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¡Que vengan los niños!

Los programas intergeneracionales benefician a personas de todas las edades.

In English | Hace dos años, Rachael Grossman y Gertrude O'Neal se conocieron en el Cleveland Art Museum (Museo de Arte de Cleveland) cuando participaban en la misma visita guiada. Desde entonces, se han compenetrado y pasan tiempo juntas durante otras excursiones y en casa.

Pero esta no es una típica amistad entre dos amantes del arte de cincuenta y pico de años. O'Neal tiene 97 años. Grossman tiene 10.

Abuela con sus nietos

Tim Hale Photography /Corbis

"Me encanta empujarla", dice Grossman, refiriéndose no al maltrato sino a la silla de ruedas de O'Neal. "Me gusta la manera en que sonríe y lo simpática y bondadosa que es. Es divertido tratar con personas mayores. Ellos me enseñan y yo les enseño a ellos".

O'Neal, quien vive en un hogar para el cuidado de personas mayores con discapacidades en Judson, una comunidad para jubilados con cuidado continuo en Cleveland, está igualmente encantada con su amiga, a quien le lleva décadas. "Me entusiasma la idea de pasar tiempo con ella. Rachael es una niña dulce e inteligente. Me infunde una mejor actitud hacia la vida", dice O'Neal.

Una mezcla de generaciones

En Judson, la programación intergeneracional (enlace en inglés) es una realidad que ha dado fruto. El objetivo es construir relaciones estables entre los dos grupos, no celebrar encuentros aislados. Todos los meses, más de 500 escolares visitan el complejo para participar en proyectos conjuntos de arte, música y el medio ambiente —todos de los cuales se ajustan al plan de estudios del sistema escolar— y residentes de Judson imparten clases individuales de matemáticas y lectura en las escuelas primarias de la ciudad.

Las interacciones no se detienen ahí. Residentes y escolares también asisten juntos a actividades culturales. La compañía profesional Opera Cleveland ha producido seis óperas para Judson, entre ellas, Carmen y El barbero de Sevilla, cantadas por residentes junto con el coro de una escuela primaria local.

Otra opción es hacer una película. El verano pasado, Patience Hoskins, de 82 años, residente de la sección donde se vive con cierta independencia, se matriculó en un taller sobre la realización de películas de tres semanas celebrado en el mismo Judson.

En el curso de verano, Hoskins aprendió más que a hacer películas, un arte nuevo para ella. En su grupo había jovencitos de 13 años. Estos muchachos "piensan diferente a nosotros", dice Hoskins. "Son curiosos e inquietos y saben mucho de computadoras. Descubrí cómo piensan y de lo que hablan". El documental que hicieron, que muestra a diferentes generaciones comparando notas sobre la cultura popular, se estrenó en la escuela de los niños y después se proyectó en Judson.

Pero las relaciones no terminaron con la proyección. "No tenemos hijos aquí y nuestros nietos ya son adultos. ¡Somos viejos!", comenta Hoskins. "Se interesaron en nosotros como personas", dice de los escolares. "Nos hicimos buenos amigos".

Hoskins, que en su juventud era enfermera, participa con alumnos de tercer grado en otro programa de Hudson. Hace poco, los dos grupos de edades tan diferentes visitaron una exhibición de grabados de Norman Rockwell prestados por la Smithsonian Institution, inventaron historias para acompañarlos y representaron juntos las escenas.

Beneficioso para todos

Unos 200 programas que mezclan las edades existen en Estados Unidos, algunos patrocinados por centros de cuidados a largo plazo y de atención diurna para adultos, según Donna Butts, directora ejecutiva de Generations United (enlace en inglés), organización nacional que propugna programas y políticas intergeneracionales. Y se planean más programas de este tipo.

En tiempos en que a las familias las separan millas, y a veces costas y continentes, los programas intergeneracionales tienen sentido. Las investigaciones y experiencias de muchos, indican que los sitios "integrados" benefician a ambas generaciones y también al personal. "Sabemos que muchos adultos que pasan tiempo con niños dicen sentirse más optimistas, menos deprimidos y que alguien los necesita", dice Butts.

