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¿Debe preocuparse por las infecciones de transmisión sexual?

Existe un riesgo, especialmente para los solteros mayores.

In English | ¿Deben preocuparle las infecciones de transmisión sexual?

Si es así, ¿el uso de condones puede evitar la propagación de éstas?

Al parecer, la mayoría de las personas mayores de 45 años dicen “No” a ambas preguntas.

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Preservativos multicolores - Protección contra las enfermedades de transmisión sexual para la gente mayor de 45 años

Foto: Istockphoto

Han aumentado las infecciones de transmisión sexual entre los solteros mayores, y ha disminuido el uso del condón.

Cuando AARP realizó un sondeo entre solteros de 45 años o más en el 2009, por ejemplo, solo 1 de cada 5 indicó que usaba condones cada vez que tenía relaciones sexuales. El desglose de los números de acuerdo al género fue contundente: el 32 % de las mujeres y el 12 % de los hombres. Eso significa que la mayoría de los solteros mayores de 45 años creen que no corren un riesgo  de contraer sífilis, gonorrea, clamidia, herpes, verrugas genitales o VIH.

Y están... casi en lo cierto.

Las infecciones de transmisión sexual son más frecuentes entre los menores de 30 años. Entre las personas de 20 a 30, de cada 100.000, la sífilis infecta a 20 varones y a cuatro mujeres. Al contrario, entre los de 50 y 60 años, la sífilis infecta a cinco hombres y 0,5 mujeres. (Aun así, las infecciones de transmisión sexual prevalecen entre las personas de 45 o más años).

En comparación con los adultos jóvenes, el riesgo de contraer gonorrea o clamidia es un 95 % menor en un hombre adulto mayor, y un 99 % menor en el caso de una mujer adulta mayor.

Los adultos mayores también dejan de usar condones porque, a la hora de tener sexo, son menos proclives a practicar el coito vaginal, que es la principal vía de contagio de las infecciones de transmisión sexual.

La realidad es que, con la edad, el coito suele desaparecer del repertorio erótico de las personas. Los medicamentos para tratar la disfunción eréctil son menos efectivos de lo que se dice, mientras que los cambios menopáusicos pueden hacer incómodo—o imposible—el coito, inclusive cuando se use algún lubricante. Como resultado de ello, las parejas adultas mayores se adaptan al sexo sin coito: masajes, sexo oral y juguetes sexuales.

La gonorrea puede infectar la garganta, y el herpes suele manifestarse como úlceras en los labios. Sin embargo, la mayoría de las infecciones de transmisión sexual muy rara vez se transmiten oralmente. Entonces, es lógico, supongo, que los galantes caballeros, que hacen el amor sin coito, lleguen a la conclusión de que no necesitan condones.

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¿O sí los necesitan?

Las autoridades de salud pública insisten en que se necesitan. Como los 50 años de hoy equivalen a los 30 de antaño, los índices de las infecciones de transmisión sexual han aumentado entre los adultos mayores. Desde el 2005, su riesgo de contraer sífilis aumentó un 67 %; y el de contraer clamidia, el 40 %. No es de extrañar que los expertos en salud recomienden usar condones a cualquiera que salga con otra persona y tenga relaciones, hasta que ambos se comprometan a ser monógamos y, a través de los exámenes correspondientes, sepan que no tienen ninguna las infecciones de transmisión sexual.

A mis 63 años estoy casado y soy monógamo, pero si fuera soltero abordaría el problema de la siguiente manera: antes de meterme en la cama con mi nueva novia, trataría de salir varias veces con ella. Le preguntaría, con delicadeza pero en forma directa, sobre sus antecedentes sexuales. Obviamente, si ella ha tenido muchos amantes aumenta el riesgo de que haya contraído una de las infecciones de transmisión sexual (por tanto mayor es el riesgo para uno). También le contaría de mi pasado si he consumido drogas ilícitas, y preguntaría del pasado de ella.   

Este es el motivo: la gran mayoría de los heterosexuales infectados con VIH tienen antecedentes de consumo de drogas por vía intravenosa. Y las personas lo suficientemente imprudentes como para consumir opiáceos, cocaína o metanfetaminas  por lo general también son imprudentes en lo sexual.

La nueva novia podría mentir sobre riesgos de padecer infecciones de transmisión sexual, así que yo llevaría condones por las dudas. Y si tuviéramos relaciones sexuales, insistiría en usarlos.

Esto puede sonar poco romántico, lo sé, pero no descabellado. Se puede hacer una cita médica para que ambos se realicen los exámenes correspondientes. Muchos departamentos de salud de condados ofrecen exámenes de control gratuitos. Entonces, si ella está dispuesta y ambos obtienen resultados negativos, ¿se le ocurre alguna manera adecuada de celebrarlo?

Pero ¿qué sucede si una nueva compañera asegura que no hace falta ningún examen? Yo esperaría hasta poder corroborarlo por otras fuentes. Uno nunca sabe.

¿Y si el examen le diera positivo? Pues, si la estuvieran tratando por cualquier cosa que no fuera VIH, evitaría el coito vaginal (o usaría condones) hasta que se curara. Si tuviera VIH, debería hablar con varios médicos antes de iniciar una relación sexual con ella, si es que alguna vez llegara a tenerlo (no sería lo recomendable).

Si una nueva pareja confiesa haber tenido herpes, pregúntele sobre la última erupción. Si fue hace más de cinco años, es probable que el sistema inmune haya suprimido la infección, y usted puede sentirse tranquilo si no usa condones.

Aunque bajo, el riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual es real en los adultos mayores. Entonces, por qué no mejor aplicar la política exterior de Ronald Reagan en la cama: “Confíe, pero verifique”.

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