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Resurgimiento triunfal en Nueva Orleans

El barrio Hollygrove resurge mejor que nunca después de la destrucción ocasionada por Katrina.

In English | Cuando el huracán Katrina hizo su paso por Nueva Orleans cinco años atrás, dejó tras de sí vecindarios devastados. Muchos no han logrado recuperarse aún. Pero para los residentes de Hollygrove, una comunidad de clase obrera situada en el extremo oeste de la ciudad, la destrucción ha resultado ser un incentivo para mejorar el terreno sobre el que se edificó sus hogares.

En agosto de 2005, el huracán abrió una brecha en el canal de la calle 17 y convirtió el barrio en un lago que en partes era poco profundo, pero que en otras superaba los 12 pies de profundidad. “El huracán nos borró por completo. Pero al mismo tiempo, supe que también era nuestra oportunidad para brillar”, dice Kevin Brown, de 49 años, director de la Trinity Christian Community (Comunidad Cristiana de Trinity), ministerio iniciado por su padre en 1967. “Supe que podíamos retornar mucho más fuertes que antes si aprovechábamos el momento”.

Y lo aprovecharon.

Hollygrove es uno de los barrios más pobres de la ciudad, pero se recuperó más rápido y con menos atención externa que los barrios Lower Ninth Ward, ampliamente publicitados. La recuperación llevará todavía mucho tiempo —las calles locales siguen surcadas por baches y bordeadas por lotes vacíos y casas abandonadas—, pero los residentes confían en que sucederá, porque han visto un cambio importante que pasa inadvertido para quienes lo visitan: los habitantes han empezado a trabajar juntos. Y gracias a un prolongado esfuerzo, y con el apoyo de una coalición de organizaciones externas, como AARP, están tomando el control de su futuro.

Aversión al delito

Para empezar, la comunidad ya no tolera el delito. En el vecindario, hubo seis asesinatos en la primera mitad del 2009 y tres en el primer semestre de este año. Uno de ellos ocurrió en junio, cuando Darrien Christmas, de 50 años, se encontraba en el lugar equivocado, en el momento equivocado en que la guerra entre cárteles de la droga volvió a golpear. Hay anuncios que marcan el lugar de la calle Edinburgh donde murió y ofrecen una recompensa por información y un número telefónico para datos anónimos.

Varias semanas después del asesinato de Christmas, Ryan Terrence y Michael White, ambos de 22 años, murieron al ser baleados desde un automóvil en movimiento, en la misma calle y a poca distancia. Terrence era sospechoso de otro caso de asesinato y se lo había acusado de traficar drogas desde una casa abandonada que quedaba cerca. La ciudad demolió la casa unos días después de su muerte, luego de meses de insistentes pedidos de los vecinos.

Respuestas de este tipo representan un cambio muy bien acogido en relación con los terribles días del 2003, año en que Joe Sherman, de 66 años, regresó a la casa donde había crecido. “En ese entonces, este era uno de los barrios más sanguinarios del país”, comenta. “Y aún tenemos graves problemas. La diferencia radica en que ahora estamos haciendo algo al respecto”.

La familia de Sherman se mudó a la calle Edinburgh en 1948, cuando él tenía cinco años. Dice que entonces era tan seguro que nunca podía salirse con la suya. Partió para asistir a la universidad, participó en el movimiento por los derechos civiles, “y desde entonces”, afirma “intento hacer que las cosas sean como deben ser”. Hay más que suficiente en este vecindario para mantenerlo ocupado durante su jubilación, y combatir el delito es apenas una parte. “La lista es larga”, sostiene. “Pero antes del huracán, no se hacía nada”.

Un modelo a seguir

El proyecto Hollygrove ha tenido tanto éxito que a cinco años de Katrina la gente lo cita como modelo nacional de organización vecinal. “AARP desea ayudar a que las localidades mejoren sus propias capacidades fortaleciendo lo que ya existe en ellas”, afirma Nancy McPherson, directora estatal de AARP Luisiana. “Hemos aprendido mucho de Hollygrove”.

A pesar de una prolongada declinación en la participación de los residentes propietarios de sus hogares, Hollygrove conserva un núcleo de “oriundos” del lugar comprometidos, como Sherman y su amigo de la infancia Earl Williams, de 55 años, que administra las finanzas de Trinity. El lote al costado de la iglesia se convirtió en lugar de reunión los días que siguieron a Katrina, con una carpa de circo, baños portátiles y cocina de campaña. Trinity manejaba cientos de voluntarios en el pico de la reconstrucción; hasta ahora, han trabajado en 1.600 hogares y sólo hay 2.700 domicilios en el vecindario. En junio del 2010, cerca de las tres cuartas partes de esos domicilios ya recibían correo en forma activa, según el Greater New Orleans Community Data Center (Centro de Datos Comunitarios de la Gran Nueva Orleans).

