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Jubilación: Tres grandes preguntas

Para asegurar su futuro financiero, responda objetivamente.

In English | En el peor momento de la crisis del mercado del 2008, Mark Wilson recibió una de esas llamadas que todo planificador financiero teme. Era una jubilada de 65 años que, llorando, le rogaba que vendiera todas sus inversiones; acciones, bonos, todo. Estaba convencida de que iba a perder todos sus ahorros para la jubilación y que terminaría en la indigencia. Wilson había estado recibiendo muchas llamadas similares.

Vea también: Protéjase contra el fraude en las inversiones.

Ilustración de una ardilla que ahorra nueces para el invierno.

Dibujo de Jillian Tamaki

Asegúrese de estar ahorrando suficiente dinero para la jubilación.

Como vicepresidente de una firma de planificación financiera de Newport Beach, California, siempre intentó darles a sus clientes la seguridad de que las cosas mejorarían. Pero, a decir verdad, no lo sabía. Nadie lo sabía en aquellos días de pánico. De todos modos, Wilson le dijo a la mujer que vender todo era una gran equivocación, y que él no la ayudaría: Si quería hacer una tontería, tendría que hacerla por su propia cuenta.

Discutieron, y cuando Wilson colgó, su secretaria ingresó corriendo a la oficina. “Dios mío, eso fue espantoso”, exclamó.

“No conoces la otra mitad de la historia”, respondió él. “Esa era mi madre”.

Como se enteró la madre de Wilson ese día, la planificación financiera no es una ciencia exacta. Como dice la ruda advertencia que el historiador financiero Peter Bernstein les brinda a los planificadores en todas partes, “no sabemos lo que va a suceder con nada, nunca”.

Esto, tal vez, no sea lo que le han hecho creer acerca de la planificación financiera, en especial, en lo que se refiere a la jubilación. Ingrese en la página de inicio del plan 401(k) de su compañía, o curiosee en cualquier sitio de internet sobre jubilaciones (¡incluido el nuestro!),   y, por lo general, encontrará una calculadora para la jubilación. Algunos pretenden decirle, al centavo, cuánto debe ahorrar para vivir felizmente por siempre. ¿Qué hay de incierto en esto?

Pues, en una palabra: todo. Su plan jubilatorio es sólo tan bueno como sus respuestas a estas tres preguntas básicas: ¿Cuánto va a vivir? ¿Cómo se comportarán sus inversiones? y ¿Cuánto necesitará para vivir por el resto de su vida? Pero usted no sabe las respuestas a esas preguntas. Nadie las sabe. Y este es el pequeño secreto de la planificación financiera.

De modo que si no puede contestar estas preguntas y no puede planificar sin ellas, ¿qué puede hacer? Primero, relájese, hay opciones. Puede contratar un seguro contra la incertidumbre. Sus suposiciones pueden contemplar un margen de certeza. Más importante aún, puede abandonar la idea de que existe una única respuesta adecuada y aceptar que debe ser flexible.

La perfección es el objetivo equivocado. “Usted sabe que está adivinando, y sabe que se va a equivocar”, afirma Ralph Warner, autor de Get a Life: You Don’t Need a Million to Retire Well   (Disfrute de la vida: No necesita un millón para jubilarse bien). “La pregunta es: ‘¿De qué modo prefiere equivocarse?’ ¿Prefiere sacrificarse para ahorrar mucho ahora, por si se diera la remota probabilidad de que viva hasta los 106 años? ¿O prefiere disfrutar más ahora y correr el riesgo más adelante?”

Con este enigma en mente, abordemos las tres preguntas.

Siguiente: Cuánto va a vivir.  »

Pregunta 1: ¿Cuánto va a vivir?

Cuánto vivirá es la carta principal a la hora de planificar para la jubilación, señala Laura Carstensen, Ph.D., directora del Centro sobre longevidad de Stanford University. “Uno podría planificar sus finanzas al centavo si supiera exactamente cuándo va a morir”, sostiene. “Desafortunadamente, no funciona de esa manera. Nadie tiene una garantía”.

Sin embargo, puede comprar otro tipo de garantía: un seguro con el cual, independientemente de cuánto viva, su dinero no se agotará. Lo venden las compañías de seguros de vida, y se llama anualidad inmediata. Las anualidades se han ganado una mala reputación, mayormente por la venta abusiva de anualidades “diferidas”, un tipo de inversión con honorarios abultados. Pero las anualidades inmediatas son distintas. En términos simples, usted le entrega a la compañía de seguros una suma global; a cambio, la compañía se compromete a pagarle una remuneración fija todos los meses, por el resto de su vida, sin importar cuánto viva. Por ejemplo, a las tasas actuales, una anualidad de $250.000 le proporcionará a una persona de 70 años un ingreso anual de $20.400. Si esta persona muere poco después de alcanzar esa edad, la aseguradora se queda con el dinero;  si sigue viviendo, también seguirá recibiendo su ingreso mensual.

