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El Seguro Social preocupa a jóvenes y mayores

Ashley Killough, próxima a graduarse en la Baylor University en Texas, sostiene que, hace unos pocos años, la reforma del Seguro Social era un tema candente entre las personas jóvenes que se interesaban en la política.

Muchos se preguntaban si el sistema entero —eternamente tildado de programa en crisis por los analistas políticos de todo el espectro político—, habría colapsado para cuando ellos llegaran a la edad de jubilación. Este interés fue avivado por la presión que el ex presidente George W. Bush ejerció, en forma agresiva, para que se les permitiera a los trabajadores colocar parte del dinero del Seguro Social en cuentas personales. Una revisión a fondo —incluso una privatización parcial— parecía posible.

Por supuesto, el plan de privatización falló y, algunos años más tarde, la economía comenzó a declinar. Ahora, según Killough, la reforma del Seguro Social no es una preocupación ni para ella ni para los jóvenes que conoce. En cambio, el problema más acuciante es encontrar trabajo en una economía en recesión.

El derrumbe económico de 2008 pudo haber sacado, temporalmente, el tema de la reforma del Seguro Social de la agenda nacional, pero si uno raspa un poco la superficie, se podrá constatar que todavía existen los mismos temores, problemas y tensión generacional acerca del sistema, y que, incluso, podrían estar exacerbados por el actual clima económico.

Una encuesta, dirigida por el Pew Research Center, que se realizó en enero para People & the Press, descubrió que, ciertamente, el público no se ha olvidado de este tema. Los participantes ubicaron el Seguro Social en cuarto lugar entre sus preocupaciones más importantes, después del trabajo y la economía; pero por delante del problema energético, del cuidado de la salud y del déficit. El 63% señaló que debería ser una de las prioridades apremiantes del Presidente y del Congreso, una declinación de sólo 1% durante los últimos tres años.

Los participantes [de una reciente encuesta del Pew Research Center] ubicaron el Seguro Social en cuarto lugar entre sus preocupaciones más importantes, después del trabajo y la economía; pero por delante del problema energético, del cuidado de la salud y del déficit.
“Si bien el Seguro Social puede no ser, actualmente, la primera prioridad, debido a que todos están concentrados en cómo superar la recesión, indudablemente tampoco es algo que podamos postergar por mucho tiempo”, señaló Killough.
 
El año pasado, los administradores fiduciarios del Seguro Social proyectaron un déficit de más de $4 billones, y las tendencias actuales indican que el programa comenzará a presentar déficit en unos 12 años más. “La generación de mis padres es mucho más numerosa que la mía, por lo que tendremos que recortar los beneficios o subir el impuesto del Seguro Social”, afirma Killough. Y esto le preocupa, al igual que a muchos integrantes de la generación X y a otros tantos de la denominada del milenio, nacidos después de 1981—.
 
Jeff Simmons, un entrenador personal de 27 años, de Colorado, cuenta: “siempre he asumido que el Seguro Social estará agotado para cuando yo pueda jubilarme. Estoy intentando tener un buen plan de jubilación [individual] y también espero contar con un buen fondo de inversión y una buena cuenta de ahorro”.

Joshua Noyes, un trabajador de 27 años, de St. Louis, se hace eco de este pensamiento. “No tengo para nada en cuenta el Seguro Social al planificar mi jubilación —afirma—. Si al momento de jubilarme llegara a quedar algo de dinero, lo tomaría; pero planeo tener un fondo de jubilación sólido, en el que yo haya ahorrado e invertido para vivir del mismo.”

Estas actitudes coinciden con los resultados de un estudio, realizado en 2008, relativo a las generaciones más jóvenes y la planificación financiera. Este estudio, que fue auspiciado conjuntamente por el American Savings Education Council y AARP, concluyó que el 41% de los jóvenes de la generación del milenio y los de la generación X esperan que su principal fuente de ingresos al momento de jubilarse sea un plan de ahorro subvencionado por sus empleadores, como un 401(k). Sólo el 7% creía que los beneficios del Seguro Social les proveerían el grueso de sus ingresos jubilatorios (en contraste con el 17% de los no jubilados mayores de 40 años que pensaban lo mismo).

No resulta sorprendente encontrar pesimismo acerca del Seguro Social en una generación de estadounidenses que creció escuchando advertencias acerca del riesgo en el que se encuentra el programa. Ya en 1978 —mucho antes de que, como presidente, presionara por imponer cuentas privadas—, George W. Bush había advertido, durante una sesión del Congreso de Texas, que el programa, así encaminado, iba a tener problemas.

“La mayoría de las personas de mi edad ve el programa como un lamentable fracaso”, dice Noyes, quien expresa su frustración hacia los votantes mayores por, según dice, no haberse preocupado o no haberse dado cuenta de las fallas del programa.

