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Soledad O'Brien

La maternidad y su visión multicultural humanizan sus historias.

In English | Hoy no es un día "para perder el control". Soledad O'Brien, la compuesta presentadora y corresponsal especial de CNN, no se encuentra en la escena de un terremoto ni de un tsunami cubriendo sus devastadores efectos. La madre de cuatro niños posa en medio de cámaras y luces en su loft de Manhattan. Está lista para una sesión de fotos.

Los mellizos de cinco años, Charlie y Jackson, la entretienen jugando al "Toc-toc, ¿quién es?". Reina la paz, si no se tiene en cuenta a Valentina, la gata que parece volar por la habitación, apenas evitando las luces de las cámaras. O'Brien, de 43 años, permanece calma, incluso cuando los niños corren por el pasillo, sacudiendo los brazos y gritando.

Cerca de ella se encuentra su amiga íntima Kim Bondy. La familia es determinante para O'Brien y su modo de informar.

"La vi transformarse en una mejor periodista después de sentirse responsable por otras personas en el planeta —comenta la ex productora de CNN, que en 2005 cubrió el Huracán Katrina con O'Brien y supo que había tenido que dejar en casa a sus mellizos de un año—. Como narradora, comenzó a ser más compasiva".

Nacida en Nueva Orleáns, Bondy encontró su propia casa destruida y a sus padres temporalmente desaparecidos después del huracán. "Estaba tan sólo tratando de mantener la cordura cuando escuché a Soledad expresar la atrocidad que todos estábamos experimentando: ´¿Cómo es posible que no se puede hacer llegar alimentos y agua para la gente en una ciudad importante de Estados Unidos?´. Ese fue el momento en que me sentí más unida a ella".

Soledad O'Brien

Melanie Dunea

No se deje engañar por la aparentemente natural capacidad de O'Brien para conectarse con audiencias diversas. Es una destreza perfeccionada a lo largo de 20 años en los noticieros televisivos, desde sus días como principiante cuando buscaba sobres de Equal para los cafés de los reporteros hasta la consumada periodista que es hoy, dicen los más allegados a ella.

Pero son aquellos momentos en los que la compostura cede a sus emociones cuando O'Brien revela un lado generalmente oculto. Aún revive emocionalmente los terremotos que devastaron Haití y Chile este año.

"Hay cientos de miles de niños que se encuentran en extrema necesidad", dice, y se le quiebra la voz cuando recuerda a un pequeñito huérfano entre sus brazos cuya mirada era la de una persona de 80 años.

El reencuentro con sus propios hijos tuvo que esperar. En el vuelo de regreso a casa y con tierra haitiana todavía en su ropa e imágenes horrendas en su mente, supo de la tragedia en Chile. Inmediatamente, O'Brien y la productora de CNN Rose Arce se embarcaron en una odisea de 48 horas sin dormir rumbo al país sudamericano.

Alimentando las cámaras con la batería de un auto, O'Brien informaba mientras la gente se amotinaba y saqueaba, y mientras los tanques se desplazaban por las calles de Concepción. "Soledad tiene una habilidad que pocos periodistas poseen para concentrarse en la historia humana y apartarse de las condiciones desafiantes que la afectan en ese momento", comenta Arce.

Pese a tales desafíos y a su evolución como periodista, sus allegados sostienen que ella sigue encarnando a la joven graduada de Harvard que hace sus propias investigaciones, rara vez rechaza una misión y siempre mantiene su sentido del humor.

"Nunca me divertí tanto haciendo televisión como con Soledad —señala el ex copresentador de CNN Miles O'Brien (no es pariente)—. Ella realmente es la persona exitosa que se ve. Asume los trabajos con el deseo de hacerlos seriamente, pero no se toma a sí misma muy en serio".

Y equilibra su vida administrándola bien, según Miles. "Ella me enseñó a ser Miles O'Brien Inc. Tiene un agudo sentido respecto de las prioridades. Me enseñó a centrarme en las cosas importantes y mantenerme al margen de las que no lo son".

Ahora, en casa, Soledad está concentrada en Charlie y Jackson. Sofia, de 9 años, y Cecilia, de 8, fueron a jugar a la casa de una amiga, y su presencia solamente se refleja en los dibujos que adornan las paredes. O'Brien les dice a los niños que hoy —y sólo hoy— pueden romper las normas de la casa y saltar sobre la mesa de la sala para una foto. Ellos lo hacen con gusto.

O'Brien es hija de inmigrantes —madre negra cubana y padre irlandés-australiano— que se instalaron en Long Island, donde ella nació. "Tengo una perspectiva diferente del resto en cuestiones de raza —expresa—. A veces, una pregunta que podría parecer ofensiva en boca de otra persona, planteada por mí surge desde un sitio de comprensión, de una lucha por la identidad".

Ella lleva esa comprensión a su trabajo, ya sea cubriendo un desastre natural o presentando un documental, como Latino in America, que fue emitido en 2009.

"Hasta que hizo ese documental, no creo que Soledad haya siquiera reparado en la pasión que siente por el destino de los latinos en este país —comenta Arce, hija de inmigrantes peruanos—. Soledad siempre se consideró miembro de la comunidad, pero no sé si es consciente de lo vital que es para los latinos, de cuánto puede realmente hacer más allá de contar sus historias".

Su plataforma de alto perfil le permite seguir relatando historias y destacando el papel de la educación, especialmente entre las minorías."Siento un pánico absoluto por la educación pública —comenta Soledad—. No se puede tener a un amplio sector de la población con problemas de educación y esperar que el país ande bien".

El hecho de que las cámaras dejen de rodar no implica que Soledad lo haga. Con su marido, un banquero especializado en inversiones, lanzó la Soledad O'Brien and Bradley Raymond Foundation para ofrecer becas a estudiantes necesitados.

Aprendió de la situación de un potencial becario mientras se filmaba el documental Black in America, en 2008. La joven madre Nya Buckley, de 20 años, estaba en dificultades.

"No tenía a nadie con quien hablar acerca de los inconvenientes que había en casa —cuenta Buckley, que espera graduarse del colegio con notas sobre la media en el otoño—. Ahora, Soledad nos ha ubicado a mi hijo y a mí en la escuela. Puedo llamarla o enviarle un correo electrónico, y contarle cualquier cosa que pase por mi mente, o, simplemente, para decir: 'Hola'".

Y eso es exactamente lo que O'Brien espera que refleje su legado. No se trata de que su nombre sea tallado en los edificios, explica, sino de servir de inspiración a los demás y ofrecerles una mano, donde sea.

Después de trabajar en Rescued, un documental sobre orfanatos de Haití, y de cubrir, más tarde, el terremoto, ella sabía cuál sería su siguiente paso.

Este verano, junto con Sofia, planea trabajar como voluntaria en un orfanato de Haití. "Es para que abra los ojos —comenta O'Brien—. Quiero que mis niños sean generosos y entiendan que estamos todos conectados."

Pero cuando nada parece estar conectado —cuando golpea la catástrofe, reina el caos y hay que olvidar el hogar y los hijos—, entonces es su turno de conseguir una ayuda.

Allí es cuando su marido, Bradley Raymond, hace su entrada. "El consejo que siempre le doy a la gente es que se consigan una pareja solidaria —dice O'Brien—. Cuando uno de los miembros de la pareja se está volviendo loco o, simplemente, se siente abrumado o saturado de trabajo, el otro no puede hacerlo. Sólo uno puede perder el control a la vez".

Y hoy no es el turno de ella.

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