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Obama y Boehner: ¿Agenda partidista o dúo bipartidista?

El electorado quiere que los políticos comiencen a solucionar los problemas.

In English | Los problemas más apremiantes del país están en manos de una extraña pareja: el presidente Barack Obama y John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, los máximos exponentes demócrata y republicano, respectivamente, quienes deben decidir si se dirigirán obstinadamente a esquinas opuestas o formarán un nuevo dúo bipartidista para bailar el vals.

Los problemas más apremiantes del país están en manos de una extraña pareja: el presidente Barack Obama y John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, los máximos exponentes demócrata y republicano, respectivamente, quienes deben decidir si se dirigirán obstinadamente a esquinas opuestas o formarán un nuevo dúo bipartidista para bailar el vals.

El Gobierno dividido que comenzó en enero, con una nueva Cámara de Representantes controlada por los republicanos como contrapeso ante Obama y el Senado bajo control demócrata, agrega una pincelada de complejidad a los temas candentes, como aumentar el límite de endeudamiento nacional para evitar la suspensión de pagos, reducir el déficit, estimular la economía y el cuidado de la salud.

El electorado sabe lo que quiere: que los políticos superen las diferencias partidistas y empiecen a solucionar los problemas.

“Este es un electorado que responde mucho a los resultados —señala David Winston, asesor de Boehner y presidente de Winston Group, una firma de estrategia pública—. Los votantes no están de humor para escuchar argumentos políticos. Es cuestión de resultados”.

Obama con una rosa y Boehner con un disco

Mark Fredrickson

El Presidente Obama y el Presidente de la Cámara John Boehner.

Para lograr esos resultados, tanto Boehner como Obama deben poner en la balanza los beneficios de llegar a un acuerdo y los costos de contrariar a los miembros de sus respectivos partidos que quieren seguir una línea más dura para tratar los problemas. Obama enfrenta, al mismo tiempo, la presión de una campaña por la reelección y la de los liberales frustrados por las expectativas no satisfechas. Los dolores de cabeza para Boehner provienen de una enorme nueva camada de políticos que incluye a muchos republicanos electos que cuentan con el respaldo del movimiento conservador conocido como “Tea Party”, fundamentalmente para acotar el papel del Gobierno.

El límite de endeudamiento



El primer enfrentamiento podría producirse el mes entrante y está relacionado con el aumento del límite de la cantidad de dinero que puede pedir prestado el país. Con su actual déficit presupuestario, el Gobierno federal tiene que pedir prestado uno de cada tres dólares que gasta solo para seguir funcionando, y ya lleva pedidos más de $14 millones de millones ($14 trillion). Nunca ha sucedido antes aquí, pero si el Gobierno suspende los pagos o si no puede seguir pidiendo prestado, las consecuencias podrían ser devastadoras y durar años.

Boehner les ha pedido a sus colegas que actúen adultamente a la hora de tratar esta cuestión. Pero, a cambio, quiere que Obama acepte más recortes para detener lo que él ha denominado el “libertino despilfarro de Washington que elimina puestos de trabajo”. Para evitar una crisis de deuda, Boehner necesitará el apoyo de los legisladores republicanos, muchos de los cuales fueron elegidos después de comprometerse a bajar drásticamente el gasto para evitar tener que subir el límite de endeudamiento.

En 1995, un Congreso con mayoría republicana aprobó severos recortes al gasto como parte de la ley que aumentaba el límite de endeudamiento y el presidente demócrata Bill Clinton vetó la ley, lo que dio lugar a un estancamiento y virtual paro del Gobierno que se extendió por dos meses. Los republicanos fueron vapuleados por la opinión pública. Hoy, hay factores similares en escena que representan un desafío para Boehner.

“¿Cómo se les demuestra a los de la línea dura que uno es un buen presidente de la Cámara, aunque se comporte como un legislador responsable? —pregunta Bruce Oppenheimer, profesor de Ciencias Políticas en Vanderbilt University—. Ahí es donde entra a jugar la habilidad política. La verdadera pregunta es: ¿Está a la altura de las circunstancias?”.

El expresidente de la Cámara de Representantes J. Dennis Hastert dice que sí. Duda que Boehner fuerce al Gobierno a un paro. “Ha estado allí antes y las cosas no salieron bien”, señala Hastert, que actualmente se desempeña como asesor superior del estudio jurídico Dickstein Shapiro.

El gasto

Obama y los republicanos ya estuvieron de acuerdo en que los niveles de gasto interno se deben reducir. El presupuesto de Obama proponía un congelamiento de cinco años sobre programas discrecionales (que no incluyen el Seguro Social ni Medicare), como parte de un plan a diez años para reducir el déficit en $1,1 millones de millones ($1.1 trillion).