Existen aspectos negativos. El dinero que tiene inmovilizado en una anualidad será dinero que no podrá pasar a sus herederos. A diferencia del Seguro Social, algunas pocas anualidades aumentan los pagos mensualmente para mantenerse al día con la inflación. Y, una vez que usted le pagó al asegurador, no podrá recobrar el dinero para, por ejemplo, cubrir una emergencia médica o comenzar un nuevo negocio.

De modo que no coloque en una anualidad todos sus ahorros para la jubilación. Muchos planificadores recomiendan colocar entre una cuarta parte y la mitad de su dinero en anualidades. Mike Piper, autor de Can I Retire? (¿Puedo jubilarme?), aconseja comprar una anualidad que genere un ingreso suficiente para cubrir los gastos fijos, como la hipoteca y los servicios públicos. En cualquiera de los dos casos, la ventaja es la tranquilidad.

Pregunta 2: ¿Cuánto ganará con sus inversiones?

Antes, cualquier estudiante universitario de primer año que hubiera estado atento en un curso de economía básica podía decirle qué inversiones le generarían ganancias a largo plazo. Usando 85 años de información sobre el mercado, compilada por la firma de investigaciones Ibbotson Associates, de Chicago, todos suponían que las acciones estadounidenses ganarían, en promedio, alrededor del 10 % anual; los bonos, alrededor del 5,5 %; y una cartera de inversiones con 50 % de acciones y 50 % de bonos, alrededor del 8 %.

Siguiente: Llegó la “década perdida”.  »

Entonces llegó la “década perdida”, del 2000 al 2009, época en la que los índices del mercado de valores no fueron a ninguna parte. ¿Qué diferencia marcó esta situación? Suponga que, a los 60 años de edad, usted había ahorrado $500.000. Si todo hubiese sucedido según las apreciaciones de Ibbotson, usted hubiera tenido algo más de $1 millón en el banco para cuando cumpliera los 70. Con las actuales tasas vigentes para las anualidades, eso le reportaría un ingreso anual de $87.000 por el resto de su vida. Nada mal.

Pero si hubiera tenido la mala suerte de cumplir 60 años en el 2000 —el inicio de la década perdida—, usted se habría jubilado 10 años después, prácticamente con los mismos $500.000 con que comenzó. El ingreso anual que le reportaría hoy su anualidad, a partir de esa suma: apenas $39.000.

¿Qué hacer? Puede contemplar un margen de seguridad ingresando créditos muy bajos en las calculadoras para la jubilación. Allan Roth, planificador financiero de Colorado Springs, presume un rendimiento del cero por ciento después de impuestos e inflación. “Probablemente, esto sea mucho menos que lo que un buen inversor podría ganar”, sostiene. “Pero, para la mayoría de la gente, a quienes los honorarios y las malas decisiones les han hecho perder buena parte de sus ganancias, una rentabilidad igual a la inflación hasta podría parecerles optimista”.

Otros planificadores y calculadoras ni siquiera le piden que adivine la rentabilidad de sus inversiones a largo plazo. En cambio, confían en lo que se conoce como análisis o simulaciones de Montecarlo, que consideran miles de simulaciones de inversiones, sobre la base del comportamiento pasado del mercado. Su objetivo no es obtener una proyección detallada de sus ahorros a 20 años, sino saber cuáles son las probabilidades de que usted vaya a tener el ingreso que desea. La mayoría de los planificadores afirman que un plan estará bien encaminado si el análisis de Montecarlo le da una probabilidad del 80 o 90 % de mantener el ingreso que desea por el tiempo que usted prevé vivir.

Pero, para parafrasear un antiguo proverbio militar, ningún plan de retiro sobrevive el contacto con la realidad del mercado. Para mantenerse en el buen camino, deberá controlar su plan con regularidad y ajustarlo a los imprevistos que presente el mercado, ya sea ahorrando más, trabajando por más tiempo o recalculando el ingreso que desea para su jubilación.  (Para más información sobre este tema, consulte la próxima pregunta). Algo que puede dar por hecho es que el mercado presentará imprevistos.

Siguiente: ¿Qué ingreso necesitará?  »

Pregunta 3: ¿Qué ingreso necesitará?

Ahora está listo para ajustar su plan en función d e la cambiante realidad del mercado. Pero ¿qué es, exactamente, lo que se supone que debe ajustar? No es que usted pueda decidir si va a vivir más o elegir lo que le reportarán sus inversiones. Sin embargo, existe una interrogante importante sobre la que usted sí tiene algún poder, afirma Alicia Munnell, Ph.D., directora del Boston College Center for Retirement Research: qué ingreso necesitará para estar cómodo.

