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Casas prefabricadas

Con buenos costos y mejor apariencia, las casas prefabricadas se pueden adquirir incluso por Internet.

In English | Para Clare y Gary Freeman el paraíso en vida está situado junto a un escarpado cañón en el lejano oeste de Texas. Allí, hace tres años, compraron un terreno con la idea de construir una casa. Sin importar que el pueblo más cercano, Fort Davis, se encuentre a 25 millas (40 km) ni que el camino de tierra que lleva a la propiedad —ubicada a una elevación de 6.000 pies (1.828,8 metros)— a veces sea intransitable. Los Freeman, que habían vivido en la agitada ciudad de Austin por más de 30 años, sabían que allí es donde querían estar.

Gary, de 71 años, se acababa de jubilar como profesor de Biología en la University of Texas. Durante un año, él y Clare, de 72 años, analizaron sus opciones. ¿Buscar un constructor? Los vecinos les contaron historias horribles acerca de los contratistas locales. ¿Construir su propia casa? Uno de los que iban a ser sus vecinos había estado construyendo su propia casa en los últimos 25 años y aún no había terminado, "así que nos dimos cuenta que no era para nosotros", cuenta Clare.

A mediados del 2007, los Freeman compraron una casa totalmente nueva y al estilo de una maqueta por Internet. Se las entregaron de fábrica en un tráiler lista para la construcción. Finalmente se mudaron el pasado octubre, un poco más de un año después de ordenar la casa por Internet.

Los Freeman deben estar a la vanguardia de los propietarios mayores que buscan soluciones inusuales. Cada vez más, los estadounidenses que se acercan o llegan a la edad de jubilación encuentran la casa de sus sueños entre una gran variedad de casas prefabricadas o en maqueta, que normalmente se construyen en fábrica y después se envían a los destinos finales, donde se montan y reciben el toque final.

Sin duda, la crisis económica del país ha afectado a la industria de las casas prefabricadas, como lo ha hecho con el mercado de la vivienda en general, dada la escasez de préstamos. El lado positivo es que las construcciones prefabricadas proporcionan ventajas incorporadas, que representan menores riesgos en términos de tiempo y dinero en relación con las casas que se construyen pieza por pieza en obra. Las casas de fábrica, incluidas las casas rodantes, en general cuestan menos que las que se construyen en obra: $41 por pie cuadrado en contraposición con $93 por pie cuadrado, según estadísticas del 2007.  Se obtienen ciertos ahorros porque construir una casa dentro de una fábrica hace perder menos tiempo y materiales que cuando se construye de forma tradicional, afirma Robert Robotti, de Robotti & Co., una empresa de asesoramiento en inversiones ubicada en Nueva York.

Pero el atractivo de las prefabricadas no es únicamente el precio. Muchos compradores buscan diseños arquitectónicos llamativos que no se parezcan a los modelos cortados con molde que ofrece la mayoría de los constructores y, como señala Sam Grawe, redactor jefe de la revista Dwell, las casas prefabricadas ya no son de mala calidad como antes. Tal vez los compradores se mudan al jubilarse o quieren una vivienda más pequeña cuando los hijos dejan el hogar. Tal vez buscan una manera menos complicada de agregar un apartamento, oficina o estudio a la propiedad que ya tienen. Tal vez quieren una alternativa más ecológica, que ahorre energía o que sea más habitable a medida que envejecen.

O tal vez  sólo quieren ayuda para diseñar una casa pero no quieren empezar de cero con un arquitecto. Con la colaboración de FlatPak, de Mineápolis, los Freeman, en Texas, eligieron una casa con grandes ventanales de vidrio y puertas empotradas en paredes de concreto reforzado con fibras. "Es una caja", dice Clara.

"Pero", agrega Gary rápidamente, "es una caja muy linda".

Una vieja idea renovada

FlatPak es una de las pocas empresas de Estados Unidos que vende casas prefabricadas o modulares de diseños claramente modernos o poco convencionales. Otras compañías ofrecen casas más convencionales, construidas en fábrica, con pocas oportunidades de personalización y con una fachada menos atractiva.

