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Abuso en pequeñas dosis

A veces no nos damos cuenta de que nos están rompiendo el espíritu.

Mi amiga Mercedes creía que era feliz.

Y cuando su marido la mandaba a callar, o se burlaba de ella delante de amigos, o la usaba como sujeto de una broma un tanto hiriente, ella no quería admitir ante ella misma —ni ante nadie— que estaba siendo abusada sicológicamente. ¿Resultado? Poco a poco su amor propio y su espíritu estaban siendo destrozados.

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Mujer mayor mirando a la camara - Abuso ¡en dosis pequeñas!

Foto por Patrik Giardino/Getty Images

“No, no…¡por Dios, no!...eso no es abuso”, me dijo una vez cuando no pude callarme y le dije que no me sentía nada bien cuando Ernesto se burlaba de ella delante de mí y de mi marido. No sé si hice bien o no, pero porque quiero mucho a Mercedes —que no se merecía eso— le dije que debía hablar con su marido sobre estas ‘bromas-burlas’ que eran incómodas para todos los que la queríamos.

No sé si fue mi comentario, pero a las dos semanas Mercedes me citó para almorzar juntas: “Quiero darte las gracias… ¿Hablamos?”

Me confesó que “desde que estamos juntos, Ernesto tiene esa costumbre… Lo ha hecho por años. Aunque en casa no se atreve a hacerlo, delante de la gente comienza a reírse de mí, hace burlas a mi costa, me hace sentir como una ignorante y me trata con cierto desprecio…

Es un estilo sutil, porque después en casa me come a besos y es dulce y apasionado”, me contó, añadiendo: “Para él quizás es como una bromita hecha ‘con cariño’… Pero que me ha hecho sentir por mucho tiempo como si yo fuera medio tonta… una ignorante que no sabe nada de nada…Y me llama ‘gorda’ cada vez que puede y causa las risas de los demás cuando les dice que cuando me tiro en una piscina ‘sube la marea’…. Y poco a poco me he comenzado a sentir muy mal, aunque siempre le seguía la broma y aparentaba que no me importaba… Pero cuando el otro día me hiciste el comentario, me dio tanta vergüenza que fue como una llamada a la acción”.

“¿Y qué hiciste?” le pregunté. Mercedes me contestó con una sonrisa en vez de romper en un mar de lágrimas como yo esperaba.

“¡Pues lo puse en su lugar! Yo sé que Ernesto me quiere y no quiere romper nuestro hogar y nuestra familia. Por eso lo confronté, aunque me tuve que contener para no gritar o darle un par de bofetadas”, me contestó con calma. “Y le pregunté muy directamente si quería seguir, o no, casado conmigo. Y cuando se quedó sorprendido de mi pregunta y me dijo que sí, ¿que a qué venía esa pregunta? Pues le dije bien claro que tenía que cortar 100% esas burlas, esos chistecitos crueles, y que la próxima vez que se envalentonara delante de los amigos —y me usara como sujeto de críticas y comentarios desagradables— ¡no lo iba a tolerar y lo dejaría al instante!”

“Nunca he sido una mujer de carácter fuerte, pero lo que tú me dijiste me dio tanta vergüenza, de que mis amigos notaran su manera de ser hacia mí en público, que eso me llenó de valor. Después, hasta mis hermanas me aplaudieron y comentaron lo mismo que tu”.

“¿Y qué ha ocurrido?”, le pregunté fascinada por su valentía.

“¡Pues no sabes cómo ha cambiado!” me dijo, aun un poco sorprendida. “Se dio cuenta, hablamos en realidad mucho. No perdí mi fuerza; y creo que entendió que yo no estaba jugando. Y cuando noto que se olvida y va a hacer un chiste a mi costa, le digo delante de quien sea, ‘Ernesto mi amor…recuerda…’ y comprende que mis intenciones van en serio”.

Una vez más quedé encantada y recordé aquello de que ‘hablando se arreglan las cosas’.

Les comento esto —¡en estos 15 minutos de conversación que ya saben cómo me gustan!— porque el caso de Mercedes es muy común. Es un tipo de ‘maltrato light’ quizás, pero maltrato sea como sea ¡y algo inaceptable! Lo más positivo de todo es que muchas veces los hombres que lo hacen —¡aunque hay mujeres que también lo practican!— quieren de verdad a sus parejas y realmente no las quieren herir. Sin embargo, por inseguridad o por pequeños resentimientos y cosas sin resolver en la pareja, usan esa forma de expresarse hacia ellas. 

El lado positivo es que estos casos pueden resolverse hablando, y lo que hizo mi amiga fue lo ideal. Pero si el maltrato continúa, es necesaria la ayuda urgente de un consejero matrimonial o de un grupo de terapia de parejas, que muchas veces existen incluso en centros comunitarios y no cuestan nada.  

Nadie debe dejarse maltratar con burlas o chistes estúpidos. ¡Nadie tiene derecho a erosionar poco a poco nuestro amor propio y dañarnos de esa manera tan cobarde! El hablar claro —¡bien claro!— en muchas ocasiones es la solución a tiempo porque muchos hombres no se imaginan que esa esposa de tantos años, o esa pareja que está ‘loca por ellos’ se atreverá a confrontarlos seriamente. ¡Y lo mismo aplica a esas mujeres que adoran criticar y burlarse de sus parejas delante de la gente!

No hay que romper un matrimonio o una relación sin darle a nuestra pareja una razón y una oportunidad. No es este un maltrato de golpes —pero es algo que pueden resolver y aclarar para que no se siga repitiendo y así darle a la pareja una oportunidad de cambio— mientras le inyectamos una muy necesaria infusión de oxígeno y sinceridad.

Carolina Leal es periodista independiente radicada en Nueva York, especializada en temas de belleza, moda, y todo lo relacionado a aconsejar un mejor estilo de vida para la mujer moderna de cualquier edad.

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