Skip to content
 

Parejas prefieren unión libre

En el 2008 6.2 millones de parejas vivían juntas sin estar casadas.

¿Recuerda la última vez que lo invitaron a una boda? No se preocupe si fue hace mucho tiempo. Pero si, en cambio, fue recientemente puede sentirse privilegiado porque los matrimonios, al menos como se conocen hoy en día, parecieran estar llamados a ser cosa del pasado.

Las estadísticas hablan por sí­ solas: no sólo hay más personas solteras, sino que también son más las parejas que deciden vivir juntas pero sin pasar por el registro civil o el altar.

“Cada vez esta tendencia es más vista como algo normal en la sociedad”, comentó Ben Loew, investigador del Centro de Estudios del Matrimonio y la Familia en la Universidad de Denver. “La sociedad se ha individualizado mucho desde la aceptación del feminismo y de la revolución sexual que se dio en la década de los años 60 y 70”.

Según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, 96.6 millones de personas estaban solteras hasta el año pasado, de las cuales el 61% nunca se ha casado, y el resto son viudos o divorciados. En total, representan el 43% de la población del país que es mayor de edad, dos puntos porcentuales más si lo comparamos con 2005.

En el lapso de una década, la cantidad de personas  que vivían juntas pero sin estar casadas literalmente se ha duplicado. En 2009 se contaban 6.6 millones de parejas que convivían bajo el mismo techo sin ninguna relación legal o eclesiástica, frente a las 3.3 millones de parejas que había al respecto en 1999.

Por el contrario, los casamientos han aumentado a un ritmo mucho más lento. En 2009 se contaban 60.8 millones de matrimonios establecidos, apenas 6 millones más de los que había 10 años antes.

Entre quienes deciden casarse optan por hacerlo cada vez más tarde. Las mujeres llegan al matrimonio a una edad promedio de 26 años, mientras que los hombres lo hacen en la media de los 28. Sin embargo, también se observan diferencias, según las etnias a la hora de contraer nupcias.

“Las parejas anglosajonas valoran el matrimonio pero no se sienten seguras de casarse hasta estar bien establecidas y tener un buen trabajo”, explicó Wendy Manning, socióloga y codirectora del Centro Nacional para la Investigación de la Familia y el Matrimonio. “Los latinos en cambio son más tradicionales. Aunque el 60% de los hispanos ahora espera también más para casarse, anteponen los valores familiares aunque no están bien económicamente”.

Según los expertos, son varios los factores los que llevan a muchas parejas actuales a no querer casarse, entre otros la economía, si no se dispone del dinero suficiente para celebrar la fiesta. Pero además están de por medio el cambio en los valores y la forma en cómo los jóvenes ven la vida.

“Las generaciones de ahora han vivido en muchos casos con padres divorciados. Desde hace tiempo en Estados Unidos, uno de cada dos matrimonios ha terminado en divorcio y los hijos han visto el dolor que eso supone y quieren prevenir las consecuencias, aparte que cuando la pareja comienza a vivir junta se va reduciendo la motivación para casarse”, dijo Loew. “Encuentran además la facilidad de que, viviendo juntos sin casarse, pueden terminar si algo va mal evitando el dolor y los trámites del divorcio”, añadió.

Y es que casarse también implica hacerlo con las deudas o las “riquezas” de la pareja. De hecho, estar casado o soltero puede significar la diferencia en algunos casos de comprar una vivienda o de que se rechace el crédito. No por estar casado las cosas son más fáciles.

“Si estás casado y lo que quieres es comprar una vivienda con un préstamo del gobierno dando sólo el 3.5% de enganche, se tienen que contar las deudas también de la pareja aunque esta no vaya a estar incluida en el préstamo”, explicó Minerva Moreno, agente inmobiliaria. “En cambio, si estás soltero, aunque vivas con tu pareja, no se le miran las deudas y puedes incluir a alguien que tenga buen crédito”.

“La razón por la que se pide es porque cuando estás casado, la pareja es dueña de los beneficios y de las deudas por igual”, agregó.

Tal vez por cuestiones como esta muchas parejas  lo piensan dos veces antes de ponerse un anillo y lanzarse a decir el “sí­, quiero”.

Octavio Pescador, catedrático en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), recuerda que “a pesar de que no haya un vínculo matrimonial legal en la pareja, hay derechos y obligaciones que se van desarrollando con la duración de la relación”.

Pero más allá de la economía y los divorcios, ¿qué  ha hecho cambiar la modalidad con que se rige la convivencia? Desde la misma Iglesia católica se reconoce que han descendido el número de bodas celebradas y se pone el dedo en el liberalismo como una de las razones que sustentan la baja de matrimonios.

“Las parejas han entrado en una etapa en la que se piensa que todo es lo mismo, que todo se permite y se acepta, y que cada quien hace lo que piensa sin ver más allá”, apunta Juan Pérez, uno de los coordinadores en California del Encuentro Mundial del Matrimonio. “Como padres hemos dejado de enseñarles la importancia del sacramento por apegarnos en las cosas materiales. Ni siquiera ahora sabemos con quién están nuestros hijos y se les motiva a iniciarse en la sexualidad ofreciéndoles preservativos con el mensaje de hazlo, al cabo te cuidas”.

Para el padre Luke Mata, sacerdote del Opus Dei, la rama más conservadora de la Iglesia católica, se ha fallado en ofrecer la suficiente catequesis a los jóvenes, pero también reconoce que cada vez tienen un mayor “miedo al compromiso y miedo a perder la libertad”.

“Con el matrimonio pueden verse atados para siempre y eso no es entender bien el concepto de libertad”, señaló. “La gente va con una idea equivocada del matrimonio”.

“Antes, vivir juntos sin estar casados era como una violación social. El laicismo que imperó en el Siglo XIX en los países que se modernizan genera las condiciones para que hoy las instituciones civiles transformen la noción de matrimonio, sin olvidar que por el contrario hay un grupo importante de personas, los homosexuales, que están precisamente queriéndose casar para tener más derechos”, indicó Pescador.

De los 6.2 millones de parejas que en 2008 vivían juntas sin estar casadas, más de 565 mil eran del mismo sexo, según datos del Censo de Estados Unidos.

“A medida que la hegemonía cultural que tenía la Iglesia en la sociedad a través de las parroquias va cayendo con la urbanización y la marcha de las personas a las grandes ciudades, las personas han ido siendo más liberales en esas grandes urbes”, según Pescador.

Los mismos expertos no dudan en señalar que probablemente hemos entrado en una era donde “ha cambiado el sentido que se le da a la familia”, pudiendo constituirse una como tal “sin que el matrimonio tenga que ser el eje central para que se forme”.

En algunos casos, recordó Loew, “la pareja vive junta porque se han dado las circunstancias, pero sin estar enamorados inicialmente, y de esa convivencia surge la relación incluso llegando a tener hijos”.

Y es que tanto ha crecido en los Últimos años la cifra de personas que deciden no casarse que desde la década de los 80 se celebra a finales de septiembre la semana de la soltería para reconocer las contribuciones a la sociedad de quienes no están casados.

Hasta el dicho “te vas a quedar para vestir santos” parece haber quedado anclado en el pasado. Si antes uno no se casaba era porque, en la mayoría de los casos, no encontraba la pareja adecuada. En 2009, por cada 100 mujeres solteras había 88 hombres que no tenían ningún compromiso. Cuando menos queda claro que quienes no se casan no es por falta de oportunidades.

¿Qué

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.

Siguiente Artículo

Lea Esto