Los dirigentes republicanos quieren más: reducir el gasto a los niveles del 2008. Pero eso no es sencillo. Con un objetivo de $100.000 millones ($100 billion), los apropiadores republicanos están teniendo dificultades para llegar a los $61.000 millones ($61 billion). El conflicto se intensificará cuando los legisladores debatan la nueva propuesta de presupuesto de Obama, de 3,7 millones de millones ($3.7 trillion). Los conservadores del Comité de Estudio Republicano ya han propuesto recortes por valor de $2,5 millones de millones a lo largo de diez años. Los blancos de esos recortes son, entre otros, Amtrak, algunos programas habitacionales, el reabastecimiento de playas, el cuidado de la salud, los servicios jurídicos para personas de bajos recursos y los subsidios para climatización.

Hastert sabe que lograr la aprobación de recortes es particularmente difícil. El recorte de $150.000 millones ($150 billion) en el gasto que aprobó la Cámara de Representantes cuando él era su presidente, fue reducido a $40.000 millones para cuando el proyecto de ley fue aprobado por el Senado y sancionado con fuerza de ley.

Una preocupación inmediata es el recorte de $250 millones que se planea este año para el LIHEAP (Programa de Asistencia Energética para Hogares de Bajos Ingresos), señala John Rother, vicepresidente ejecutivo de AARP. Es más, agregó, el congelamiento propuesto por el Presidente afecta a programas que benefician a los adultos mayores estadounidenses. “A medida que aumente la población adulta mayor, esa subvención —que ya es bastante escasa— se va a tener que estirar aún más”, indicó, agregando que el congelamiento afectaría a Meals on Wheels, el financiamiento de centros para adultos mayores y algunos programas de salud.


El empleo y la economía 

Los sondeos muestran que el empleo y la economía encabezan la agenda pública. Obama recibirá el reconocimiento —o será culpado— en función de cómo le esté yendo a la economía cuando llegue el Día de Elecciones, en el 2012, dijo Carroll Doherty, subdirectora del Pew Research Center. Si la economía comienza a crecer nuevamente —como sucedió con Ronald Reagan y Bill Clinton, lo que contribuyó a su reelección—, reducirá el déficit y generará empleos.

“Una economía fuerte hace que muchos de estos problemas sean menos graves”, asegura Doherty. El desafío para Obama es que muchos de los votantes jóvenes e independientes que fueron determinantes para su victoria en el 2008 se encuentran entre los más impacientes con el enlentecimiento económico actual.

El cuidado de la salud 

Muchos votantes son escépticos respecto de la reforma de salud de Obama, que los republicanos burlonamente llaman “Obamacare”. Los republicanos de la Cámara de Representantes ya votaron para revocarla, aunque el Senado se negó a seguir adelante. Mientras tanto, los republicanos esperan que los tribunales apliquen medidas cautelares sobre la ley o la desarticulen poco a poco. Ross Baker, profesor de Ciencias Políticas de Rutgers University, espera que los republicanos celebren innumerables audiencias a fin de limitar el gasto necesario para implementar la ley. “Creo que esperan poder matarla a través de mil recortes”, señaló.

Winston dice que la propuesta de Boehner será darles amplia discrecionalidad a las comisiones de la Cámara de Representantes. Allí, los republicanos podrían aprobar la reforma por mala praxis, permitirle a la gente contratar seguros de salud en otros estados y ayudar a las pequeñas empresas con los costos de los seguros médicos.

El partidismo

“La mayoría de los estadounidenses querrían un Gobierno que pudiera cooperar para resolver los problemas —dice Rother—. Pero hay muchas opiniones diferentes en cuanto a cómo solucionar esos problemas”. Winston, asesor de Boehner, no minimiza la dificultad de manejar las facciones del partido republicano. “Está manejando una coalición mayoritaria y eso es, sencillamente, muy difícil”.

Sin embargo, está de acuerdo con Hastert en que los resultados de un Gobierno dividido al mando del presidente Clinton y de un Congreso con mayoría republicana es la prueba de que se pueden lograr acuerdos más importantes. Durante aquella época, la economía creció, bajó el desempleo, se equilibró el presupuesto y se reformó el sistema de bienestar o asistencia social. “Hoy, en Capitol Hill, la fórmula es diferente —según Hastert—. Si [Obama] quiere lograr algo, tiene que trabajar respetando los términos de esta fórmula”.

Que se pueda repetir ese tipo de éxito dependerá en gran medida de que Obama y Boehner puedan bailar al son de la misma melodía.

Tamara Lytle es exjefa de la oficina del Orlando Sentinel en Washington.

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