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Educación para conductores mayores

Tarde o temprano los conductores, incluso los que creen saberlo todo, descubren todo lo que no saben.

In English | Tarde o temprano, aun los sabelotodo que tienen mayor educación descubren todo lo que no saben. Descubrí esto en el programa Seguridad para Conductores de AARP, y también aprendí varias formas de evitar matarme. Nunca pensé que asistiría a otro curso de conducción, pero allí estaba. Diecisiete de nosotros sentados en pupitres escolares en la Biblioteca Margaret Sherry, de Biloxi, Misisipi.

Nuestro instructor para el curso era Roger Hayes, un alegre cincuentón de anteojos que ganaría cualquier concurso de semejanza con Richard Dreyfuss. Este instructor profesional, quien realiza la mayor parte de su trabajo detrás del volante, dicta clases sólo para AARP, y como otros instructores de AARP, es voluntario.

“¿Por qué estamos todos acá?”, preguntó con una sonrisa en su introducción, y contestó él mismo la pregunta: “El descuento. ¿No?”

Mis compañeros, todos asintieron. Estaban allí para obtener el certificado del curso de conducción de AARP, para poder conseguir descuentos en sus aseguradoras. Rápidamente, aclaró que tenía intenciones de enseñarnos cosas sobre cómo conducir bien, que nos mantendrían fuera de la sala de emergencias. Aunque la tasa de muertes por milla de conducción continúa disminuyendo, los accidentes de tránsito todavía matan a 40.000 estadounidenses por año. Los conductores mayores de 65 años están involucrados en más accidentes por milla que los que tienen entre 30 y 64 años, y cuando sobreviven, lo hacen en peores condiciones.

A pesar de las intenciones del instructor, no esperaba agregar algo nuevo a todos mis conocimientos sobre cómo conducir. He escrito sobre autos desde la década de los 70 y he asistido a todo tipo de cursos de conducción imaginables, tales como de competición, de policía y antiterroristas. No puedo contar cuántas columnas escribí sobre conducir mal y sobre la estupidez sobre ruedas. Los autos y yo somos como la tierra en el guardabarros, por lo tanto, ¿qué más podría aprender?

Resultó ser bastante. Una vez finalizadas nuestras presentaciones y los chistes de bienvenida, Roger Hayes repartió un cuestionario. Fallé en seis respuestas de las 15 preguntas, lo que equivale a 60 puntos. Donde crecí, un 60 correspondía a reprobar el examen. Sentí que mis orejas se enrojecían.

Afortunadamente, pensé, nadie supo que era el ignorante de la clase. No tuvimos que entregar los exámenes, que eran parte del cuaderno de ejercicios de 122 páginas. Decidí destruir el mío el día que entregarían los diplomas. Cubriríamos más de 300 puntos del texto en las dos sesiones, de cuatro horas cada una, que duraba el curso.

Las siguientes son algunas de las reglas viales que nos entregó el instructor Hayes:

Proceda según su edad. A medida que pasa el tiempo, se experimentan sutiles cambios físicos, los que se centran en  la visión, la audición y la resistencia. El problema auditivo, en particular, es una de las certezas de la vida. Constituye un claro y real riesgo para todas las edades, y rápidamente se puede combinar con una disminución de la concentración y un mayor tiempo para reaccionar, que lo pondrán en peligro. “Recuerde que los audífonos sólo pueden hacer los sonidos más fuertes, no más claros”, dijo un compañero de curso, E. B. Kitchens, un general jubilado inflexible, quien parecía poder ordenarle a sus oídos que funcionaran, pero que igualmente usaba audífonos.

Concéntrese. Usted está en su vehículo para hacer una sola cosa: conducir. No está en él para comer, beber, hacer el crucigrama del matutino o mirar a los pasajeros del asiento trasero. Resultó que Roger Hayes y yo compartíamos una antipatía hacia los teléfonos celulares. A él le disgustan por principio, porque invaden su privacidad. A mí no me gustan porque no quiero que ningún tonto distraído me choque por atrás cuando habla con el abogado de su esposa.