Diversos estudios sugieren que los residentes de hogares para el cuidado de personas mayores con discapacidades —especialmente los más delicados de salud— que participan en actividades intergeneracionales se sienten más conectados socialmente y más móviles. Shannon Jarrott, investigadora de Virginia Tech, estudia a adultos con demencia. "Se piensa que no pueden hacer nada de nada, pero han sabido guiar y asistir a niños con actividades relacionadas con la cocina, las artes y la alfabetización. Esto ayuda tanto a los niños cuyas habilidades están en desarrollo como a las personas mayores cuyas habilidades están en fase de deterioro". Jarrott también descubrió que la mejora en el estado de ánimo de los adultos perduraba aún después que los niños se habían ido.

Algo especial en Seattle

Dentro de Providence Mount St. Vincent (conocido como "the Mount"), un centro para la vida asistida y el cuidado a largo plazo, hay una animada guardería infantil. Un salón para niños de 1 a 3 años está ubicado en un piso donde se prestan servicios de enfermería especializada. Otro destino popular es el salón de bebés, donde los residentes pueden cargar y mimar a las criaturas. Aparte del contacto espontáneo, hay actividades formales que los dos grupos realizan juntos, como cantar en coro, hacer sándwiches para las personas sin techo, jugar a las herraduras todos los martes y al vóleibol los jueves y leerles a los pequeños los viernes. A menudo, los niños mayores se sientan con los residentes mientras un terapeuta de arte los ayuda a crear collages y dibujar con tinta china.

"A veces entro en el salón antes que llegue el grupo de niños y veo a los residentes decaídos, pero apenas oyen a los niños venir por el pasillo, se les ve energía en el cuerpo y alegría en la cara", dice Marie Hoover, directora del Intergenerational Learning Center at the Mount o Centro intergeneracional de aprendizaje en el Mount (enlace en inglés). "Estas interacciones son muy parecidas a las que ocurren en un verdadero hogar y mantienen a los residentes alertas mentalmente".

Eso es también justo lo que recetó el pediatra. Familiares y maestros dicen que los niños con contacto intergeneracional pierden consciencia de la edad y puede que llamen amigo tanto a un octogenario como a un compañero de 4 años. "Los padres me dicen que sus hijos se sienten cómodos con personas de diferentes edades y habilidades, y no se asustan cuando alguien se ve raro o habla de manera diferente", dice Hoover. "De hecho, los niños se ven más cómodos que sus padres en algunos de estos encuentros".

Algunos niños trabajan más despacio y se benefician de la atención individual que les dan estos abuelos suplentes; otros simplemente disfrutan de su calor. En un estudio, Jarrott y sus colegas de Virginia Tech hallaron que programas que mezclan las edades aumentaban la empatía de los niños de edad preescolar.

Una experiencia universitaria

En Blacksburg, Virginia, sede de Virginia Tech, donde trabaja Jarrott, existe Neighbors Growing Together Intergenerational Program o Programa intergeneracional de vecinos que crecen juntos (enlace en inglés), el único programa intergeneracional situado en una universidad. La sección de cuidado diurno para adultos, donde Jarrott es directora de investigaciones y una de los especialistas en intergeneracionalidad, está situada en el mismo piso de un edificio universitario que un centro de desarrollo infantil para niños de entre 15 meses y 5 años.

Aunque los espacios están separados, las dos generaciones comparten una zona donde ocurren muchas de las interacciones. Pasean juntos, juegan, tocan música, comparten meriendas, trabajan en proyectos y se visitan. Las actividades inducen a ambos grupos a pensar con creatividad y a ejercitar las capacidades motoras. Neighbors Growing Together capacita al personal, efectúa investigaciones intergeneracionales, desarrolla y evalúa otros programas y celebra talleres prácticos a nivel nacional e internacional. Los estudiantes de la universidad tienen la oportunidad de trabajar en Neighbors Growing Together y, si lo desean, tomar cursos sobre temas intergeneracionales y geriátricos.

El personal también aprueba con entusiasmo de estas actividades. Según los administradores, lo que a veces los motiva a solicitar trabajo en el programa —y a quedarse— es su singular aspecto intergeneracional.

Un estudio realizado por Generations United también halló que los locales compartidos pueden ser más rentables, pues comparten el alquiler y el personal, tal como el cocinero, un fisioterapeuta o un administrador. Y los expertos predicen que el componente intergeneracional resultará atractivo a las familias que buscan cuidados diurnos para adultos o los hogares con atención las 24 horas del día para el cuidado de personas mayores con discapacidades.

