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La prudencia y las preocupaciones

Les preguntamos a nuestros lectores de qué manera han ayudado a sus hijos adultos con dinero o cómo se han visto arrastrados por sus problemas.

Y esto fue lo que nos dijeron...

In English | No soy un árbol de dinero

“Mis padres fueron criados durante la Depresión, así que no teníamos mucho y aprendí el valor del dinero. Les he inculcado a mis hijos el hecho de que hay que trabajar para ganarse el dinero propio. (Les cuento las anécdotas de mi lucha para ganar mi dinero, y cómo trabajé doble turno para llegar a tener mi primera casa).

Las cosas no han sido sencillas para ellos, con un divorcio y tener que mudarse a otro estado, pero están aprendiendo. Sé que suena duro, pero no soy un árbol de dinero. Para mí es mejor ahorrar mi propio dinero, así no tendré que depender de ellos en el futuro”.

Consumida
“Durante los últimos cinco años, he ayudado de vez en cuando financieramente a mi único hijo. Ahora quiero dejar de hacerlo, pero no tiene adónde ir y perderá todo. Para mí es un discapacitado: su autoestima es tan baja que no está viviendo como debería, y está muy deprimido. Mi hermana dice que es mejor ayudarlo ahora que tener que sacarlo del basurero. El tema me tiene tan estresada, que no puedo ni comer”.

Cómo aliviar una carga
“Nuestro hijo atravesó un divorcio muy doloroso y costoso. Ellos habían acumulado una gran deuda con la tarjeta de crédito, además de préstamos escolares, préstamos para automóviles y una nueva casa.

Para ayudar a nuestro hijo con la mitad de lo que le correspondía pagar de la deuda de la tarjeta de crédito, tomamos una segunda hipoteca sobre nuestro hogar. Todos los meses nos paga, por el préstamo, un monto considerablemente menor que el que él debía pagar mensualmente por las tarjetas de crédito”.

“En el periodo de reembolso impositivo, le damos el dinero que recibimos sobre los intereses de la segunda hipoteca. Esta hipoteca tiene nuestra casa inmovilizada, pero no planeamos mudarnos. De esta manera, la deuda se cancelará en un tiempo predeterminado y no parecerá que dure para siempre”.

Herencia agotada
“En 1997, mi madre me dejó $80.000. Básicamente, lo gasté todo en enviar a mis dos hijos a la universidad y, después, en ayudarlos. Ahora, sólo me faltan nueve años para jubilarme. Me reprocho haber caído presa de la culpa que sentía y que me hizo gastar el dinero en ellos. (Mis padres me enviaron a la universidad, así que quería hacer lo mismo por ellos, a pesar de que soy madre soltera.) Fue una mala decisión. Ahora estoy muy preocupada por mi propia situación”.

La rivalidad ayuda
“Mis dos hijos tuvieron ‘emergencias’, cada una de las cuales rondó los $2.000. Les dije que no tenía dinero para ayudarlos, pero que sí tenía una tarjeta de crédito totalmente vacía que podían utilizar y, luego, realizar los pagos por internet”.

“Temí que no cumplieran, pero como cada uno de ellos podía ver los pagos que hacía el otro y los cargos, competían para ver quién cancelaba sus saldos más rápido. Ellos saben que mi informe crediticio ostenta un ‘sin pagos fuera de término’ junto a cada antiguo acreedor, y que yo insisto en mantenerlo de ese modo”.

Una delgada línea
“Mencione cualquier cosa que un padre podría llegar a hacer para ayudar a sus hijos a enfrentar una crisis financiera, y es probable que yo lo haya hecho. Mis seis hijos tienen entre 27 y 44 años, y a través de los años he sido cofirmante en compras de autos, he pagado seguros de autos y, ocasionalmente, he ayudado a pagar alquileres. Hace poco compré la casa de uno de mis hijos, que estaba por ser ejecutada, y que ahora ¡está a mi nombre! Sí, admito que con mi actitud le facilité las cosas, pero lo hice por sus cuatro hijos”.

“Quisiera agregar que no pude enviar a ninguno de mis hijos a la universidad. Ellos comenzaron a trabajar a tiempo parcial cuando cumplieron 16 años. Si no hubiera puesto el 10% de mis ingresos en un plan 401(k) y no hubiera sido bastante austero en mis propios gastos, jamás hubiera tenido los fondos necesarios para ayudarlos. Sólo un par de mis hijos han seguido mi ejemplo en lo que concierne al dinero. Ellos casi nunca me piden ayuda”.