Obviamente, no conoce la respuesta exacta, ya que no puede pronosticar indicadores como las tasas de inflación, tasas de impuestos o los costos del cuidado de la salud en el futuro. De todos modos, puede manejar el costo de su jubilación eligiendo cuánto va a ahorrar por mes y cuándo se va a jubilar, y pensando cuidadosamente acerca del estilo de vida que contempla.

La ventaja de ahorrar más todos los meses es obvia. Si los mercados se comportan bien, un dólar ahorrado hoy podría convertirse en dos o en cinco dólares durante su jubilación. Aun cuando los mercados generen una década perdida tras otra desde hoy hasta el momento en que usted se jubile, un dólar ahorrado sigue siendo un dólar que, de otra ­manera, no tendría en el futuro. Esta es la razón por la que los planificadores que alguna vez aconsejaron ahorrar el 10 % del salario, ahora recomiendan ahorrar el 15 %. Todo depende del margen de seguridad.

Según Munnell, ahorrar regularmente tiene una ventaja menos obvia. Somos criaturas de costumbres, y si adquiere el hábito de ahorrar, se convertirá en un gastador más moderado. Así, ahorrar podría resultar tan imperceptible como aumentar uno o dos puntos porcentuales al año lo que aporta a su plan 401(k) hasta llegar al 15 %. No importa el modo en que lo haga, se estará adiestrando para arreglárselas con menos, ahora y durante la jubilación.

Con buena salud y un empleador con buena disposición también podrá elegir cuándo jubilarse. “Jubilarse más tarde es un factor potenciador muy poderoso”, afirma Munnell. “Modifica completamente el cálculo”. ¿Cómo?

También puede aumentar sus beneficios mensuales del Seguro Social. Por ejemplo, el beneficio máximo a los 62 años es un poco más de $1.800 mensuales. Si usted no reclama el Seguro Social hasta los 70 años, su beneficio mensual aumenta cerca del 75 %, a casi $3.200. Y, debido a que el Seguro Social es una de las pocas fuentes de ingreso jubilatorio que aumenta con la inflación, comenzar con el beneficio más grande que pueda obtener es, en verdad, un regalo que nunca dejará de disfrutar.

Asimismo, permite que sus ahorros para la jubilación se acumulen por más años, lo que probablemente le permita recuperar terreno perdido. Igualmente, acorta el número de años que deberá vivir de sus ahorros. Después de todo, el solo hecho de que trabaje por más tiempo no le garantiza que vivirá más.

Siguiente: Elija vivir con un mejor ingreso. »

Por último, puede elegir vivir con un ingreso menor que aquel al que inicialmente había apuntado. A menudo, los planificadores asumen que usted necesitará un ingreso igual al 70 u 80 % de su salario para mantener el nivel de vida que llevaba antes de jubilarse. Usted no querrá condenarse a la indigencia en sus años de adulto mayor, pero Warner, el autor de Get a Life, cree que puede vivir con menos si adopta la posición adecuada.

Warner llegó a esta reconfortante conclusión después de hablar con cientos de jubilados. Él cita a un personaje de su libro, un fanático del golf llamado Howard, quien para no tener que pagar las tarifas para usar el campo de golf se ofreció como voluntario para desempeñarse como mariscal de campo a cambio de poder jugar gratis.

Otro jubilado, Ed, regaló gran parte de sus ahorros cuando se jubiló. ¿Por qué? Pensó que sus hijos lo necesitaban más, y su pasatiempo —la arqueología— no costaba mucho. Hoy Ed se describe a sí mismo como “una rata del desierto sin un centavo”, que vive frugal, pero felizmente, cerca de una excavación arqueológica en Nuevo México.

El punto es que la respuesta real a la pregunta “cuánto necesitará” puede incluir menos dinero de lo que usted piensa, y más de las cosas que son difíciles de contar. Para no arriesgar, apunte alto en su plan financiero, sugiere Warner, pero no olvide que las relaciones estrechas con amigos y familiares, los pasatiempos que le permitan mejorar el mundo y las actividades que lo mantengan en movimiento y aprendiendo, aportarán a su felicidad más que una olla llena de oro. “Si recuerda de cuando tenía 20 o 30 años y piensa en las cosas más importantes que le sucedieron, notará que pasó un largo tiempo antes de que comenzara a hablar de cuánto dinero hizo”, señala. “¿Por qué debería ser distinto a los 70 u 80 años? Planificará mucho mejor su jubilación si acepta que no todo pasa por el dinero”.

Kathy Kristof es periodista financiera y autora de Investing 101.

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