En los primeros meses del 2008, AARP Luisiana observó que más de 1.000 socios vivían dentro del área correspondiente al código postal que incluye Hollygrove. McPherson concertó una reunión con los residentes del lugar, pero “no queríamos imponernos”, dijo. “Queríamos cerciorarnos de que podíamos agregar valor a lo que ya estaba ocurriendo”. Los residentes le comentaron que necesitaban aprender las normas de una organización comunitaria, como, por ejemplo, cómo acordar objetivos comunes y trabajar conjuntamente con las autoridades para alcanzarlos. También necesitaban ayuda profesional, pero no podían costear abogados ni planificadores. Por lo que McPherson se asoció con Louisiana State University para implementar la Leadership Training Academy (Academia de Capacitación en Liderazgo), a fin de dictar un curso de ocho semanas para capacitar a varias decenas de residentes. “Marcó una gran diferencia”, afirma Earl Williams. “Muchos vecinos de Nueva Orleans se hallaban estancados por facciones enfrentadas. La academia nos enseñó cómo trabajar juntos. Nos dio una base sobre la cual construir”.

Aspectos básicos del trabajo en equipo

Los graduados de la academia organizaron cuatro equipos de proyecto para trabajar en cuestiones relativas a la salud, el delito, el transporte y el desarrollo económico, a partir de marzo del 2009. Cada equipo eligió un objetivo de corto plazo y uno de largo plazo; recibieron como apoyo un subsidio de $440.000 de la Harrah’s Foundation (Fundación Harrah). “Los objetivos se reforzaban unos a otros”, afirma Jason Tudor, integrante de la planta de personal de AARP que trabajó directamente con el vecindario. Por ejemplo, el objetivo de corto plazo del equipo de salud era organizar un club de caminatas en el Parque Conrad. Una vez que empezaron, descubrieron que los caminantes también ahuyentaban a los traficantes de drogas. “No se puede estar saludable si uno teme salir”, afirma Ruth Kennedy, líder del equipo, de 75 años. “La gente ya no tiene tanto miedo”.

El objetivo de largo plazo del equipo de salud era rescatar y reabrir el centro histórico de la tercera edad, que fue el único hospital privado para negros del Sur en la pasada década de los cuarenta, y centro de los activistas por los derechos civiles en los años 50 y 60 del siglo pasado. Una campaña de postales y un proyecto de historia oral ayudaron a convencer a la ciudad de suspender los planes para derrumbar el edificio. Hoy, el equipo se ha enterado de que los $1,4 millones que la Federal Emergency Management Agency (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) había asignado para reemplazar el edificio pueden destinarse a su reparación.

Los alimentos resultaron otra cuestión transversal. Hollygrove no contaba con una tienda de comestibles completa ni con un servicio de autobuses adecuado, por lo que la Community Development Corporation (CDC, Corporación de Desarrollo Comunitario) combinó el apoyo de numerosos grupos para convertir una guardería vacía en el Mercado y Granja de Hollygrove. La granja opera un club de compradores de productos alimenticios que cuenta con unos 150 suscriptores semanales, así como un jardín comunitario y programas educativos.

“Una vez que empezamos, descubrimos todo tipo de posibilidades,” explica el director del CDC Paul Baricos, de 62 años. “Por ejemplo, la granja enseña a los vecinos cómo cultivar alimento en lotes vacíos”. Pero ¿qué hará el CDC con el alimento? Están hablando de instalar una cocina comercial, donde puedan producir salsas y conservas, y venderlas.

¿Ayuda de la ciudad?

Los residentes albergan la esperanza de que el nuevo alcalde de la ciudad, Mitch Landrieu sea más receptivo a sus solicitudes, pero a la vez, años de corrupción e incompetencia en la municipalidad los han vuelto más cautos. “Nos dijeron que soñáramos a lo grande, y lo hicimos”, explica Earl Williams. “Ahora es momento de que ellos den pruebas concretas”. Y las pruebas pueden destinarse a reparar carreteras, postes de alumbrado y aceras en tanto el grupo siga presionando.

“Los vecinos de Hollygrove están concentrados en lo que quieren para su vecindario, y eso les da una gran ventaja cuando tratan con la ciudad”, comenta Susan Guidry, miembro del consejo municipal que representa el vecindario. “También son optimistas en cuanto a que pueden lograr que las cosas se hagan, lo cual es sorprendente cuando uno ve lo mucho que hay por hacer”.

En julio, Gregory Saville, consultor sobre delito y diseño urbano, encabezó una caminata por el vecindario para identificar aquellos lugares donde pequeños ajustes pueden arrojar grandes resultados. Observó algunos residentes que montaban postes de alumbrado por cuenta propia, y otros que cortaban el pasto alrededor de casas abandonadas. “Me impresionó”, dice. “Hablábamos de cómo se vería el lugar en diez años. Allí se está generando una verdadera transformación”.

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Brad Edmonson es vicepresidente de ePodunk.com, que se dedica a elaborar perfiles de ciudades de EE. UU.

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