“La gente joven necesita que se le enseñe a administrar el dinero a una edad temprana, y también que se les inculque lo importante que es ahorrar. Está bien ayudarlos en tiempos difíciles. Nosotros, lo padres, tenemos que ser cuidadosos. Existe una delgada línea entre ayudarlos y tener que cargar con sus gastos”.

Si pudiera volver atrás
“Saqué de apuros a mi hijo y a su esposa muchas veces, una y otra vez. Pensaba: ‘Esta vez, aprenderán’. Pero no fue así. Les embargaron un auto y presentaron la bancarrota.

En repetidas ocasiones, me pidieron prestados miles de dólares para ponerse al día con sus cuentas. También me pidieron varios miles de dólares para evitar que les ejecutaran la hipoteca, pero mi nuera gastó el dinero en otras cosas. Entonces, les di más dinero... pero, de todos modos, les ejecutaron la casa”.

“Si pudiera volver atrás, les daría comida y, si fuera necesario, los dejaría dormir en mi casa, en el cuarto vacío, y vestiría a mis nietos, pero nada más que eso. No les daría ni un centavo en efectivo ni pagaría una sola de sus facturas. No sé si eso hubiera resultado, pero hubiera preservado mi jubilación”.

Dar en herencia
“Tengo dos hijas. Cuando la mayor quiso comprarse un auto, le presté el dinero, pero le dije que debería devolvérmelo aportando a una cuenta 529 (cuenta de ahorros para estudios universitarios) para su hija. Hace poco, mi hija menor adoptó un segundo hijo y necesitó ayuda financiera. Hice el mismo trato con ella: que abriera una cuenta 529 para el nuevo bebé”.

Administración de crisis
“Hace unos años, a nuestra hija de 30 años le diagnosticaron un tumor en la glándula pituitaria. Cuando ya no pudo seguir trabajando, renunció a su empleo, pero no mantuvo el seguro médico. Acumuló más de $20.000 en facturas y no podía mantenerse debido a los efectos colaterales de la medicación, de modo que volvió a casa. Para ayudarla, volví a trabajar por dos años, para pagar sus deudas”.

“Ahora, ya está en condiciones de volver a trabajar, pero todavía no tiene un seguro médico. Nos preocupa muchísimo la posibilidad de que tenga un accidente o se vuelva a enfermar, así que nos ofrecimos a pagar las primas del seguro. Pero le dijimos que si se vuelve a endeudar, tendrá que arreglárselas sola”.

Un plan definitivo
“Mi filosofía: Darles las herramientas necesarias para triunfar y, luego, dejarlos por su cuenta. Mis hijos fueron a la universidad. Lo financiamos con una combinación de préstamos para padres y estudiantes. Cuando se graduó, mi hija se sentía insegura acerca de si podría manejarse sola. Cuando aceptó un empleo en otro estado, le ofrecí algún dinero inicial para los depósitos para los servicios públicos, alquiler y comida para tres meses. Elaboramos juntos un presupuesto que implementó”.

“Le dejé en claro que la ayudaría en caso de que surgiera alguna emergencia (con el automóvil, un problema de salud, etc.), pero que debería arreglárselas por su cuenta si cometía alguna imprudencia que la endeudara. Ha resultado. No me pide dinero. Está trabajando en su Ph. D. De vez en cuando le envío algún dinero extra, pero no he vaciado ni vaciaré mi cuenta de ahorros. ¡Espero jubilarme en algún momento!”

Estoy en deuda contigo (“I-O-U”)
“Tengo 46 años y he consumido el dinero de mis padres de una manera terrible. Desde que puedo recordar, mis padres me han ayudado financieramente. Estoy segura de que, a esta altura, les debo cientos de miles de dólares. Mi padre murió en febrero del año pasado, y me enferma no haber podido, jamás, devolverle su dinero. Ellos cancelaron deudas increíbles contraídas con tarjetas de crédito. Ojalá pudiera devolverle a mi madre lo que les debo, por los años de preocupaciones que les causé, aunque, en realidad, sé que eso nunca sucederá”.

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