En "the Mount" de Seattle, los residentes pueden visitar cualquiera de las seis aulas cuando quieran. El arquitecto diseñó el espacio del complejo de modo que promoviera encuentros espontáneos e informales entre las generaciones. La mayoría de las puertas de las aulas de los pequeños siempre están abiertas, menos a la hora de la siesta. Algunas tienen ventanas en la parte superior y al pie de la puerta, y también en las paredes, para que los residentes en silla de ruedas puedan ver lo que pasa y que los bebés puedan verlos a ellos. Arquitectos, especialistas en viviendas para mayores, gerontólogos y educadores de la primera infancia viajan de todas partes del mundo a "the Mount" a ver cómo funciona el programa y cómo su arquitectura invita a las dos generaciones a relacionarse.

NewBridge on the Charles en Massachusetts

Esa relación no pudiera ser más sólida que en NewBridge on the Charles (enlace en inglés), un centro independiente para la vida asistida y el cuidado a largo plazo en Dedham, Massachusetts. El septiembre pasado, una escuela privada hebrea, con clases de kindergarten al octavo grado, se mudó a los predios de NewBridge, que miden 162 acres. En los pocos meses que está en su nueva ubicación, NewBridge ya tiene más de una docena de residentes que cruzan el terreno para ayudar en las aulas, la biblioteca y las clases de kindergarten de la escuela Rashi. "A los maestros les encanta recibir a los residentes y los residentes dicen que les alegra la semana", señala Lynda Bussgang, coordinadora multigeneracional de NewBridge, quien también es madre de alumnos de Rashi y nuera de residentes de NewBridge.

Un jardín multigeneracional se extiende entre la escuela y la comunidad para jubilados, así que cuando la escuela Rashi ofreció una clase de jardinería, los habilidosos con plantas de NewBridge ayudaron a enseñarla y las dos generaciones trabajaron juntos en el jardín. Este invierno, cultivan bajo techo semillas que sembrarán en la primavera. Los alumnos mayores de la escuela ayudan en las unidades de apoyo a la memoria del centro para la vida asistida y el cuidado a largo plazo, y comparten los días festivos. Su próxima iniciativa será comenzar un programa multigeneracional para ponerse y mantenerse en forma.

El dulce sonido de la música

En Ohio, la llegada en agosto de Caitlin Lynch, de 26 años, les sonó a música celestial a los residentes de Judson. La comunidad para jubilados lanzó un experimento este año en el cual les proporcionó apartamentos en uno de los pisos a dos estudiantes del Cleveland Institute of Music (Instituto de Musica de Cleveland) a cambio de que dieran un recital al mes en las diversas unidades de la institución.

La tocadora de viola, egresada de la Juilliard School que estudia para un título superior en el Cleveland Institute, no podría estar más contenta. El mes pasado, Lynch tocó música de fondo en las fiestas de Navidad de Judson y participó en las sesiones de villancicos. A menudo, ella y el otro estudiante, pianista, tocan juntos en su nuevo hogar.

"Mi familia vive muy lejos en Oregón y al mudarme a Judson siento que mi familia se ha multiplicado", dice Lynch. "Tengo a todos estos residentes que me cuidan y me apoyan y comparten conmigo su sabiduría y conocimientos de la vida". Una vecina cultiva verduras en la azotea y suele traerle a Lynch. Toma clases de pintura de otra residente, y explora Cleveland con una tercera.

Lynch también realiza muchos conciertos fuera de Judson. "Es más difícil cuando no conozco a nadie en el público", comenta. "Pero gracias al apoyo que me brindan los residentes, no he tocado en un solo sitio donde no estuviera al menos una persona de Judson en el público".

"Bravo" a las oportunidades intergeneracionales, dice Hoskins, la residente de Judson. "Me hace sentir joven el relacionarme con gente joven ¡y es mucho mejor que la rutina cotidiana!"

Sally Abrahms, escritora de Boston, escribió este artículo como parte de su beca para la MetLife Foundation Journalists in Aging Fellowship (Fundación MetLife para periodistas especializados en el envejecimiento) que está asociado con New America Media y la Gerontological Society of America (Sociedad Gerontológica de Estados Unidos).

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