Concéntrese en el juego. ¿Alguna vez se ha dado cuenta de que no tiene una imagen clara de lo que acaba de ocurrir? Yo sí. ¿Y quién de nosotros no se ha visto totalmente absorto escuchando la cinta del último misterio de Sue Grafton y se ha preguntado adónde fueron a parar las últimas 50 millas? Es simple: si usted no se concentra en conducir, no reaccionará correcta ni rápidamente, cuando algún tonto lo ponga en riesgo. Si no lo ve a tiempo, no lo evitará a tiempo.

Evite problemas. Según Hayes, no ceder el paso pone a los conductores en problemas más que cualquier otra cosa. Entonces, ¿cuándo tiene uno el derecho de paso? En realidad, nunca. “Hay situaciones en las que usted debe ceder el paso, por ejemplo ante una señal de “ceda el paso”, pero no hay situaciones en las que se le deba ceder el paso a usted”, dijo.

Sea estricto a la hora de girar. Piense en las encrucijadas como zonas peligrosas. Nunca se puede ser lo suficientemente cauto cuando se ingresa, sale o se intenta girar en una. Y cuando esté esperando para girar a la izquierda, mantenga la dirección derecha, así no será lanzado contra el tráfico que viene del otro lado, si lo chocan por detrás.

Ejercite su cuello. Usted querrá tener músculos elásticos, para poder girar su cabeza y ver hacia los puntos ciegos. Los espejos son dispositivos útiles conocidos por inspirar intriga, o un rotundo desprecio en conductores de cualquier edad. Usted debe utilizar los espejos, y lo debe hacer apropiadamente. Algunos de mis colegas sostienen que es posible ajustar los espejos exteriores y el espejo interior de manera tal de eliminar los puntos ciegos. Están equivocados. “Debe girar su cabeza y mirar hacia el sector ciego antes de cambiar de carril”, dijo Hayes.

Calcule. ¿Recuerda aquella antigua regla en la clase de conducir de la escuela secundaria acerca de la distancia entre los autos, que decía que debía mantener un largo de vehículo por cada 10 millas por hora de velocidad? Funciona, pero la mayoría de la gente no puede proyectar ese cálculo con precisión, por ejemplo, cinco largos de auto sobre el pavimento por delante; entonces Hayes aconsejó una manera mejor: elija un punto que el auto de adelante haya pasado y cuente los segundos. “Si usted pasa por el mismo punto antes de contar ‘mil uno, mil dos, mil tres’, está demasiado cerca”.

Agregue un segundo cuando llueva y dos o tres con niebla o cuando el camino esté resbaladizo. “No obtendrá ninguna ventaja estando cerca del auto que va por delante suyo”, dijo Hayes.

Aprenda de sus errores. Hayes se refirió a los sustos y nos enseñó a sólo respirar profundo, luego de habernos salvado por un pelo. “Hágase preguntas. ¿Podría haber evitado la situación? ¿Debería haber reaccionado en forma diferente? ¿Hubo algo que no vi?

Tenga cuidado con los peligros ajenos al camino. La seguridad vial no se trata sólo de conducir. “Estacioné entre dos grandes camionetas en Walmart, porque el lugar estaba cerca de la entrada”, dijo Hayes, a quien le encantaba contar anécdotas propias. “Pero no pueden ver su coche cuando está bloqueado de los dos lados. Por lo tanto, cuando volví, mis tapacubos habían desaparecido”. Aconsejó buscar estacionamientos bien iluminados de noche.

Piense detenidamente. Completamos nuestro trabajo en clase con el capítulo 11 de nuestro cuaderno de ejercicios. “Lo llamamos el capítulo lúgubre”, dijo Hayes. Y lo fue. No porque sugiriera la bancarrota, sino porque trataba sobre el día en que el estado físico comienza a exigir abandonar el privilegio de conducir. No es un pensamiento alentador y tarde o temprano, nos llega a todos.

Nuestra última actividad, antes de que entregaran los certificados, fue volver a contestar el cuestionario original. Saqué 100 y ya no se me enrojecieron las orejas. Y creo que he tomado distancia del capítulo 11. Le sugiero que haga lo mismo.

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William Jeanes es ex jefe de redacción de la revista Car and Driver. Este artículo fue publicado originalmente en el ejemplar de septiembre y octubre de 2005 en AARP The Magazine.

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