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Adopción internacional

Adoptar a un níño es un acontecimiento familiar.

In English | Tengo tres hermanas. Cada vez que una quedaba embarazada, preparándose para traer a uno de mis sobrinos al mundo, yo vivía el embarazo con ella, previendo el nuevo y feliz complemento a nuestra familia.

Hace unos nueve años, mi amiga Laurette y su esposo Cornelius decidieron adoptar un niño. Laurette y yo hemos sido amigas íntimas desde el primer grado, así que fue natural que compartiera el proceso con ella. Pero esta vez fue muy diferente. Fue el "embarazo" más largo y complicado que jamás he experimentado. La gestación tomó más de dos años y estuvo repleto de altibajos, congojas y alegrías, decepciones y triunfos. ¿Valió la pena? Definitivamente. Nos trajo a Catalina.

Mis amigos llevaban más de 10 años de casados cuando decidieron emprender el camino de la adopción, y ya tenían cerca de 40 años. Querían ampliar su relación amorosa para incluir a un hijo. Cornelius es alemán. Laurette es de ascendencia egipcia y armenia y trabaja en asuntos internacionales. Una adopción internacional les pareció apropiada.

Apoyé su decisión y pasé con ellos por todas las fases de expectativa. Escribí cartas de apoyo y corroboré su increíble capacidad de amar y criar un hijo adoptivo. Investigaron diversos países. Comprobaron cómo cuidaban a los niños adoptivos y cómo serían los trámites burocráticos. Hablaron con otras parejas que habían adoptado niños de otros países. Tomaron clases de español y recibieron visitas de trabajadores sociales que evaluaron su estado psicológico, su relación y la condición en que mantenían su casa. Las visitas les hacían sentir que su vida entera estaba expuesta para que la examinaran.

Llenaron páginas y páginas de documentos legales, sólo para descubrir, en muchos casos, que las reglas habían cambiado y que tendrían que empezar de nuevo. ¿Sabía que en algunos países cuando se adopta un niño hay que adoptarlo en ese país, traerlo a Estados Unidos y entonces básicamente adoptarlo de nuevo? Había tantos detalles que atender en el proceso, que todavía me parece alucinante.

Cuando son padres mayores los que adoptan, también les investigan la salud. Para añadir al complicado proceso de adopción internacional, durante varios años, Cornelius había estado luchando —con éxito— contra el cáncer. Sigue su lucha, y es un padre extraordinario. Su experiencia con el cáncer lo ha hecho, de muchas formas, mejor padre. Las lecciones que está aprendiendo sobre la vida y cómo vivirla son un verdadero don para su hija.

Cuando por fin conocieron a Catalina, en Ecuador, Laurette y Cornelius tuvieron la impresión de que la conocían de antes. Tenía 14 meses, y sintieron que su destino era estar todos juntos. La mayoría de las personas que conozco que han adoptado un hijo sienten lo mismo. De hecho, cuando conocí a Catalina, sentí que un vacío en nuestro círculo se había llenado. Sus familiares y amigos —literalmente en todo el mundo— le dieron la bienvenida con celebraciones, regalos y júbilo.

Pasaron varios años antes de que todos pudieran conocerla en persona, pero para los parientes dispersos por todo el mundo, Catalina se convirtió en un familiar de quien después que recibieron fotos, video y llamadas cuando una vez que empezó a hablar.

La adopción es un acontecimiento familiar, desde que se toma la decisión, a través del largo y difícil proceso, hasta que se acoge al niño en el seno de la familia, tanto formal como informalmente. El apoyo y la aceptación de familiares y amigos es esencial. De alguna manera, hace falta más apoyo que durante un embarazo convencional.

La adopción obliga a todos los que participan en ella a examinar a fondo sus ideas sobre la crianza de los hijos, las conexiones familiares y el sistema de apoyo que constituyen los amigos que se relacionarán con el niño.

Durante un proceso de adopción, hay que poner estas cosas por escrito. La mayoría de los familiares consanguíneos nunca hacen eso. El que va a adoptar tiene que considerar si —y cómo— su familia aceptará al niño y si lo tratará como a cualquier otro niño de la familia. La adopción hace que los abuelos, tío, primos y amigos íntimos se examinen detenidamente y determinen cuánto puden abrir el corazón.

De muchas maneras, he sentido que Catalina es un regalo aún más especial debido a todo lo que pasamos para encontrarla e introducirla al círculo de amor que sus padres crearon para ella.

Conocida por pericia respecto a asuntos familiares, Amy Goyer dirige el Grandparenting Program (Programa para Abuelos) de AARP Foundation.

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