FlatPak está reavivando la idea de principios del siglo XX de comprar casas por correo, cuando Sears Roebuck, Montgomery Ward, Aladdin y otras empresas vendieron más de 100.000 de esas casas en todo el país. Hoy, en vez de hojear catálogos del tamaño de la guía telefónica, los posibles compradores comparan por Internet varios modelos, opciones y costos. Aquellos que se arriesgan, colaboran en línea y por teléfono con un diseñador para completar los planos y los detalles.

"La relativa facilidad de las casas prefabricadas atrae a los compradores que quieren algo poco convencional pero le temen al riesgo y los costos de las casas construidas según las especificaciones del cliente —dice Michael Sylvester, gerente general de Dwell on Design, una conferencia anual patrocinada por la revista Dwell que se centra en las innovaciones en la arquitectura y el diseño—. Las casas prefabricadas garantizan un proceso, producto y precio más previsibles", señala. "Esto invita a una clase de compradores completamente distinta, que no tiene dinero que apostar", explica.

Aunque las casas de fábrica pueden aportar ventajas significativas de eficiencia a un proceso conocido por los altos costos y las demoras, las casas prefabricadas no son necesariamente más baratas que las construidas en obra. Los Freeman, por ejemplo, gastaron $400.000 por la casa FlatPak de 1.900 pies cuadrados (176,5 metros cuadrados), unos $210 por pie cuadrado. Algunos de los costos aumentaron al utilizar materiales de máxima calidad y pisos de madera; además de que la construcción se llevó a cabo en un terreno escabroso y remoto donde no había servicios públicos. Sin embargo, el arquitecto Douglas Cutler de Wilton, Connecticut, pionero en la construcción modular, pagó tan solo $88.000 en 1992 por su casa contemporánea de 2.800 pies cuadrados (260 metros cuadrados). Eso representa $49 por pie cuadrado en el valor de hoy. Al ser su propio contratista general, Cutler montó su casa en apenas cinco días. El asunto,  muchas veces, está en los detalles: el grado de personalización solicitada, cuánto trabajo se necesita para preparar el sitio y una serie interminable de mejoras en los materiales, enseres, acabados, electrodomésticos, etc.

Lo que usted recibe por su dinero también varía un poco entre las empresas de casas prefabricadas, pero generalmente funciona así: la empresa entrega la casa con un interior totalmente acabado, cocina y baños equipados, armarios, iluminación, calefacción y aire acondicionado. Por lo general, también se cubren los servicios de diseño, el contratista general y la construcción. El comprador debe encargarse de solicitar el peritaje y el análisis del suelo, de obtener los permisos necesarios, hacer que se construyan los cimientos y programar la instalación de servicios públicos en la casa.

Búsqueda de un estilo de vida distintivo

Michelle Kaufmann, fundadora de Michelle Kaufmann Designs en Oakland, California, cuenta que esperaba una clientela joven cuando comenzó a promocionar su idea de casas diseñadas con cinco principios ecológicos en mente: diseño inteligente, materiales sostenibles, ambiente saludable, conservación de agua y eficiencia energética. Kaufmann incluso ha creado hogares de consumo energético nulo usando aislamiento, ventanas, luces y electrodomésticos supereficientes, así como también calefacción, refrigeración y sistema de control de energía de vanguardia. "Pero —expresa— me sorprendió que muchas personas de 50 ó 60 años estén reconsiderando cómo viven".

O a los 80 años, como fue el caso de Glen Haney, quien mandó a construir una de las casas prefabricadas de Kaufmann, de tres dormitorios y dos baños en Woodacre, California. Haney, de 81 años, dice que lo más intimidante del proceso fue preparar el sitio de construcción, que estaba repleto de rocas. El pasado abril, él y su pareja, Wing Yu, se mudaron a una "Breezehouse" de 3.800 pies cuadrados (353 metros cuadrados) en las pintorescas colinas del condado de Marin, al norte de San Francisco.

Haney y Yu comenzaron a soñar con la "Breezehouse" de Kaufmann en el 2005, cuando esperaron tres horas entre una multitud para visitar el modelo de la casa prefabricada. "Cuando volvimos al auto, nos dijimos: 'No estábamos pensando en mudarnos, pero nos vamos a mudar' —recuerda Haney—. Lo único que tuvimos que hacer fue encontrar el terreno".

