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Las 'Donut Dollies' sirvieron a las tropas de EE.UU. en Vietnam

Estas mujeres de la Cruz Roja fueron a la guerra para levantar la moral.

Donut Dolly Barbara Crippen

© The American National Red Cross [April 1970] Photo by James Caccavo.

Barbara Crippen, una Donut Dolly de Youngsville, Pensilvania, habla con las tropas estadounidenses en Firebase Jamie, una instalación cerca de Phuoc Vinh en el entonces Vietnam del Sur, en la primavera de 1970.

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Recién salidas de la universidad a finales de la década de 1960, estas mujeres eligieron un camino inesperado, lejos de las marchas y protestas contra la guerra en EE.UU.

Se fueron a Vietnam.

Eran trabajadoras de recreación de la Cruz Roja Americana apodadas las "Donut Dollies". Nadie recuerda que repartieran donas en Vietnam ya que, como refunfuñó un sargento de comedor, "hacía demasiado calor". Pero el apodo se mantuvo, ya que las trabajadoras de la Cruz Roja sí habían distribuido donas en campañas militares anteriores, como la Segunda Guerra Mundial (en inglés).

Las solicitantes de Vietnam debían ser solteras, de 21 y 24 años, y graduadas de una universidad de cuatro años. Las Donut Dollies que están vivas ahora tienen más de 70 años, y aunque han pasado más de 50 años desde su peligrosa época en Vietnam, sus recuerdos son claros.

Durante siete años, 627 mujeres sirvieron en lo que oficialmente era el programa de Actividades Recreativas Complementarias en el Exterior de la Cruz Roja Americana (SRAO), que se disolvió en el año previo al alto el fuego en Vietnam (en inglés) en 1973.

Tenis de mesa y juego de cartas

Las mujeres supervisaban los centros de recreación y jugaban al billar, al tenis de mesa y a las cartas con las tropas. Organizaban festivales y fiestas navideñas. Algunas visitaban a los heridos en hospitales militares. Para llegar a las tropas de las zonas periféricas, las mujeres volaron a bordo de helicópteros Huey a puestos remotos en la jungla y a bases de fuego fortificadas con sacos de arena, donde se concentraba la artillería en apoyo de los combatientes de la guerra situados en la periferia.

En medio de un mar de soldados nostálgicos vestidos de verde monótono, las mujeres se destacaban por sus elegantes uniformes azul pálido: vestidos o faldas pantalón y blusas. A menudo, los miembros del servicio con los que se encontraban no habían visto a una mujer estadounidense durante muchos meses.

"Representábamos el hogar. Éramos sus madres, sus esposas o sus novias. Sus familias", dice Jeanne Christie, de 77 años, de Plymouth, Massachusetts.

¿Me quedo o me voy?

Obtuvo un título en educación artística de University of Wisconsin. Escribió a la Cruz Roja sobre trabajar en Vietnam, pero mientras tanto consiguió un trabajo como profesora de arte en Kalamazoo, Míchigan.

Después de que le ofrecieran el puesto en el extranjero, dejó América Central para volar casi 9,000 millas al sudeste asiático.

Linda Pelegrino, de 78 años, de Indian Wells, California, consideró ser agente de libertad condicional después de estudiar sociología en California State University, en Long Beach. Pero otras veinteañeras, dice, se unían al Cuerpo de Paz o recorrían Europa "con una mochila y $20", por lo que ganó la pasión por los viajes. Se convirtió en una Donut Dolly, primero en Corea en 1966 y luego en Vietnam en 1967.

El salario era mayor al del Cuerpo de Paz

Pat Rowan, de 76 años, de Austin, Texas, estudió sociología y psicología en Texas Christian University. Se debatía entre unirse al Cuerpo de Paz o a la Cruz Roja, pero se convirtió en una Donut Dolly sobre todo porque le pagaban más. El salario anual en 1968 era de $5,253, o $101 por semana, que en dólares de hoy es $40,709.

El entrenamiento en Estados Unidos duró dos semanas. Los funcionarios de la Cruz Roja “esperaban que tuviéramos mucho sentido común”, dice Rowan. “Primero, de repente estábamos en una zona de guerra. En segundo lugar, estábamos en un mundo de hombres".

Cuando Rowan, que entonces tenía 22 años, llegó por primera vez a Vietnam, no podía creer su suerte y pensó: "me pagan por jugar a las cartas todo el día".

Ella y las demás servían Kool-Aid, dirigían juegos de participación de la audiencia, ayudaban a repartir la comida en las filas o se sentaban a comer con los hombres. Pellegrino dice que cuando no estaba trabajando, ella y las otras mujeres a veces escuchaban música y tomaban tragos con pequeños grupos de oficiales y hombres alistados.

El aburrimiento antes del terror

Poco a poco las mujeres aprendieron la dicotomía de la guerra. "Horas y horas de aburrimiento" interrumpidas por momentos de "puro terror", dice Pelegrino.

Christie recuerda que los comandantes militares le pedían que visitara las unidades que habían sufrido muchas bajas. No era raro recibir una llamada diciendo: "hay una unidad que quedó parcialmente aniquilada. Necesitamos dos Donut Dollies aquí", dice.

