro del español está en manos de los más jóvenes y de sus padres y maestros que se ocupan de mantener vivo el primer idioma europeo que se habló en territorio estadounidense.

“Hay que recordar que antes de que el río Hudson se llamara así, era el San Antonio”, dice Gerardo Piña-Rosales, refiriéndose al río que divide Nueva York y Nueva Jersey. Este español de 62 años que dirige la Academia Norteamericana de la Lengua Española, con sede en Nueva York, constata la pujanza del idioma en el país.

"Creo que el futuro del español está en los Estados Unidos", afirma. "No creo que se deba oficializar el uso de una lengua; pero no cabe duda de que en el futuro habrá grandes zonas del país totalmente bilingües".

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