"Breezehouse" —uno de los varios modelos de casas prefabricadas que ofrece Kaufmann— es modular, es decir, que secciones enteras llegan prearmadas (con pisos, armarios, electrodomésticos, incluso los toalleros ya instalados) desde la fábrica en el estado de Washington, en tres camiones de transporte pesado. Junto con el envío, venía una gran grúa, que levantó y ubicó los módulos en su lugar.

"Seis horas después, teníamos una casa", rememora Haney, quien reconoce que no hay escaleras, excepto la que lleva a la bodega en el sótano. Después de todo, se trata de una región vitivinícola por excelencia. "Planeo vivir acá el resto de mi vida —cuenta—. Así que no quiero escaleras".

Efectivamente, las casas prefabricadas pueden ofrecerles a los compradores como Haney muchas opciones de diseño que mantengan la accesibilidad y que les permita moverse fácilmente a medida que envejecen, como el hecho de que no haya escaleras en las entradas e interiores y plantas de espacios abiertos que, básicamente, eliminan la mayoría de las entradas y pasillos. Al trabajar directamente con un arquitecto desde el principio, los compradores hasta pueden incorporar iluminación adicional, pasamanos y picaportes de palanca como parte integral del diseño de la casa.

Antes de dar el gran paso (a veces) es mejor informarse primero

En épocas de incertidumbre económica, los posibles compradores de casas prefabricadas deberían evaluar cualquier empresa antes de firmar un contrato. Empyrean International, la constructora de las casas Deck Houses, Acorn Homes y Dwell Homes, cerró de improviso en octubre pasado, víctima de la disminución del crédito, explica su dueño y fundador. Un administrador judicial nombrado por el tribunal ha tomado el control de la empresa y la ha puesto en venta.

Se aconseja que los posibles compradores también visiten una casa modelo antes de firmar el contrato, como hicieron Haney y Yu, aunque no sea indispensable y se pueda hacer la orden sin ver más que fotos por Internet.

Mary Griffith, de Sloansville, Nueva York, adora su nueva casa prefabricada a la que se mudó con su esposo, Bill, en octubre del año pasado —una casa modelo “weeHouse”, de 1.200 pies cuadrados (111,4 metros cuadrados) diseñada por los arquitectos de Alchemy Architects, de St. Paul, Minnesota— pero le habría gustado verla antes de comprarla. "Nunca los conocimos hasta el día que vimos la casa sobre sus cimientos —cuenta Griffith, de 52 años—. Es un gran paso comprar una casa por Internet y gastar tanto dinero sin saber qué tal va a ser". De todos modos, después de haber evaluado varios tipos de diseños de casas prefabricadas, volvieron al modelo weeHouse porque "realmente nos encantó el estilo", dice ella: una caja simple, con revestimiento oscuro, a base de cemento, con grandes ventanales e interiores de madera.

La arquitecta Rocío Romero —que diseña y vende casas de la serie LV modernas y de alta tecnología— exhibe las casas para que los asistentes puedan conocerlas de primera mano y les brinda la oportunidad de hablar con el personal sobre características de diseño, opciones de personalización, el proceso de construcción y los costos.

Con 1.150 pies cuadrados (106 metros cuadrados), la casa básica de la serie LV que tiene dos dormitorios, dos baños y una planta de espacios abiertos y luminosos cuesta cerca de $36.000, sin contar los cimientos, ventanas, techo ni acabados interiores, que suelen añadir entre unos $80.000 a $185.000 en costos. La maqueta completa para la casa —que se construye cerca de la oficina central de la empresa, en Perryville, Misuri— entra en un solo camión.

Entre los fans de Romero, está Marian Anderson, de South Haven, Michigan, una escultora que vio en las casas de la serie LV el estudio perfecto para los siete acres boscosos donde vive con su esposo. "Tengo 88 años y es una locura construir un estudio nuevo a estas alturas de mi vida —reconoce Anderson— pero a todo el mundo que lo ve, le encanta".

Brad McKee es un editor colaborador de las revistas I.D. y Architect.

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