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Chile, receptor de jubilados extranjeros

La buena reputación de este país sureño lo hace un destino ideal para la jubilación.

Las tendencias demográficas que se imponen en los países desarrollados dan lugar a un aumento en el número de parejas que, tras su jubilación, buscan lugares apropiados, distintos de los de su país de origen, donde vivir esa nueva etapa de su vida. Como muchas veces esas parejas han acumulado a lo largo de su vida laboral un capital que les da cierta tranquilidad y los ingresos de sus pensiones se los permiten, están en condiciones de elegir como una opción a muy variados países, cuyos clima, geografía y tipo de vida mejor se acomoden a sus deseos -siempre y cuando esos países tengan una estabilidad financiera y política que no les resulte amenazante.
        
Pese a que la distancia entre esa nueva residencia y su último lugar de trabajo pueda significar estar más lejos de sus familias, en el mundo desarrollado es frecuente que sus vidas normalmente se desarrollaran en ciudades distintas de las de sus hijos o parientes cercanos, de modo que la diferencia causada por un cambio de país se limita al tiempo y costo del viaje de visita, variables que son crecientemente menos limitantes para un mayor número de personas.
        
Es interesante que Chile haya comenzado a figurar como un destino para ese tipo de personas, del mismo modo en que Costa Rica y Panamá ya lo habían logrado en el pasado, especialmente para ciudadanos estadounidenses. Sin duda, eso es resultado de la buena reputación de nuestro país en el hemisferio norte: crece en democracia, tiene instituciones respetadas, su sistema financiero posee la flexibilidad necesaria para resolver sus eventuales problemas administrativos y cambiarios, y su estabilidad política representa cierta seguridad para sus vidas futuras. A todo lo anterior se añaden, además de la variedad geográfica y climática que Chile ofrece, una creciente industria cultural, artística y gastronómica, y una buena conectividad de transporte, a pesar de lo excéntrico de su ubicación.
        
Desde el punto de vista económico, esta tendencia crea demanda inmobiliaria y acelera la instalación de una industria que dé también soluciones apropiadas a los chilenos de tercera edad cuyos recursos o los de sus familias les permitan aspirar a este estilo de vida. Además, esta clase de inmigración suele aportar también ciertos elementos culturales o modalidades de vida que, en general, resultan valiosos para el país receptor.
        
Estamos ante una tendencia muy bienvenida, que es fruto de la seriedad con que Chile ha venido construyendo sus instituciones en las últimas décadas.

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