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Latinos en Israel

Los beneficios que reciben y los desafíos que enfrentan los sudamericanos que se jubilan en Israel

In English | Clara Bluer luce los angostos anteojos que usaba en su Argentina natal antes de inmigrar a Israel hace cuatro años para estar cerca de sus hijos. Ahora, esta jubilada de 76 años vive en un departamento bien mantenido en Kfar Sava, un barrio suburbano al norte de Tel Aviv. Dedica tiempo a sus dos hijos, cuatro nietos y otros judíos hispanohablantes de este suburbio de clase media. Pero con un solo periódico semanal en español y un solo canal de televisión en este mismo idioma emitido desde España, dice que se le hace difícil mantenerse actualizada. “Hablo un poco de hebreo, pero necesito aprender mucho más”, dice en español. “Se hace muy difícil a esta edad”.

Mientras las personas provenientes de Sudamérica que ya llevan mucho tiempo en Israel se jubilan cómodamente mediante el sistema general de jubilaciones israelí, la experiencia  de Bluer caracteriza la vida  de los inmigrantes recientes de origen latino, así como los problemas que deben enfrentar, dice Ile Kermel Schiffman, directora de un centro local para jubilados. A diferencia de generaciones previas de inmigrantes judeo-sudamericanos, dice, a muchos les está resultando difícil aprender hebreo e integrarse al estilo de vida israelí. Como son una pequeña minoría de la sociedad políglota israelí, hay poca oferta de servicios especiales para ellos.

Los judeo-sudamericanos mayores "tratan de ser independientes, pero dependen mucho de sus familias porque necesitan ayuda con todo", dice Kermel Schiffman, quien escribió la tesis de su maestría sobre personas mayores de origen sudamericano en Israel. Las facturas llegan en hebreo, así como las notificaciones importantes del gobierno. Israel tiene un sistema de salud universal, pero son pocos los médicos y el personal de las guardias de emergencia que hablan español. "Eso puede resultar fatal", dice Kermel Schiffman.

Kermel Schiffman, gerontóloga, y un puñado de trabajadores sociales israelíes que hablan español han iniciado recientemente unos programas innovadores para proveer traducciones de cuestiones médicas y de otro tipo de emergencias, y visitan semanalmente las residencias de los mayores para saber cómo están. “Los visitamos en sus casas para asegurarnos de que les funcione la electricidad y que sus casas estén limpias”, dice Daniela Shomron, directora del Supportive Community Center (centro comunitario de apoyo) de Kfar Sava. “Tienen suficiente confianza para pedir lo que necesitan”.

Un nuevo hogar en Israel
Los judeo-sudamericanos comenzaron a llegar a Israel aun antes de la creación del estado en 1948. El Dr. Efraim Zadoff, historiador y experto en historia e inmigración judeo-sudamericana, dice que los sionistas arribaron para construir una patria para el pueblo judío y residir en ella. Otros se dirigieron a Israel para escapar de persecuciones políticas o en busca de mejores condiciones económicas.

Desde los años ´50 hasta después de los ´80, los sudamericanos emigraron a Israel principalmente desde Argentina, pero también desde Uruguay, Chile y Brasil. La mayoría eran judíos asquenazíes (oriundos de Europa central y oriental) cuyos padres habían huido de Europa a principios de siglo. Desde 1976 a 1983, dice Zadoff, los argentinos huían de la dictadura militar de ese país. Algunas personas “huyeron sin tener conexión alguna con Israel o el judaísmo”, continúa. ‘Israel era el único lugar donde encontrar refugio”. Disidentes famosos, como el periodista argentino Jacobo Timerman, por ejemplo, se ampararon en Israel, pero más tarde se marcharon. “Cuando cayó la dictadura, la mayoría volvió”, explica Zadoff. Un patrón similar se dio cuando argentinos y uruguayos se fueron de sus países por la crisis económica del 2000-01.

Pero muchos de aquellos judeo-sudamericanos que permanecieron y se integraron a la sociedad israelí dicen que sus años de vejez son mejores que los que hubiesen tenido que enfrentar en sus propios países. Alrededor de 100.000 israelíes y sus hijos son de origen latinoamericano, según el Central Bureau of Statistics (oficina central de estadísticas) de Israel. De ellos, 22.000 superan los 55 años de edad.