Las mujeres sabían que esos viajes serían difíciles "pero ese era nuestro trabajo". Por lo general, las mujeres leían primero las señales no verbales para intuir de lo que querían hablar los hombres. Podías hacer que otros se abrieran preguntándoles cosas sobre, por ejemplo, su rifle.

"Nos hiciste sentir menos solos, menos abandonados, menos separados de todo lo que amamos. Nos hiciste la vida un poco más fácil, nos llevaste de regreso a casa cuando estabas con nosotros y te ganaste nuestra eterna gratitud". 

— Veterano en una carta a Jeanne Christie

La risa es una buena medicina

Como una persona no puede reír y llorar al mismo tiempo, dice Christie, "hicimos algunas cosas realmente tontas y estúpidas para hacer reír a los chicos. A veces se reían de nosotras. A veces se reían con nosotras. A veces nos reíamos de ellos. Pero era una muy buena medicina en ese momento. Nosotras fuimos un cambio de mentalidad".

Hasta la placa de identificación, "Sam", era un motivo de risa. Un día, había dejado la suya y un infante de Marina le entregó otra. A partir de entonces, su alias en Vietnam fue "Sam". 

También hubo tiempos oscuros. Rowan dijo que a una amiga cercana del programa la agrediieron sexualmente en su habitación y que el agresor fue sometido a un consejo de guerra y encarcelado en la prisión de Long Binh. Las mujeres también tuvieron que esquivar a los mirones y las proposiciones.

Tres Donut Dollies murieron en Vietnam: una por enfermedad, otra en un accidente de Jeep y otra, recién llegada en 1970, murió apuñalada en su habitación en Cu Chi, a las afueras de Saigón, actual ciudad de Ho Chi Minh.

Las dos caras de la guerra

Rowan tuvo dos períodos de servicio en Vietnam: de 1967 a 1968, cuando las tropas estadounidenses alcanzaron los 540,000 soldados, y de 1970 a 1971, en plena reducción de fuerzas. “Vi dos guerras muy diferentes”, dice. Durante el segundo período, el consumo de heroína entre las tropas estadounidenses era tan común que "había cajas de amnistía (para eliminar el contrabando) en muchos lugares", dice. Y el respeto por los oficiales estadounidenses de alto rango se había desplomado, lo que condujo a "fraggings", en los que los hombres alistados usaban granadas de mano para matar a oficiales impopulares.

En medio de tanta tragedia y confusión, Rowan dice que sus experiencias estuvieron a la altura de lo que prometía el folleto de reclutamiento de la Cruz Roja: el mejor año de tu vida. O en su caso, los dos mejores años. "Nunca me sentí tan útil", dice. "Nunca me sentí tan apreciada. Nunca me divertí tanto con otras mujeres así en las estrechas relaciones que desarrollamos".

Algunas antiguas Donut Dollies parecen haber desaparecido en la bruma del tiempo, como lo cuentan las tres mujeres, pero otras de ellas son cercanas. Se unieron después de presenciar sufrimiento, perder amigos en uniforme y soportar dificultades que iban desde monzones hasta fuego de mortero. Ahora, algunas se reúnen en funerales, conmemoraciones de Vietnam y proyecciones de un documental del 2019, The Donut Dollies (en inglés).

Norm Anderson, de 45 años, escribió y dirigió la película. Muestra a su madre, Dorset Anderson, de 76 años, de Cummington, Massachusetts, y su regreso a Vietnam décadas después de ser una Donut Dolly. "Siete días a la semana durante un año entero, las Donut Dollies actuaron como terapeutas, confidentes, comediantes y versiones unipersonales de la U.S.O.", dice. "Todas comparten la valentía y un gran corazón y empatía para estar dispuestas a ir a lo desconocido e ir a una guerra".

Los veteranos continúan agradecidos

Como había una gran cantidad de tropas y una pequeña cantidad de estas civiles, algunos hombres que combatieron en la Guerra de Vietnam nunca vieron a una Donut Dolly. Otros las recuerdan y las llaman "hermanas". Algunos incluso las saludan con un saludo militar.

El trabajo era "salud y bienestar psicológicos", dice Christi. "Escuchamos muchísimo a los hombres, especialmente cuando se desahogaban".

Años más tarde, un veterano le escribió diciendo que las Donut Dollies dejaron una impresión duradera en "los hombres que tuvieron que enfrentarse al enemigo sin saber si su último momento en la tierra estaba cerca".

"Nos hiciste sentir menos solos, menos abandonados, menos separados de todo lo que amamos”, escribió. "Nos hiciste la vida un poco más fácil, nos llevaste de regreso a casa cuando estabas con nosotros y te ganaste nuestra eterna gratitud".

Katherine Skiba cubre temas de estafas y fraudes para AARP. Anteriormente, fue periodista con el Chicago TribuneU.S. News & World Report y el Milwaukee Journal Sentinel. Recibió la Beca Nieman de Harvard University y es la autora del libro Sister in the Band of Brothers: Embedded with the 101st Airborne in Iraq.