"Todos compartimos la responsabilidad y la culpa por el sistema del Seguro Social."—Ron Killough, pastor bautista de Celina, Texas
Simmons también cree que las generaciones mayores, especialmente la de los boomers —los nacidos durante la explosión de nacimientos, entre 1946 y 1964— son las causantes del probable déficit del Seguro Social. Sin embargo, no le interesa asignar culpas. Más bien, señala que los cada vez más escasos retornos del Seguro Social son una fatalidad que ha aprendido a aceptar.

“Pienso que todos compartimos la responsabilidad y la culpa por el sistema del Seguro Social”, dice Ron Killough, el padre de Ashley. Ron, de 62 años, pastor y ministro de educación de la Primera Iglesia Bautista de Celina, Texas, está demorando su jubilación hasta que cumpla los 70, en parte para poder recibir un cheque mensual del Seguro Social más abultado.

“Todos permitimos que esto ocurriera —expresa—. Ni siquiera creo que [el Seguro Social] vaya a existir dentro de 40 años, y mucho menos aun que vaya a ser fuerte.”

Según una encuesta realizada por ABC News/Washington Post, sólo el 11% de los estadounidenses de todas las edades confían en que recibirán beneficios del Seguro Social durante todos los años de su jubilación.

“El sistema actual está totalmente quebrado —sostiene Alvin Lee, de 57 años, consultor de capacitación, de Princeton, N.J.— y, desafortunadamente, no queremos tomar decisiones duras.”

¿Quebrado o simplemente debilitado?
No queda claro cuáles son exactamente esas decisiones duras. ¿Deberían pelear las generaciones X y del milenio por una revisión y reparación completa? ¿O puede el sistema sostenerse con medidas menos drásticas?

Algunos economistas, como Paul Krugman y Dean Baker, han sostenido por años que el sistema del Seguro Social no está en crisis y que puede ser reparado con unos pocos retoques menores. Peter Orszag, director de la oficina de administración y presupuesto del presidente Obama, está de acuerdo con ellos.

David Certner, director de política legislativa de AARP, señala: “En 1983, con el Seguro Social enfrentando la bancarrota, que estaba a seis meses de producirse, pudimos acordar un paquete equilibrado que le dio al Seguro Social una base firme a partir de la cual enfrentar este siglo. Ciertamente, ahora, con más de 30 años de solvencia por delante, deberíamos poder acordar un paquete similar, y cuanto antes lo hagamos, más moderados serán los cambios”.

La pregunta es: Dada la crisis económica que enfrentan la nueva administración y el Congreso, ¿cuánto antes pueden aplicarse estos “retoques”? A mediados de febrero, el presidente echó por tierra las propuestas de formar un comité de trabajo que se dedicara a repensar y reformar el programa. Su discurso inicial ante el Congreso sólo mencionó un vago deseo de crear “cuentas de ahorro universales y libres de impuestos, para todos los estadounidenses”.

Otros, incluyendo a algunos miembros de las generaciones más jóvenes, continúan abogando por la privatización.

Noyes, por ejemplo, llama al Seguro Social “nada más que un derecho que el Congreso ejerce para comprar votos”, y apoya la privatización como medio para quitarles el control a los políticos, a quienes señala como responsables por las fallas del sistema.

“Es mucho más peligroso permitir que los burócratas del gobierno administren partidas de miles de millones de dólares, que permitir que lo haga un corredor experimentado —continúa diciendo—. Aun con los problemas económicos actuales, creo que la mayoría de los economistas estarían de acuerdo con que el riesgo de inversión es verdaderamente mucho menor cuando se invierte pensando en el largo plazo.”

Sin embargo, los partidarios de la privatización son una minoría, tanto entre la población en general, como entre los adultos jóvenes. Según una encuesta de CNN, de octubre, el 62% de los estadounidenses de todas las edades creen que privatizar no es la solución. Y el continuo mal desempeño del mercado de valores puede hacer que esta idea luzca menos atractiva.

El derrumbe del mercado de valores ha hecho que Jessica Grose, de 23 años de edad, se sienta disgustada ante las reformas que involucran cuentas privadas. Esta empleada de la industria del turismo de Orlando, Florida, cree que semejante medida pondría en riesgo a los trabajadores que llegaran a la edad de jubilación durante una recesión, y cree que la depresión actual resalta, más que nunca, la necesidad de programas sociales de seguros, como el Seguro Social.

“Todos deberíamos invertir por nuestra cuenta; pero creo que tener un programa como el Seguro Social, que mitiga el riesgo, es una buena idea —señala—. Estoy contenta de estar ayudando a los que actualmente se encuentran jubilados.”

Ron Killough dice que lo “entristece” saber que su hija y otros jóvenes de la misma edad que ella no podrán disfrutar de los beneficios del Seguro Social que su generación tiene. Sin embargo, también siente “cierto optimismo”. Tal vez, prosigue, para cuando Ashley se jubile, “esté en vigencia un sistema mejor”.

Peter Suderman escribe en Washington, D.C.

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