Una mejor jubilación
Nora Bendersky, de 60 años, camina por la vieja ciudad de Jerusalén volviendo sobre sus pasos como adolescente en su primera visita a Israel en 1967. Todavía adora los aromas y sonidos del Barrio Musulmán, donde los comercios venden exquisiteces del Medio Oriente e intrincadas alhajas de oro labradas artesanalmente.

Ella se hizo aliyah (inmigró a Israel, literalmente: ”ascendida”) en 1970 a los 20 años. Al igual que todos los judíos que ingresaban, recibió incentivos económicos; los suyos incluyeron una beca universitaria completa, un crédito hipotecario con fuerte subsidio y deducciones impositivas. Luego de obtener una maestría en educación, trabajó en la Hebrew University en Jerusalén como consejera de estudiantes extranjeros. A los 58 años, se jubiló.

”Estaba cansada de trabajar”, dice. “Quería libertad”. Y Bendersky la logró gracias al sistema de jubilación israelí. Su universidad contaba con un plan de pensión con beneficios definidos, y ahora recibe el 70 por ciento de su antiguo salario. Dentro de unos años también obtendrá los beneficios totales de una pensión de seguridad social otorgada por el gobierno.

En Israel, los hombres se pueden jubilar a los 67 años, las mujeres a los 64, y reciben todos los beneficios. Muchas instituciones y compañías todavía proveen programas de beneficios definidos, en los cuales la pensión se determina en función del tiempo de servicios y el salario. Pero, como en Estados Unidos, algunos empleadores utilizan actualmente cuentas personales de jubilación, que les cuestan menos. Los empleados de la Hebrew University de Jerusalén contratados en la última década, por ejemplo, deben inscribirse en planes tipo IRA (Individual Retirement Account – cuenta personal de jubilación), y la universidad aporta sumas iguales a las que ellos contribuyen. La pensión resultante es considerablemente menor que la del  antiguo sistema.

Israel también provee atención médica universal a todos sus ciudadanos. Un plan de seguro médico gubernamental reembolsa a los pacientes casi todos sus gastos médicos. Cuando están trabajando los ciudadanos pagan un impuesto de alrededor del 5 por ciento de sus ingresos brutos, pero cuando se jubilan, sus contribuciones al seguro médico disminuyen drásticamente.

Bendersky dice que ella y su conviviente, un profesor de matemática, “conservan el estilo de vida” que llevaban antes de jubilarse.

A través de los años, ha soñado con regresar a Argentina. ”Es una fantasía que siempre mantienes en la mente”, dice. Pero le gusta el estilo de vida en Israel y dice que está mejor de lo que estaría en Sudamérica.

Decisiones que tomar
Inmigrantes mayores y más recientes provenientes de Sudamérica deben enfrentar decisiones difíciles. Kermel Schiffman dice que muchos eran pequeños empresarios relativamente prósperos en Argentina. Tal vez no gocen de una pensión de su país de origen, y en Israel reciben una remuneración mínima del Seguro Social porque  allí carecen de antecedentes laborales.

Kermel Schiffman dice que muchos terminan con menos ingresos en Israel. Sus dificultades para aprender hebreo les hace más difícil obtener una licencia de conducir y, aun así, ”la mayoría no tiene suficiente dinero para comprar un auto”.

Es por ello que los servicios del Kfar Sava Supportive Community Center adquieren aun mayor importancia, dicen los trabajadores sociales. Los voluntarios visitan a cada uno de los aproximadamente 250 miembros hispanohablantes del centro cada semana.

El apartamento de cada miembro está dotado de un sistema de alarma. “Si usted se cae, presiona un botón para pedir una ambulancia”, explica Shomron, directora del centro. La ambulancia es gratuita y la visita de un médico a domicilio cuesta aproximadamente $7. Todos los servicios están disponibles en español.

Bluer, que es voluntaria del programa, dice: “Recibimos buenos servicios médicos y ayuda para comunicarnos con los médicos en español. Pero la gente que vive en otras partes de Israel no tiene esos servicios”.


Shomron y Kermel Schiffman esperan poder extender el programa para hispanohablantes a otras ciudades con un número significativo de personas mayores de origen latino.

A pesar de los problemas, Bluer dice que su vida es en muchos sentidos mejor en Israel que lo que sería en su país. Pero lo mejor de todo es que puede pasar los últimos años de su vida con su familia. “Mis nietos tocan instrumentos musicales y yo voy a su escuela a verlos”, dice. “No podría hacerlo si estuviese en Argentina”.

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